Blog Enjoy the Silence

El lugar perfecto para poder escuchar nuestra voz interior

Una cuestión de actitud

30 de diciembre de 2023. Hace 31 años, en una temporada navideña y de fin de año como el que está por terminar, sucedió un evento que cambió mi vida por completo. Ha sido uno de los momentos más tristes y traumáticos, que recuerde. Y justo un año después, como si fuera poco, otra vuelta de la vida me hizo separarme de mi madre por un largo tiempo. Definitivamente no fueron los mejores años. En ese momento no lo supe comprender, pero más adelante el tiempo se encargó de mostrarme que todo era una cuestión de actitud.

Al empezar a escribir este capítulo, solo pienso en todo el tiempo que ha pasado desde ese momento, y en todas las emociones que me produce recordarlo aún hasta el día de hoy. Es como una mezcla de nostalgia, tristeza, paz, tranquilidad, felicidad, no lo tengo muy claro. Más bien creo que depende del momento en el que lo recuerde. Quizás sea una «cuestión de actitud». Y antes de continuar, quisiera dejar bien claro que, al decirlo de esa forma, no pretendo que se entienda como algo fácil.

De hecho, es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Hablar, aconsejar o proponer algo, siempre será más fácil que llevarlo a la práctica. Nadie sabe lo que una persona siente o piensa sobre determinada situación, porque no tenemos esa habilidad humana. Solamente nosotros sabemos lo que realmente sentimos ante las vueltas que da la vida y el destino. Incluso a veces puede resultar difícil para nosotros mismos saberlo. Lo que para una persona pueda parecer sencillo, para otra puede sentirse como la experiencia más dura que se puede enfrentar. Así de diferentes y especiales somos.

En un capítulo anterior llamado «El viaje en el túnel del tiempo», les contaba un poco sobre la experiencia que un niño de seis años vivió al ser llevado de una tierra en la que se suponía que iba a crecer y desarrollarse como persona, a un lugar completamente diferente. Quizá puedan pensar que para un niño sea fácil adaptarse al entorno sin mayores complicaciones. Yo no recuerdo que así haya sido. El hecho de ser extranjeros en una tierra diferente complica un poco más las cosas de lo que suponemos.

No importa si la distancia recorrida son solo unos kilómetros o un continente. A veces las personas somos tan complicadas, que nos gusta marcar diferencias absurdas cuando no las hay, o cuando no debería haberlas. En fin, siendo niño recuerdo que ese proceso de adaptación podía ser más fácil o más difícil, dependiendo de la forma en cómo lograba integrarme o relacionarme con los demás niños a mi al rededor. Mis primeros amigos vinieron en la escuela, y mis vecinitos con los que poco a poco fuimos desarrollando lazos de amistad que recuerdo hasta el día de hoy. Casi de forma natural, con el paso de los años, las relaciones se fueron ampliando conforme me adaptaba y me sentía parte del grupo.

Al final todo era cuestión de actitud. Y ya de pronto, era parte de un grupo muy especial de amigos más allá del vecindario. La adolescencia también trajo consigo nuevos ambientes y nuevos horizontes y el cambio de la escuela primaria, hacia el colegio fue algo interesante y novedoso. Como todo proceso de adaptación también requería de una buena actitud y disposición al cambio. Pude desarrollar lazos verdaderamente especiales con mis compañeros de secundaria. Me sentía parte de un grupo especial, con el que compartía muchas cosas en común, gustos, ideales, sueños, o simplemente carcajadas sin ninguna razón. Me sentía muy bien en todo ese ambiente, y sentía que era parte de algo. A todos mis amigos y compañeros los recuerdo siempre con especial cariño y nostalgia en fechas especiales.

De pronto y sin haberlo visto venir, vino el terremoto. Mis padres nos dieron la noticia de que íbamos a regresar a nuestro país y que debíamos dejar todo atrás para volver a empezar. El aviso llegó varios meses antes de que sucediera en realidad. Pero en ese momento, no quise prestarle atención a lo que me decían, y traté de seguir con mi rutina diaria. Viviendo días felices y atesorando recuerdos de juventud. Estaba en una completa negación y no lo sabía. Viendo en retrospectiva ese momento, puedo decirles que posiblemente ese proceso de negación fue más largo de lo que me pudiera imaginar yo mismo. No pude verlo claramente, sino hasta muchos (realmente muchos) años después. Pero como repito, las cosas no se viven de forma igual para todas las personas.

Justo la noche de mi graduación del colegio, sentí la triste y dura realidad de lo que realmente pasaba. Sin poder hablar ni respirar, por las lágrimas que salían y salían, traté de dirigirme a todos mis compañeros de graduación. No recuerdo las palabras que dije realmente. Solo recuerdo haberles dicho que los iba a extrañar mucho, y vaya si fue así. Solo tengo imágenes de todas las personas que iba a dejar atrás a partir de la mañana siguiente. A mi lado, sufriendo la misma tristeza que yo sentía, estaba mi Avenger, mi mamá.

