El primer juego de estrategia que aprendí a jugar fue el de Tres en línea. Conocido también como «X-0». Ya hace varios años, por cierto. Siempre fue un juego bastante sencillo de aprender, muy divertido, bastante práctico, pero que siempre requiere de cierta dosis de imaginación para ganar. Cuando era niño podíamos jugar varias partidas de este juego y definir al ganador según el que hubiera ganado más rondas. Y dependiendo del tiempo disponible, que solía ser bastante por esos años, se podían hacer hasta torneos completos entre varios jugadores. Sólo necesitábamos papel, lápiz, y como dije, imaginación. Y en cuanto eso, pues no puedo quejarme.
Una de las razones por las que me sigue gustando este juego, es porque prácticamente requiere pocos minutos para saber el resultado. Eso ayuda mucho tomando en cuenta mi poca paciencia para esperar acontecimientos futuros. Creo que es parte de la misma inercia de mi imaginación. Al menos así prefiero aceptar esa cualidad personal muy característica en mí. Es mi forma de verle el lado positivo.
El hecho de que este juego se base en el número tres me parece bastante gracioso o interesante. Es como si la persona que lo hubiera inventado quisiera decirnos algo especial. Se podría pensar en una cantidad equilibrada de alguna forma. Es decir, uno a un lado, otro al otro lado, y uno al centro. Algo así es como lo imagino, como una especie de «balanza» representada en un solo número. Y como decía antes, formar los Tres en línea, ya sean «X» o «0», requiere un poco de ingenio. La línea que se forma al final con las tres figuras es la que vale o la que dicta quien es el ganador. No importa si es línea recta vertical, horizontal o diagonal. Solo debe estar formada por tres puntos.
En un post anterior en el que hablaba sobre nuestra actitud hacia las circunstancias de la vida, les contaba un poco cómo en unos años mi vida cambió radicalmente. Al dar un paso al frente para seguir caminando en lo que sería mi nueva vida, empecé a descubrir nuevos momentos que quedarían guardados para siempre. En medio del «caos» musical que tenía que escuchar a diario cuando viajaba hacia la universidad, pude encontrar a una persona con gustos similares. Cuando digo «caos», de verdad era un «caos» total. Viajar en autobús en la época que tuve que hacerlo y estar «obligado» a escuchar solamente salsa y cumbia, durante todo el trayecto, era insoportable para mí. Ahora puedo hacerlo sin ese sentimiento, pero en ese momento, simplemente era como el recordatorio del cambio drástico que había dado mi vida en unas semanas.
Un tiempo después de empezar a desarrollar mis nuevos círculos de amigos, conocí a una persona que, sin imaginarlo, me acompañaría varios años en la vida. Tantos como hasta este día. Era «la chica que escuchaba música en inglés«. Después de una presentación bastante ridícula que unos amigos en común nos hicieron, empezamos a conversar sin tener temas de conversación. Literalmente solo nos presentaron y nos dejaron hablando. Hasta ahora no comprendo bien qué es lo que estos amigos imaginaron al dejar «conversando» a dos completos desconocidos, sin ningún tipo de plática previa o algún momento para al menos intercambiar algunas frases. El hecho es que a partir de ese día cada vez que la encontraba en la universidad donde estudiábamos, conversábamos un poco más.
Ya no solo era un saludo a una persona desconocida, sino que empezábamos a sacar temas propios sobre los cuales intercambiar ideas, y también gustos. Por eso hago referencia al tema de los gustos musicales, porque precisamente fue uno de los temas que nos hizo tener puntos en común. ¡Sinceramente éramos muy diferentes! Y, siendo aún más sinceros, ¡aún lo somos! Sobre todo, en nuestras expresiones o la forma cómo expresamos las cosas o cómo interactuamos al hablar específicamente. Yo nunca me he visto en un espejo cuando hablo con alguien más, así que no podría decir si mi autopercepción es la correcta o no. Pero si la veo a ella cada vez que hablamos. Y puedo decir que desde siempre tuve a un «Emoticon» con quien hablar.
