Justo hoy hace un año, escribí mi primera publicación en este blog. Pero no sabía que ese primer texto se convertiría en la mejor introducción a este sitio. Recuerdo que cuando lo escribí, no sabía qué título ponerle. No sabía tampoco que el sitio tendría un nombre propio, porque empecé este lindo pasatiempo, en una plataforma genérica. En una forma de ensayos. Pero cuando estaba pensando en las siguientes publicaciones, me gustó la idea de diseñar un sitio formal. Algo que se pudiera ver como un trabajo hecho con dedicación, pasión y sentimiento al mismo tiempo. Me gustó la idea de poder ver mis recuerdos o experiencias, de una forma tal que siempre pudiera sentir la misma emoción que en el momento justo de vivirlas. O de recordar siempre el camino por el cual he pasado. Y vaya que ha sido de esa forma.
Así fue como mi primera publicación se subió al sitio final. La publicación titulada «Acerca del Blog Enjoy the Silence«, describe perfectamente mi pensamiento y sentimiento original, para iniciar este pequeño proyecto personal. Puedo decir que aquello que inició hace un año, ha valido la pena totalmente. Por supuesto que esta valoración es puramente personal. No podría ser de otra forma. Es una actividad que, con el paso del tiempo, se ha convertido en mi mejor terapia en momentos de dificultad. Así como también se ha convertido en una entretenida forma de compartir momentos de alegría y recuerdos personales. Es como un álbum de fotos, pero sin fotos, solo con imágenes en mi mente. Imágenes a las cuales nadie acceso. Imágenes que debo describir de la mejor forma posible para poder transmitir el mensaje y el sentimiento preciso.
Si tuviera la oportunidad de cambiar algo sobre este blog, definitivamente que no lo haría. Creo que cada día va fortaleciendo el propósito con el cual inició. Es por mucho, la actividad que más disfruto hacer, «aunque no me paguen nada». La famosa pregunta que me hice precisamente hace un año, luego de leer un excelente libro, y que sirvió como un impulso a todo esto. Veo ahora hacia atrás en el tiempo y me es imposible no sentir cierta nostalgia de ese momento. Es increíble como pueden cambiar tanto las situaciones a lo largo de un año. Es más, me parece increíble cómo pueden cambiar de un día para otro.
Como dije entonces, disfrutar del silencio no solo se refiere a la ausencia de sonidos. Creo hoy más que nunca, que también se refiere al momento de paz interior que podemos encontrar siempre en nuestro ser. A pesar de las circunstancias. Quizás esto último sea un poco complicado de comprender para algunas personas. Pero en mi caso, siendo una persona que disfruta de esos momentos de silencio en general, tiene mucho más significado a nivel personal. Esos momentos de silencio han sido como dosis de oxígeno que me han servido para reflexionar sobre distintas situaciones a lo largo de este año.
Si tengo que admitir que, durante muchos días, he deseado poder escribir más de lo que he hecho. El día a día puede volverse demandante, y quitarnos esos momentos de reflexión personal en todo sentido. La rutina diaria puede disfrazar «falsas prioridades», y robarnos la oportunidad de hacer actividades que realmente nos llenen como personas. Pero una de las cosas que he aprendido, es que nada vale más que la paz interior. Y créanme que es algo que me ha costado aprender. Como siempre he dicho, es más fácil decir las cosas que hacerlas. Sobre todo, cuando creemos que esa paz interior depende solamente de las relaciones que tenemos con las demás personas. Y menospreciamos el hecho que la tranquilidad interior también se puede perder en un abrir y cerrar de ojos. En un solo instante. Con una sola noticia.
La vida es tan hermosamente maravillosa, que siempre nos permite aprender algo nuevo cada día. Claro que podemos equivocarnos siendo tan imperfectos como lo somos. Y podemos equivocarnos muchas veces aun en temas que creemos estar seguros. Vamos a tomar malas decisiones, y vamos a cometer errores. Pero siempre tenemos la oportunidad de hacer mejor las cosas cada día. Y podemos disfrutar de esas pequeñas victorias que sentimos cuando «aprobamos» la lección de turno. Esas pequeñas victorias son las que nos llenan el alma con la chispa para seguir adelante a pesar de las adversidades. Victorias que podemos celebrar con los demás, o victorias que preferimos guardar únicamente para nosotros.
Hace un año, no tenía la más mínima idea de las situaciones que se iban a presentar en el futuro. Si hubiera sabido me hubiera preparado o hubiera construido algún refugio antibombas nucleares, anti-terremotos, anti-tsunamis o algo similar. Posiblemente hubiera priorizado algunas decisiones o quizás me hubiera tomado un poco más de tiempo para decidir sobre otras. Me hizo falta disfrutar más del silencio seguramente. Pero como el hubiera no existe, al final todo siguió el curso que debía seguir. Acepto y recibo cada momento vivido con gratitud, porque he aprendido de cada uno muchas cosas valiosas. De esos aprendizajes que no se obtienen en algún curso por internet o en alguna universidad. Sino de esos aprendizajes que solo la vida y el paso de los años nos pueden dar. ¡Definitivamente este año ha sido de aprendizajes!