Mi papá y mi hermana ya habían regresado a nuestro nuevo hogar, y solamente mi mamá y yo quedábamos en lo que era nuestra casa. Solo esperábamos el acto de graduación y justo en la madrugada siguiente teníamos que volar nosotros también. Ya esa noche no íbamos a dormir en nuestra casa, en realidad ni ella ni yo pudimos dormir. Sin decirnos una sola palabra ambos sabíamos lo que sentíamos. Pero dormí a su lado como un niño desprotegido y sabía que al menos ella estaba ahí conmigo esa noche. Pero todo era cuestión de actitud supongo.

Era mi primera navidad fuera de mi hogar, o el que había sido mi hogar durante los años de infancia y adolescencia. Una navidad y fin de año completamente incomunicado. No existía el internet, y el único medio de comunicación que tenía a mi disposición, era el correo regular, por medio de cartas. Para cuando recibí la primera carta de mis amigos, habían pasado casi dos meses. En ese tiempo, yo ya había enviado al menos 60 cartas que seguramente apenas las iban a ir recibiendo en su destino.

Así de «on line» estábamos en esa época. ¡Dos meses de desface en la comunicación! No era algo que calmara mi ansiedad innata, o que me ayudara a salir de la depresión que estaba pasando. Fueron prácticamente dos meses encerrado en mi nuevo cuarto, simplemente esperando que el tiempo pasara. Pero seguramente solo era cuestión de actitud.

Y vaya si pasa el tiempo. La frase de que la vida continúa es tan cierta como dura, dependiendo del momento que nos toque enfrentarla. La vida debía continuar, pero como les dije anteriormente, es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Empecé a quejarme incansablemente de todo lo que me pasaba. Y gran parte de esas quejas me las repetía yo mismo, a veces sin expresarlas a nadie en particular, solo alimentando esa frustración interna en mi mente una y otra vez. Luego de algunos meses, tuve que incorporarme a nuevos grupos como el de la universidad, el panorama era bastante incierto y pues mis ánimos no andaban en su máximo nivel como para esperar algo mejor. Nuevamente era una cuestión de actitud.

Un día cuando estaba sentado en las gradas de la universidad, escuchando a mis nuevos compañeros hablar de la vida y de temas profundos como la crítica humana hacia las personas que no están cerca para que no nos escuchen lo que decimos de ellas, mi oído pareció captar la atención. Poco a poco su conversación empezó a interesarme, no porque me guste la crítica, sino porque no recuerdo haber prestado mucha atención al nuevo tipo de conversaciones que tenía a mi alrededor. Aunque siendo sinceros, pues si, también me gusta la crítica. ¡Y ese día volvía reír! Me reí tanto que me dolía el estómago. Parecía que cada cosa que dijeran me hiciera reír y quitarme la respiración, sin importar lo que fuera.

Era como si ellos se hubieran propuesto ese día hacerme reír (sin saberlo) para olvidar lo que estaba pasando. Como si me estuvieran dando la bienvenida al nuevo grupo social. Mi actitud cambió ese día, y poco a poco empecé a integrarme a ese nuevo círculo. Pero siempre existía ese recuerdo de lo que había dejado atrás y de la etapa que había quedado como un recuerdo. 

Hace unos días me pude reunir con algunos de esos nuevos amigos que me hicieron reír aquel año. Nos volvimos a reír nuevamente como niños. Así como también he podido reencontrarme con mis viejos amigos con los que ahora nos separa la distancia, y de la misma forma volvemos a reírnos de la vida y de los recuerdos que cultivamos. Si es una cuestión de actitud.

Menos de un año después del terremoto, vino el tsunami. Mis papás finalmente se separarían, y mi mamá se iba a ir lejos de nosotros por un tiempo indefinido. No era el mejor momento para tener buena actitud. Se venía otra navidad y otro fin de año subiendo una cuesta emocional, ya de por sí complicada de sobre llevar. Y nuevamente el sistema de comunicaciones de la época hacía de las suyas, así que tampoco había muchas esperanzas para poder comunicarnos con la agilidad que hubiéramos deseado con nuestra madre. La partida de ella nos terminó de cambiar la vida en muchos aspectos. Pero tuvimos la oportunidad de reencontrarnos y construir nuevas emociones, nuevos sentimientos, con una nueva actitud.

Luego de un tiempo con mi nuevo grupo social, vinieron nuevas etapas y nuevos caminos que había que transitar. En una tierra cálida, tropical y bastante alegre en cuanto a la música, hasta eso me parecía totalmente diferente a lo que había vivido. Ya no era tan fácil encontrar una radio con una programación de música en inglés o al menos música de mi gusto. Toda era salsa, merengue y cumbia. O cumbia, merengue y salsa. Aunque a veces podía variar y convertirse en merengue, cumbia y salsa. Pero en medio de ese caos musical, conocí a una persona que parecía tener gustos «normales», alguien que también le gustaba la música en inglés, y vaya sorpresa, ¡también había escuchado a Depeche Mode!

