Blog Enjoy the Silence

El lugar perfecto para poder escuchar nuestra voz interior

Un rompecabezas

No recuerdo cuándo fue la última vez que pude completar o armar un rompecabezas. A veces pienso que, en la actualidad hemos perdido la emoción de jugar como cuando éramos niños. Yo mismo no puedo recordar con exactitud cuándo fue la última vez que pude terminar uno. Y no dejo de sentir cierto asombro, porque realmente es un pasatiempo que me gusta mucho. Creo que es algo muy entretenido, un poco desafiante, pero, sobre todo, que nos pone a trabajar nuestra imaginación de una forma muy divertida. Por momentos podría parecer que incluso nos hace perder la noción del tiempo invertido en esta tarea.

Antes de que existieran los video juegos, solíamos entretenernos con nuestra propia imaginación. Por eso me gusta pensar que nuestra mente es una gran consola de juegos, con posibilidades ilimitadas. Así lo describí en mi post titulado «Mi consola de juegos BrainStation Plus». Un rompecabezas era algo que definitivamente iba a llamar nuestra atención. No importa si era por simple curiosidad o si se trataba de un deseo natural por completar el reto. Posiblemente a muchas personas no les llamaba la atención el reto de completar un rompecabezas. Pero estoy seguro de que si sentían mucha curiosidad por ver el resultado final.

En mi caso me encuentro en el grupo de los que sí aceptamos el reto. No importa el momento, siempre tiene la misma emoción. Cuando era niño me gustaban los rompecabezas de pocas piezas obviamente. Pero conforme iba adquiriendo más práctica, me gustaba incrementar el desafío. Mentiría si digo que recuerdo cuál ha sido la mayor cantidad de piezas en un rompecabezas que he armado. Pero si puedo decir que han sido de muchas piezas. Sin embargo, aún me faltaría demasiada paciencia e imaginación para completar uno de más 50,000 piezas, como el que se dice que es el más grande del mundo. Según pude encontrar en algunas publicaciones.

Curiosamente al escribir esta publicación he sentido una gran emoción por buscar un rompecabezas de muchas piezas. Tantas piezas como sea posible como para considerarlo un gran reto o desafío. En este momento no me enfocaría en el tiempo que me tome armarlo. Sino más bien el lograr el objetivo final. Me atrae la idea de tomarlo como un pasatiempo para algunos momentos del día. Sin embargo, conociéndome, creo que al empezar a armarlo me ganarían las ganas de verme como el vencedor. En todo caso, si lo hiciera en los próximos días, trataría de disfrutarlo de una forma diferente a las anteriores. Pero como repito, esta vez quisiera disfrutar de cada espacio de tiempo disponible que tuviera mientras voy completándolo.

Sería muy divertido si imaginamos nuestra vida como un rompecabezas de miles de piezas o momentos que debemos armar para ver su significado. Por ejemplo, podríamos imaginar que tenemos el reto de armar un rompecabezas tan grande, cuyo premio final sería ver dibujado el propósito de toda una vida. Cada pieza de este rompecabezas podría ser cada uno de todos los momentos de la vida. Y no me refiero solo a momentos bonitos, sino a todos los instantes que se van guardando en nuestra memoria. Evidentemente que hablamos de un rompecabezas de proporciones infinitas. Un reto mayúsculo. Algo realmente desafiante.

Como es de esperar, un rompecabezas de ese tamaño no se podría terminar en corto tiempo. De igual manera va a requerir muchísimo tiempo invertido, bastante imaginación, mucha paciencia y dedicación. Lógicamente que, durante ese intento por ver el resultado final, podríamos tener momentos de desesperación en los que no podamos juntar ni siquiera dos piezas. O posiblemente queramos dejarlo todo inconcluso. También podríamos pensar en tirar lo poco o mucho que hayamos completado, en un momento de total frustración. Pero a pesar de eso, estoy seguro de que volveríamos a empezar una y otra vez el reto. Después de todo, eso es lo que hacemos en la vida sin darnos cuenta muchas veces.