Aunque lo mejor sería decir que este año está siendo de muchos aprendizajes. Porque las lecciones continúan, y van cambiando día con día. Pero me gusta más de esa forma. Igual y no puedo cambiarlo. Pero sinceramente me gusta. Porque en el balance general, cada lección aprendida me ha dado la oportunidad de ver con otros ojos las situaciones que la vida nos presenta.
He aprendido que nuestro entorno cercano siempre va a girar a un ritmo diferente al que cada uno de nosotros quisiera. Sin importar qué tanto amemos a las personas de ese entorno, cada una de ellas tomará sus propias decisiones que tendrán a su vez efectos en todo ese círculo. No podemos hacer nada para evitarlo porque gozamos de libre albedrío. Así que tampoco podemos sentirnos responsables por los efectos de las decisiones de otras personas. Cada uno tomará caminos diferentes en función de sus propias necesidades o tratando de cuidarse a sí mismos. Aunque esos actores sean piezas tan fundamentales en mi vida como una madre, un padre, o una hermana. Lo verdaderamente especial es que, a pesar de esos terremotos emocionales, cada uno de nosotros permanece unido por el hermoso vínculo consanguíneo y de amor que nos hace sentirnos a pesar de todo, como una familia especial.
Me queda muy claro que no estamos solos ni podemos considerarnos como seres completamente individuales. A pesar de ser parte de un círculo en el que crecí, también soy parte de otro círculo familiar que yo mismo he formado. Y existe un espacio muy lindo en donde ambos círculos coinciden y se complementan. Y llenan de alegría y magia mi vida. Es algo muy especial que he podido encontrar y disfrutar, en un momento profunda «Introspección» personal.
He podido sentir el amor de esos círculos de personas dirigido hacia mi totalmente. Algunos sin saber incluso muchos detalles de fondo que por el momento son parte de algo muy personal y privado que aún guardo solo para mí. Y los que sí conocen esos detalles me han hecho sentir como la persona más especial de sus vidas. Algo para lo cual no tengo las palabras suficientes para poder describirlo. Ni para explicar lo que siente mi corazón al recordarlo. Solo sé que soy parte de un círculo muy especial que me cuida, me protege y me ama. Es el círculo principal, o el núcleo que cohesiona mis sentimientos, mis sueños y mis anhelos como padre y como esposo. Estoy seguro de que vienen cosas muy especiales por vivir para ese círculo formado por mi propia familia.
Este año me está enseñando que no importa cuánto corramos o cuánto nos detengamos, todo llega siempre al tiempo justo para cada uno. Solo basta con disfrutar de ese momento y aceptarlo tal cual es. He querido correr para adelantarme a posibles escenarios y me he topado con una pared enorme como la mayor represa del mundo. Y en otras ocasiones he querido quedarme inmóvil, y las circunstancias del momento me han levantado de una patada literalmente, para seguir adelante. Al final todo depende de cómo veamos las cosas en cada instante. Siempre hay una hermosa variedad de grises en medio del blanco y el negro.
He aprendido que tenemos ángeles alrededor de nosotros. Siempre lo he creído, pero durante estos últimos meses lo he podido comprobar de una forma que no me hubiera podido imaginar antes. No podemos ver a esos ángeles porque muchas veces se mueven de forma invisible, o sin un rostro conocido que los asocie con alguien cercano a nosotros. He recibido atenciones de tantas personas que me han ayudado en diferentes situaciones, desde las más simples hasta las más angustiantes. Ángeles que se manifiestan por medio de un consejo, o por medio de una «simple» acción que nos resuelve un aparente contratiempo antes de que nos ahoguemos en el vaso con agua.
Estoy aprendiendo a guardar recuerdos y memorias, en lugar de bienes o posesiones. Este año me está enseñando que los recuerdos y las memorias que atesoramos en nuestra mente son nuestras por completo. No son de nadie más que de nosotros. Como dije al inicio de este blog, en «Mi BrainStation» hay un espacio ilimitado para guardar lindos recuerdos. Y en esta etapa, ha sido muy especial buscar dentro de esos recuerdos porque mueven hilos sensibles dentro de mi corazón. Es como si aquellos recuerdos que parecían ser tristes ahora sirven para fortalecer o para tomar mejores decisiones. Y que aquellos que eran bonitos, parecen ser ahora aún más especiales. Como si todo fuera superlativo o filtrado con el único objetivo de obtener enseñanzas positivas para la vida.