Por supuesto que cuando nos conocimos, el término de «emoticon» estaba muy lejos de conocerse. Lo más cercano en ese momento, eran las «caritas felices» o «caritas tristes» que se hacían a mano. Pero ya cuando empezó el crecimiento tecnológico, todo tuvo sentido. Siempre tuve a mi «Emoticon» frente a mí. Sus expresiones al momento de hablar, casi que hablan por sí solas. Dependiendo del momento o de la situación así van cambiando. Pero siempre hay una «cara» que sale a relucir. Y por si fuera poco sus ojos parece que tienen vida propia también.
Comparados con mis ojos, podrían salir uno o dos pares más, de los suyos. Prefiero jugar una partida de «Tres en Línea» o «X-0», que ponerme a jugar a ver quien sostiene la mirada fija más tiempo, jugando «al serio». Es una derrota cantada, sin ninguna duda. Así que, entre sus múltiples expresiones faciales y sus ojos, todo lo que me decía, parecer efectos animados. Y las pláticas de cualquier tema que saliera, tenían su encanto especial.
Así fue como escuchamos juntos una tarde, el concierto completo de Depeche Mode «101». Yo narrando cada momento del concierto porque ya había visto el video completo, y ella haciendo sus «gestitos» mientras sus ojos seguían animando la conversación. Tarde de buena música, boquitas mezcladas con salsa de tomate y mostaza, y varias Coca-Cola para completar la cita de concierto imaginario, con una comida poco saludable, que igualmente importaba poco en ese momento. Muchos años después tendríamos la oportunidad de ver a Depeche Mode en concierto juntos, y cantar todas sus canciones.
En la época de fiestas en la ciudad había que aprovechar para volver a animar el espíritu «aventurero» con una pequeña dosis de adrenalina. Era momento de probar las atracciones mecánicas de los parques de diversiones móviles que instalaban en la plaza de la feria. Claro que no me iba a dejar intimidar por ella, y por supuesto que nos subimos a la montaña rusa instalada. Pero ¡hubiera deseado no hacerlo!
Honestamente me moría del miedo. Pero no de subirme a la montaña rusa, sino de ver cómo la habían instalado. No mentiría al decir que por lo menos unas diez reglas de seguridad habían sido desechadas completamente e ignoradas casi de forma suicida. Las bases de la montaña rusa estaban descansando sobre simples trozos de madera, que parecían más al actual juego «Jenga» pero justo al momento de quitar el último eslabón que sostiene todo.
Pero como no podía demostrar miedo ante la que ya era mi novia, tuve que subirme y aguantar de forma heroica toda la vuelta. Claro que el «Emoticon» se moría de la risa al verme. Y sus ojos también se reían de mí. Creo que sus ojos y los míos tienen una relación de amor y odio por momentos. No podía dejar que pensara que me había dado miedo. Había que intentar en otro juego mecánico. A lo mejor uno menos «inseguro» que la montaña rusa de «Destino Fatal«. Así que probamos suerte en una «Rueda de Chicago«, que se llama así por la similitud con el diseño de la famosa rueda observatorio de Chicago. ¡Fracaso total! La suerte no estaba a mi favor ese día.
La dichosa «Rueda de Chicago«, no solo resultó ser mucho más insegura que la «Montaña Rusa«, sino que, además, era activada o dirigida por un completo temerario psicópata e inconsciente operador del juego mecánico. Creo que, si hubiera sido un vehículo, fácilmente hubiera podido medir la velocidad a la que giraba, arriba de los 90 o 100 km/h. Así estuve girando en esos asientos que se movían sin parar de un lado a otro. Ni siquiera eran cubículos. Eran simples asientos de los que cualquier persona podría salir volando literalmente. Y mi «Emoticon» por supuesto, divirtiéndose de lo lindo al verme con la cara pálida y quien sabe qué expresión en mi cara. Y esos ojos grandes que parecían burlarse de mí también.
