¿Cómo ves el vaso, medio lleno o medio vacío? Algo así me suena esa pregunta que inevitablemente genera indecisión al momento de pensar en la respuesta. Si pienso en el vaso medio vacío me queda una sensación de insatisfacción al pensar que lo pude haber tomado lleno. Pero si pienso en el vaso medio lleno, también me queda una sensación de insatisfacción. Esta vez por pensar que sería conformista al aceptar algo a medias. Parece que la respuesta no es tan simple después de todo. Es por eso que debemos tener cuidado al decidir si estamos frente a una «dulce mentira» o una «amarga verdad».
Algo similar sucede con la pregunta que daba vueltas en mi cabeza cuando empecé a leer y aprender sobre lo que narraba Pedro Grez en su libro. Como les he contado anteriormente, la primera vez que lo leí (lo he leído varias veces ya), fue como si me hubiera quitado una venda de los ojos en cuanto a lo que consideraba como una buena alimentación. De hecho, la similitud con la película «The Matrix», la hace también Pedro en su libro, porque definitivamente es algo bastante parecido. La decisión es tan simple, pero tan trascendental, que resulta imposible no poner algo de dramatismo al recordar ese momento. ¡Como si me faltara el drama!
¿Por dónde empezamos? Veamos.
Personalmente me siento más cómodo cuando tengo toda la información posible para tomar una mejor decisión. Aun así, he tomado muchas malas decisiones habiendo tenido la información necesaria para no hacerlo de la forma que lo hice. Pero sobre eso prefiero hablar en otra oportunidad. Por el momento quisiera recordarles que al igual que la mayoría de todos nosotros, yo recibí la misma educación sobre alimentación y salud.
Desde niño recuerdo que en la escuela nos enseñaban sobre los buenos hábitos alimenticios, higiene personal, la forma correcta de cepillarnos los dientes, y temas similares. Algo que siempre tuve presente en mi mente fue la indicación de que comer 3 o 5 veces al día era lo más saludable para nuestro cuerpo. Igualmente recuerdo los deliciosos desayunos antes de ir a la escuela, generalmente con un sabor dulce. Y los ricos refrigerios que solíamos tomar a media mañana, o a media tarde. Ese recuerdo lo vamos a clasificar como parte de la «dulce mentira».
También les compartí en el post «Afuera de la Matrix», que, durante casi toda mi vida, he luchado contra los altibajos del sobre peso. Siempre hemos tenido la costumbre de medir la salud con una báscula, y aceptar la cantidad que nos muestra como algo bueno o malo. Dependiendo siempre del rango en el que estemos en ese día en particular, al momento exacto del pesaje. Como si fuera lo mismo tener enfrente de nosotros, la visión de lo que podría representar 1 Kg de hierro, comparado con 1 Kg de algodón.
No hace falta pensar mucho para imaginar la cantidad de espacio que podría requerir el kg de algodón, en cuanto a volumen. Siempre hemos tenido el concepto de que la grasa que consumimos en los alimentos es la que se transforma en grasa corporal. Y que es la misma que nos hace incrementar nuestro peso, muchas veces de forma descontrolada.
Sin embargo, lo que realmente nos engorda y nos enferma, no es la grasa que consumimos, sino todo el azúcar que le metemos al cuerpo en diferentes formas. Podemos verla desde los obvios postres que tanto nos gustan, hasta las formas más inesperadas que podamos imaginar. Como en el caso de las dulces frutas. Sobre todo, aquellas tan deliciosas que se suelen cultivar en nuestras tierras tropicales. Esa parte de los recuerdos, lo vamos a clasificar como parte de la «amarga verdad»
El juego de palabras que he usado ahora (dulce mentira o amarga verdad) solo pretende que podamos abrir los ojos. Para que podamos ver claramente cuál es el verdadero problema que daña nuestro cuerpo. Ese que nos mantiene enfermos de tantas formas. ¡Y no hay otro más que el azúcar! Y no solamente lo que imaginamos como algo «dulce», sino todo aquello que hace que nuestros niveles de glucosa se eleven más allá de los rangos normales. Que, por cierto, eso de «normales» también es una verdad a medias, porque se han ido modificando a conveniencia de quien más le interesa.
Y en este juego de conveniencias, hay tres tipos de industrias que, a nivel mundial, son las que más dinero mueven. Por supuesto son las más ricas del mundo y las que en realidad lo dominan. La primera es la tecnología, que es la que nos da acceso a todo de una forma «más fácil». La que nos permite pasar entretenidos en lugar de hacer ejercicio. La que nos permite «simular» que caminamos mientras estamos sentados, y tantas cosas más que a veces no podemos ni siquiera imaginar.
La segunda es la que nos permite el consumo excesivo en todo lo que podamos imaginar. Consumos excesivos que van desde hábitos de compra y todo lo que tiene que ver con nuestras finanzas. Hasta consumos excesivos en todo lo que comemos, que es de lo que estamos hablando en esta oportunidad. Y la tercera es la industria que nos permite seguir en ese círculo dañino, «aliviando» nuestros males de forma temporal, para que sigamos consumiendo en exceso.