Cuando estamos completando un rompecabezas, hay muchas piezas que llegan a nuestras manos y que no sabemos dónde van a quedar realmente. No tenemos idea ni siquiera de la posición más aproximada. Simplemente las vamos dejando aparte, para ser utilizadas posteriormente. Cuando una parte del dibujo completo empiece a descubrirse. Raramente la primera pieza que tomamos, la podemos ubicar en su posición final. De hecho, la mayoría de las veces nuestra mejor estrategia es agrupar varias piezas similares para formar segmentos y posteriormente unirlos entre sí. Hasta cierto punto nos sentimos felices cuando tenemos un pequeño grupo listo con varias piezas que han sido completadas. Son nuestras pequeñas victorias a lo largo de todo el reto.

Sin duda alguna que la vida se parece más de lo que imaginamos a un rompecabezas. De hecho, a veces utilizamos una expresión así para referirnos a momentos especialmente complicados. Es muy común que digamos que nuestra vida parece un rompecabezas cuando estamos en medio de dificultades o situaciones que no entendemos. Hasta en eso encontramos similitudes con este divertido pasatiempo.

A pesar de no haber completado un rompecabezas últimamente, la sensación más fuerte que tengo en este momento es precisamente la de esa comparación con nuestra vida. Tengo esa sensación de ver a mi alrededor muchísimas piezas (momentos) de mi rompecabezas personal, que no puedo ni siquiera agrupar. Mi estrategia de agrupar algunas piezas para descubrir algunas partes del lienzo completo se está quedando muy corta. Es como si estuviera llegando a uno de esos instantes en los que la «mejor opción», aparentemente, es dejar el rompecabezas incompleto.

¡Pero no! Este año en particular me está mostrando que el dibujo completo que debo armar es simplemente hermoso. No importan los momentos de frustración o tristeza, de enojo o decepción. Es como si tuviera la oportunidad de ver la caja de mi rompecabezas en donde se muestra la figura que se debe armar. Y simplemente, me encanta lo que veo. Me siento especialmente motivado e inspirado en lograr el objetivo final. Quiero y deseo con todo mi corazón, seguir descubriendo fragmentos y armando piezas de un rompecabezas muy especial. El de mi vida.

A mi edad puedo decir que la cantidad de piezas que ya están en su sitio son muchas. Y como repito, lo que muestran hasta el momento es algo maravilloso. Me siento feliz y orgulloso del trabajo realizado. Durante muchos instantes llegaron piezas que simplemente no sabía dónde colocar. Pero la estrategia funcionó. Solo había que dejarlas aparte por un momento, mientras las podía agrupar en pequeños segmentos. Creo que muchas de esas piezas, que parecían no tener sentido en ese momento, ahora si lo tienen. Quizás había que pasar por algunas situaciones para aprender las lecciones que la vida quería enseñarme. Ahora entiendo que cada una de esas piezas, sí era parte de mi cuadro. Solamente había que esperar el momento para poder usarlas.

Como dije en la publicación titulada «Ciclos», ya he podido celebrar más de la mitad de los ciclos anuales que podría tener presupuestada mi vida. Es como si tuviéramos un rompecabezas con un poco más de la mitad de la figura completa. Y como dije hace un momento, me gusta lo que veo. Aunque de la misma forma me intriga y me emociona lo que falta por descubrir. Puedo sentir esa emoción y motivación, por seguir descubriendo piezas para poder colocarlas en su posición final. Pero tengo muy claro que van a seguir apareciendo momentos que tendré que apartar por un instante, mientras toman su sitio.

Un día llegó a mis manos una pieza que aún ahora no logro ubicarla en el cuadro final. En algunos momentos he pensado que posiblemente llegó a mis manos antes de tiempo. Creo que me hubiera gustado más, tomarla mucho tiempo después del que apareció. Pero me gusta creer que la estrategia funciona de la misma forma. Solo hay que dejarla de lado un momento, mientras aparecen más piezas similares para formar un segmento mayor.