Dije en su momento que «recordar es como volver a vivir». Un dicho muy conocido y sabio al mismo tiempo. Y con cada recuerdo nuevo o viejo que está guardado en mi mente, tengo la oportunidad de volver a vivir esos instantes. Es como una linda película sin fin, siempre con un capítulo nuevo, o con una escena por descubrir. Porque definitivamente he aprendido que esas memorias son las que nos impulsan y nos animan a seguir en momentos de tristezas o cuando nos sentimos desconcertados por alguna razón.
Este año de publicaciones me ha servido para poner en perspectiva muchos sentimientos que podemos sentir cada día. Me siento sumamente feliz de cada una de las publicaciones escritas hasta ahora. Cada una tiene su magia y son parte de momentos específicos de mi vida. Expresan sentimientos o estados de ánimo diferentes, que tuvieron una razón de ser en cada instante. Veo en retrospectiva cada post y al leerlos puedo sentir nuevamente esos sentimientos que motivaron cada uno de ellos. Algunos para compartir alguna alegría. Otros para contar parte de la historia personal que he querido compartir. Hay otros que expresan dolor, tristeza o resentimiento de alguna forma. Algunos fueron escritos con un sentimiento de libertad muy especial. Pero en general, todos se complementan como pequeños «capítulos» de una historia. De mi historia.
Como dije antes, hace un año cuando empezó este viaje, no podía imaginar cómo iban a cambiar tantas cosas a mi alrededor en tan poco tiempo. De alguna forma es como si hubiera estado en medio de algún terremoto, y aún hay escombros terminando de acomodarse nuevamente. En algunos casos el mismo movimiento provocó que muchas piezas tomaran una nueva forma o se combinaran de forma diferente. Como si hubiera sido necesario ese terremoto para poner distancia entre algunos sentimientos intensos que no era posible contener, sino a través de un alejamiento. En ese caso, si hubiera sabido que esa era la mejor solución, posiblemente me hubiera dejado llevar por la ola expansiva, en lugar de luchar contra ella.
Pero de todas las posibles enseñanzas que estoy aprendiendo en este año, hay una muy especial que cada día se va consolidando como la de mayor peso. Y podría describirla con una frase también muy conocida: «solo se vive una vez». Así como es de conocida, también es dicha a la ligera la mayoría de las veces. Sin poder dimensionar realmente todo su significado ante la vida. Creo que, si supiéramos verdaderamente el día final de nuestra vida, no diríamos esa frase solo por decirla. Estoy seguro de que la viviríamos intensamente cada día, cada minuto.
Sin embargo, mi lección más importante está siendo el hecho de comprender que no tenemos todo el tiempo del mundo para posponer una risa, un abrazo, un te quiero, un te amo, una lágrima o un suspiro. No tenemos el tiempo ilimitado como para dejar las cosas importantes para «después». Ese «después» puede ser tan inmediato que no nos alcance para decirle a las personas que amamos, cuán especiales son para nosotros. O puede ser tan corto que no nos alcance el tiempo para una reconciliación después de alguna pelea sin sentido. La vida puede cambiar dramáticamente en un solo parpadear, y nos puede privar de la dicha de hacer mejor las cosas en las que hemos fallado.
Hace un año posiblemente no me hubiera imaginado que una caminata, descalzo, al aire libre, sobre una preciosa grama verde resplandeciente, podría convertirse en el mejor momento en un período específico de tiempo. Seguramente hace un año ni siquiera me hubiera dado la oportunidad de disfrutar plenamente de una caminata así o no la hubiera valorado de la misma forma. Seguramente hace un año le hubiera dado más valor a la cantidad de tiempo que a la calidad de un sentimiento genuino y sincero.
Pero todo lo que sucede en la vida, pasa por un propósito que a veces parece misterioso o escondido. No tengo pruebas, pero tampoco dudas al respecto. Sé que, aunque no comprendamos todo lo que pasa en cada momento, si realmente disfrutamos del silencio, podemos descubrir cada lección y cada mensaje. Quiero disfrutar de ese silencio cada vez que pueda. Y deseo compartir ese mismo silencio con las personas que me aman. Para de alguna forma, aunque sea ínfima, poder retribuir todo el amor recibido de cada uno.
Pero ahora al cerrar este año, brindo con una saludable taza de té (porque hay que celebrar de forma saludable) por todos esos momentos que la vida me ha permitido disfrutar hasta este día. Quiero brindar por la vida. Porque es hermosa y vale la pena vivirla plenamente, con paz interior y en armonía con los que nos rodean. Doy gracias por cada momento de alegría y felicidad durante este año. Brindo por esas noticias que hubiera deseado no recibir. Porque me están dando la oportunidad de valorar los detalles pequeños de cada día, por sobre los planes a largo plazo. Deseo brindar por un futuro lleno de optimismo y realismo en la medida justa de cada uno. Para no perder el camino de mi «Nueva ruta«, ni despegar los pies de la tierra. Brindo por la oportunidad de poder vivir «un día a la vez».
«Todo lo que siempre quise, todo lo que siempre necesité, está aquí en mis brazos»