Poco a poco empezamos a compartir sobre nuestros gustos musicales, experiencias de la universidad, salidas con par de buenos amigos en común que recordamos hasta este día, y varios sueños. Uno de esos sueños fue el de formar una familia, y seguramente cultivar la estabilidad emocional desde el inicio, quizás esa estabilidad emocional que tanto me hacía falta. El sueño se convirtió en realidad, y aquella amistad con la chica que escuchaba música en inglés, se empezó a transformar en un nuevo hogar. Se empezó a formar mi propio hogar junto a ella. 

Luego de la más romántica propuesta de matrimonio a bordo de un autobús, nos casamos, y un par de años más tarde, ya no éramos solo dos a bordo de la nueva experiencia. Venía un nuevo integrante a nuestra vida, y a partir de ese momento seríamos tres. Y por circunstancias que los humanos no podemos explicar ni entender, nos quedamos como una familia de tres. Y ha sido la más bella y especial familia de tres. Todo ha sido una cuestión de actitud.

Durante muchas etapas a lo largo de los años, han venido momentos difíciles y complicados, momentos tristes y momentos muy felices. Algunos de esos momentos, los provocamos nosotros con nuestras acciones, y muchos otros vienen sin que los podamos evitar. Pero al final definitivamente, la forma de cómo los enfrentemos, depende de nuestra actitud. Y no quiero parecer irónico o sarcástico al decirlo. Les repito nuevamente que es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Y en mi caso, entender esa verdad de la vida, me ha tomado muchos años, y algunas terapias incluidas. Así que créanme, no es algo fácil. A veces, entenderlo puede tomarnos tan solo un momento, o puede ser que nunca lo lleguemos a comprender completamente.

La queja constante sobre cada cosa que nos sucede, solo nos debería de servir para escucharnos a nosotros mismos, y valorar todas las cosas que sí tenemos y que podemos disfrutar siempre.

La decisión de ser feliz no depende de nadie más. La decisión de ser felices depende únicamente de nosotros mismos. No podemos culpar a los demás de nuestra felicidad. Tampoco podemos cargar con culpas sobre la infelicidad de nadie más. Lo que si podemos hacer, es cambiar nuestra actitud hacia la vida, y las personas, sobre todo hacia las personas que amamos. Ninguno tiene el poder para ver más allá de este preciso momento. Nadie puede ver lo que vendrá más adelante, ni mucho menos evitar situaciones tristes o traumáticas. Pero a pesar de las aventuras que puedan venir, he decidido ser feliz, y he decidido ser feliz con las personas que amo.

¡Todo es cuestión de actitud! 

«No te preocupes por nada, porque todo va a estar bien»

«Puede parecer una locura lo que estoy a punto de decir. Luz del sol: ella está aquí, puedes tomar un descanso. Soy un globo aerostático que podría ir al espacio, con el aire, como si no me importara cariño, por cierto. Aquí vienen las malas noticias, hablando de esto y aquello. Bien, dame todo lo que tengas y no te contengas. Bien, probablemente debería avisarte de que simplemente, estaré bien.No te ofendas, no pierdas el tiempo, aquí está el por qué: porque soy feliz. da palmas si te sientes como una habitación sin tejado. Porque soy feliz. Da palmas si sientes que la felicidad es la verdad. Porque soy feliz. Da palmas si sabes lo que es la felicidad para ti. Porque soy feliz. Da palmas si sientes que eso es lo que quieres hacer»

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«Puede parecer una locura lo que estoy a punto de decir. Luz del sol: ella está aquí, puedes tomar un descanso. Soy un globo aerostático que podría ir al espacio, con el aire, como si no me importara cariño, por cierto. Aquí vienen las malas noticias, hablando de esto y aquello. Bien, dame todo lo que tengas y no te contengas. Bien, probablemente debería avisarte de que simplemente, estaré bien.No te ofendas, no pierdas el tiempo, aquí está el por qué: porque soy feliz. da palmas si te sientes como una habitación sin tejado. Porque soy feliz. Da palmas si sientes que la felicidad es la verdad. Porque soy feliz. Da palmas si sabes lo que es la felicidad para ti. Porque soy feliz. Da palmas si sientes que eso es lo que quieres hacer»

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Conoceme

Mi nombre es Luis Rodríguez.
Este pequeño espacio al que he llamado Enjoy the Silence, o Disfrutar del Silencio, ha nacido de una forma espontánea. Llegó casi sin pensarlo, como una idea que vino de pronto. Y de inmediato se convirtió en una forma de expresión muy personal en muchos sentidos de mi vida. Surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿qué es lo que realmente te gustaría hacer, aunque no recibieras ningún pago por hacerlo?