Pero tenía que seguir intentándolo. A la tercera tenía que ser la vencida. No podía fallar tres en línea de forma consecutiva. Así que era el turno de un juego mecánico que, si cumpliera con todas las normas de seguridad posibles, y que funcionara a una velocidad humanamente razonable. Y de hecho si lo encontré. Decidimos probar en un juego mecánico que se llama «El Zipper«. Al menos este si tenía cubículos cerrados, y solamente giraban sobre su propio eje con el movimiento de cada vuelta. Ahí si iba a tener el control, nada podía salir mal. Pero no contaba con la astucia de mi «Emoticon« ni de su incansable sentido de diversión que parecía causarle mi cara. Y esos ojos otra vez, burlándose de mí. Me di por vencido definitivamente. Esa noche perdí la partida más dolorosa del «Tres en línea» que he jugado.
Conforme pasaban los años las aventuras y las experiencias nos iban uniendo más. Como dije al principio, el «Emoticon» y yo por momentos podríamos parecer muy diferentes en cuanto a personalidades. Pero siempre ha habido puntos en común, gustos compartidos, y otros no tanto. El hecho es que poco a poco se iba formando un sentimiento mutuo que nos llevaría a tomar la decisión formal de establecer una familia. Es decir, nuestra familia propia. Y como dije en el post que mencionaba al principio, luego de la más «romántica» propuesta de matrimonio a bordo de un autobús, nos casamos. Después de haber superado la experiencia de aquella «Montaña Rusa«, ya estábamos listos para otro tipo de montaña rusa.
Y ha sido un recorrido muy especial. Sin lugar a dudas que han existido caídas al vacío durante algunos momentos difíciles y complicados de sobre llevar. Pero en general, la vista desde los puntos más altos de nuestra propia montaña rusa han sido mucho más gratificantes, conmovedores y especiales. Hemos tenido muchas aventuras recorridas a lo largo de esta vuelta en la vida. Quizás cada persona viaja en su propia montaña rusa a la vez. Pero es muy especial tener un «Emoticon» como compañera de esta vuelta.
Así hemos pasado por algunas separaciones familiares, algunas despedidas prematuras de seres amados, una de ellas especialmente triste, incluso antes de haberle visto su rostro; y varios sobre saltos emocionales. Pero nunca han faltado los «gestitos» y «los ojos» para darle ese toque especial a cada momento. No importa si se trata de una tristeza, un momento de enojo, o alegría. Siempre están ahí para reírse de mí. No sé porque les gusta pelearse tanto con mis ojos. Se podría considerar como bullying tomando en cuenta la desproporción en tamaño entre sus ojos y los míos. Definitivamente que es un «Emoticon» real.
Pero todas esas subidas y bajadas de este recorrido no serían igual sin haber completado el tercer punto de esta figura, para poder ganar nuestro propio «Tres en línea». Como dije al principio, parece que dos es muy poco, y que tres es el número preciso para «balancear» cualquier situación. Y nuestra mayor alegría la recibimos en forma de un lindo, hermoso y especial bebé, que de inmediato se convirtió en el balance preciso para nuestra familia. A partir de ese momento nuestro juego en la vida parecía completo. Habíamos «ganado» nuestra propia partida de «X-0″. Ahora ya seríamos tres a bordo del carrito para recorrer los rieles de la montaña rusa.
Mientras el nuevo integrante se «horneaba» dentro del «Emoticon«, los «gestitos» parecían ampliar su repertorio de expresiones. Era como si se estuviera actualizando de versión con nuevas opciones. Bueno, de hecho, si se estaba actualizando la versión «mamá» con la cual recibiría al nuevo miembro. Creo que más bien el nuevo miembro estaba preparando su propia versión de «caritas» con la cual nos alegraría y nos dejaría rendidos a sus pies desde que lo viéramos. Ahora no tengo solo uno sino dos «emoticones» que se ríen de mí. Creo que ambos planearon hacerme creer que, al nacer nuestro bebé, sería parecido a mí. Creo que se pusieron de acuerdo solo para ver mi cara de sorpresa y asombro, cuando pasaban los años y ese bebé iba heredando los hermosos ojos de la mamá. Grandes y expresivos como los del «Emoticon» original.
Somos «Tres en línea». Ahora son dos pares de ojos grandes con los que «tengo» que convivir cada día. La chica que escuchaba música en inglés se había convertido en mi amiga, mi compañera, mi esposa, y la mamá de nuestro hijo. Era el inicio de lo que sería nuestra especial y hermosa familia de tres.