Cuando la vi no me gustó para nada. Pero pensándolo mejor, ¿cómo me podía haber gustado, si solo era una pieza? El problema es que lo poco que mostraba, dejaba muchas cosas a la imaginación. Y pues, mi imaginación es muy linda cuando se trata de imaginar cosas bonitas o agradables. Pero se vuelve un verdadero monstruo cuando se trata de cosas negativas. Y algo así sucedió. La pieza que se reveló me dejó en shock. Es como si el tiempo se hubiera detenido, o como si las escenas pasaran en cámara lenta frente a mis ojos. Típico momento de desconcierto cuando estamos armando un rompecabezas y no sabemos si la figura que estamos armando está de pie o de cabeza.

Pero poco a poco se van descubriendo más piezas. Y como dije antes, la similitud con la vida diaria es maravillosa, y al final no nos queda más elección que seguir viviendo cada día. Ya saben mi lema, «un día a la vez». Así de simple, así de divertido. Parece sencillo, pero cuesta mucho asimilarlo cuando de verdad hay que interiorizarlo.

Las piezas agrupadas en este momento me motivan a seguir descubriendo lo que queda del cuadro completo. Piezas que un momento quedaron de lado por situaciones extremas que no se podían sostener, ahora son parte ya del cuadro final. Algunas terminaron ocupando un lugar aparentemente irrelevante. Tanto que parecen perderse dentro de un tono de grises del cuadro final. Pero que siguen siendo parte del cuadro. Y había que encontrar su sitio.

Hay otras piezas que van formando parte de la escena principal. Son de esas piezas llenas de colores, que transmiten alegría al verlas detenidamente. Son esos instantes de la vida que le dan sentido a nuestra existencia. Como he dicho antes, son postales que quedan grabadas en la imaginación. Son como esas piezas de un rompecabezas que sí sabemos dónde quedarán, pero que aún no llega el momento de colocarlas. Esas son las piezas que guardamos celosamente para no perderlas y mantenerlas siempre a nuestro lado. Solo esperando el momento de situarlas en el lugar para el cual están destinadas.

Sé que inevitablemente van a aparecer más piezas «grises», de esas que no me gustan. Lo que he visto es algo bastante claro como para asumir que no van a aparecer más en el camino. Pero me siento feliz de haberlas encontrado. O, mejor dicho, que hubieran salido de la nada para mostrarse ante mí. Porque me están dando la maravillosa oportunidad de tomarme el tiempo necesario, para seguir armando mi rompecabezas. Paso a paso, sin ningún tipo de prisas. Viviendo cada día como lo que es, un regalo de Dios que merece la pena vivirse plenamente.

Sin esa pieza misteriosa, posiblemente no me hubiera dado cuenta de lo especial y hermoso que está por venir. Aunque aún no entienda bien el lugar que ocupará al final, si tengo claro que es una pieza fundamental y clave en mi vida. Así estoy aprendiendo a valorarla y sé que a su tiempo tendrá el valor justo y real dentro de mi rompecabezas de vida. «Hace un año» no tenía idea si quiera que algo así iba a llegar a mis manos. Ahora la guardo como una pieza especial de mi rompecabezas.

Ahora, las piezas que van saliendo van tomando su forma casi desde el momento que llegan a mis manos. No todos los días salen a la luz, pero cuando salen me alegran los días. Momentos sencillos o especiales. Instantes de la vida que alimentan el alma. Pequeñas victorias que nos motivan a seguir adelante, descubriendo lo que está más adelante. Sin prisas, simplemente dejando que todo fluya a su debido tiempo. Después de todo, esa también es una estrategia válida y real para armar un rompecabezas. Cuando nos sentimos ofuscados del momento, solo hay que dejarlo un instante, para continuar con más alegría e imaginación más adelante.

«Un día a la vez»

Anhelo de navegar, a través de la noche a las estrellas, hasta el amanecer. Donde la luna esconde sus lágrimas a lo largo de los años. «Todo a través de los años»

Deja tu comentario