Visto de otra forma, hablamos de las industrias que producen bienes y servicios, incluidos por supuesto todos los alimentos; la industria que nos facilita el acceso a todos esos excesos, y la tercera la podemos nombrar tal cual, por su nombre real, la industria farmacéutica.
Solo basta hacer un pequeño ejercicio para comprender mejor lo que trato de explicar en este momento. Te has puesto a pensar que justo en este momento, leyendo este artículo, ¿tienes en tu mano el acceso inmediato a pedir cualquier menú de comida chatarra que se te pueda ocurrir? De hecho, me atrevería a decirte que no solo tienes un dispositivo sino varios al alcance. Todo haciéndonoslo más fácil y más dulce, para que podamos ordenar al instante y que nos lo sirvan justo en la puerta de la casa. No importa si hablamos de Apple, Samsung, Huawei o Xiaomi. todos son parte de la industria tecnológica a la que me refería. Lo único que cambian son los dueños (si es que son diferentes realmente).
¡Y en esos dispositivos que tienes, cuántos anuncios recibes? Estamos bombardeados de publicidad, noticias e información en general. Todo como parte de una estrategia de marketing perfectamente diseñada. Para que tengamos siempre en nuestras mentes que podemos consumir todo lo que se nos ocurra sin límites. Algoritmo le llaman ahora, a la forma en la que se diseña cada mini campaña de publicidad perfectamente personalizada a la medida de nuestros gustos. Todo esto para que no podamos diferenciar entre una dulce mentira o amarga verdad.
Y finalmente, solo pensemos en lo que representa la industria farmacéutica en el mundo. En promedio, un paquete de 100 tiras para medir la glucosa en sangre tiene un valor de unos $30, sin contar con el costo del glucómetro. Podemos asumir que una persona diabética utiliza al menos 1 tira por día para medir sus niveles de glucosa en sangre. Según la Organización Mundial para la Salud (OMS), en el mundo se tienen 422 millones de personas diagnosticadas, y aproximadamente el 30% – 40% de la población está sin diagnosticar.
Con esos datos podemos estimar que, solamente los fabricantes de tiras para medir la glucosa en sangre tienen ingresos anuales de unos 46,000 millones de dólares al año.
Eso solamente para medir la glucosa. Podemos sumar los valores en ventas de insulina, medicamentos para «aliviar» los síntomas, insumos médicos para tratar pacientes con complicaciones, rentas de hospitales y mucho más. Definitivamente para ellos es muy rentable que sigamos enfermos.
Para mí no existe una mentira tan dulce que no termine haciendo daño al final. Ni tampoco una verdad tan amarga que no nos haga felices al experimentar la libertad. Y aplica para todos los campos de nuestra vida sin lugar a dudas. Así que me gustaría que aprendiéramos juntos, sobre esas verdades que nos pueden librar de enfermedades como la diabetes. Me gustaría poder identificar si estamos frente a una «dulce mentira o amarga verdad». Y que podamos encontrar una forma de mejorar la calidad de vida en los años que Dios nos permita vivir. Algunas de esas verdades que me gustaría compartir ahora son estas:
- Lo que realmente nos enferma y hace daño es el azúcar en todas sus presentaciones y en todas sus formas prácticamente.
- Las grasas especialmente animales, son una fuente rica en energía y son indispensables para tener una buena salud. Las grasas que debemos eliminar son todas aquellas vegetales hidrogenadas, como las que normalmente se usan para cocinar y en toda la industria de comida chatarra y que provienen de procesos químicos, como por ejemplo el aceite de canola, girasol, palma, soja y similares.
- Comer muchas veces al día no es saludable, solo hace que nuestro sistema digestivo esté más ocupado procesando alimentos, en lugar de estar sanando y regenerando nuestro cuerpo.
- ¡La sal es vida, el azúcar no lo es! No debemos tenerle miedo a la sal. Lo realmente dañino como lo he explicado, es el azúcar.
- Nuestra salud no se mide en una báscula, y el peso no nos dice nada relevante por si solo. Nuestra salud es más que un número en una báscula, y necesitamos comprender mejor, todas las variables que pueden afectarla, como nuestro nivel de glucosa, los niveles de lípidos, el porcentaje de grasa corporal, la masa muscular, las horas de sueño, el estrés, la cantidad de agua que tomamos, y tantas cosas más de las cuales espero poder hablar más adelante.
Si tienes dudas con respecto a estos puntos, no te preocupes, es algo natural, y como he explicado antes, a mí también me sucedió. No es tan fácil asimilar tantas cosas diferentes a las que nos han enseñado por años, de una sola vez. Pero si hay algo que te motive a investigar por tu cuenta y descubrir por tus propios medios que estas verdades son ciertas, entonces vamos por buen camino. No hay mejor forma para salir de la oscuridad, que anhelar ver la luz y buscarla por todos los medios posibles. Podemos confiar en una dulce verdad, que al final solo sea una amarga mentira.
