Blog Enjoy the Silence

El lugar perfecto para poder escuchar nuestra voz interior

Cambio y fuera

Uno de mis géneros favoritos de películas y series de TV es el de acción. Me gustan mucho las películas con temática militar o de policías. Y podría decir que, en casi todas las películas que he visto de ese género, nunca falta la típica frase que se escucha a través de algún radio de comunicaciones: «¡cambio y fuera!». Aunque no es algo exclusivo de las películas militares o de policías. En realidad, es bastante común en todas las películas de acción, o incluso en alguna película de comedia o infantil.

Esta frase es parte de un lenguaje universal o código de comunicación reconocido en todo el mundo. No se trata solamente de una frase cinematográfica, sino de algo real, con un valor muy importante en la comunicación de todas las personas. Especialmente cuando se trata de comunicaciones que utilizan un canal unilateral para enviar el mensaje. Como es el caso de los radios de comunicación o «walkie-talkie». En donde solamente uno de los participantes en la conversación puede hablar a la vez. Sin importar la cantidad de personas que tengan acceso al canal de radio seleccionado, solamente uno puede hablar por turno. Una diferencia muy grande con respecto a las comunicaciones modernas en las que utilizamos teléfonos inteligentes o hasta videollamadas para hablar con muchas personas a la vez.

Por supuesto que ambas formas de comunicación tienen sus ventajas y desventajas. Hoy en día nos parece increíble la facilidad con la que podemos comunicarnos con cualquier persona en cualquier parte del mundo. Podemos tener reuniones virtuales a cualquier hora y a cualquier distancia. Solo necesitamos un dispositivo con micrófono y cámara, para unirnos a cualquier conversación con una cantidad casi ilimitada de personas. Sin embargo, cuando a todos los participantes se les permite hablar simultáneamente, se corre el riesgo de generar «ruido» en la conversación. Y el mensaje que se quiere enviar, puede ser distorsionado en mayor o menor medida, dependiendo de quien lo envíe o quien lo reciba. Algo así como el juego «teléfono descompuesto».

En cambio, cuando se utiliza un dispositivo de una vía para comunicarnos, la claridad del mensaje es mejor. Se tiene la oportunidad de reconfirmar varias veces, si el mensaje ha sido recibido como se supone que debe ser escuchado. Tiene cierto romanticismo este tipo de comunicación, porque de alguna forma permite que una persona diga todo lo quiere decir, sin interrupciones. Y de igual forma permite a los demás, responder completamente sin interrupciones. Y ahí es donde toma relevancia la frase «cambio y fuera». Es como poner un punto final a una conversación.

Cuando tenemos una conversación con este tipo de radios (en mi trabajo es un medio de comunicación interno indispensable), nos acostumbramos a «escuchar», «confirmar», «comprender el mensaje». Parece que esto es algo simple, pero en la comunicación siempre tenemos «ruidos» que pueden alterar el mensaje. Además, nos da la oportunidad de ordenar el flujo de la comunicación. Cuando se quiere «transferir» el turno para hablar, simplemente se dice «cambio». Y la otra persona automáticamente comprende que es su turno para poder hablar. Al terminar de dar su mensaje, esta persona puede decir de la misma forma, «cambio», y así cede la oportunidad a alguien más. Ya sea la persona que envió el mensaje previo, o alguien más que también quiera expresar algo en la conversación.

En algunos momentos se puede sentir un poco tedioso o lento el flujo de la conversación. Definitivamente no es el mejor medio para poder entablar una plática, pero como dije anteriormente, todo tiene sus ventajas y desventajas. A pesar de ser un poco lento el flujo, me quedo con la principal virtud de este medio de comunicación. Solo puede hablar una persona a la vez, y el resto debe escuchar. Hasta que se reciba el turno de hablar, o hasta que se dé por finalizada la conversación totalmente.

En estos momentos finales del año, siento cierta similitud con la frase «cambio y fuera». He pensado en una palabra para poder describir este año y creo que la mejor forma sería decir que ha sido un año «complicado». Es más, creo que sería mejor decir que ha sido bastante complicado. Cuando llegamos a los días finales de cada año, es normal que vengan pensamientos que nos hagan recordar momentos especiales que vivimos durante el período que está por finalizar. Posiblemente no todos esos momentos sean especiales por algo bueno. Muchos de esos momentos son especiales porque nos marcaron de alguna forma y nos hicieron cambiar de rumbo, de perspectiva o la forma de ver las cosas hasta entonces.

El «balance» de pensamientos de fin de año es algo que no puedo evitar cuando llegan estas fechas. No se trata de un nuevo amanecer diario en el que solo cambia la fecha o el día en el calendario. El cambio de año nos lleva a imaginar o pensar en nuevos planes o nuevas cosas. Es inevitable tener expectativas diferentes para empezar el año que está por comenzar. Es el momento ideal para encontrar ese último impulso que nos pueda faltar para iniciar un nuevo proyecto personal, o el cambio que necesitamos hacer para mejorar nuestra vida.

Este año «complicado» me deja al menos tres lecciones importantes para mi vida. La primera es que precisamente «la vida» nos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, sin imaginarlo, o sin esperarlo. Cuando estaba esperando el momento del «cambio» para poder decir algo, tuve que esperar por un largo rato para que «este año» me dijera de todo, y simplemente me tocó esperar y escuchar. No podía hacer otra cosa más que esperar a que el mensaje completo terminara, para poder hablar. El problema es que luego de escuchar el mensaje, no pude hablar. Simplemente no pude confirmar que había entendido todo. Así que, por un largo período, «este año», estuvo diciéndome, «cambio», «cambio», luego de cada mensaje que me enviaba, sin que yo pudiera responder.

La segunda lección importante que aprendí es que las personas que verdaderamente nos aman, son aquellas que están ahí a nuestro lado, cuando esos mensajes complicados de interpretar llegan. Aunque no puedan contestar a través de nuestro radio personal (porque es un radio que solo nos corresponde utilizar a nosotros), siempre están ahí ayudándonos a interpretar lo que escuchamos, y sintiendo como propio el mensaje. Sintiendo también el dolor o el amor que podamos sentir en esos momentos. Y como escribí hace unos días, me siento muy bendecido, por tener a mi lado a mis «dos amigos especiales» quienes están en todo momento atentos a los mensajes que recibo a través del radio. Siempre atentos a cada noticia para alentarme a seguir adelante. Nuevamente, ¡Sandy y Luis, los amo con todo mi corazón!

También me siento una persona muy bendecida y amada por tener a mi lado a mi familia. Mi gran familia. No por el número, sino por el amor que recibo de ellos. Especialmente de mi querida hermanita («Tan parecidos y tan diferentes»), quien también me acompaña en cada mensaje recibido a través de mi radio de comunicaciones, para ayudarme a interpretar cada significado oculto. A pesar de tener una conversación también muy «complicada» a través de su propio radio personal. Y por supuesto a mis padres, quienes, sin poder escuchar toda la conversación, por momentos logré sentir como si comprendieran lo que sucede y de la misma forma me hacen sentir como un niño amado con sus inocentes detalles.

Y la tercera lección importante, es que siempre tenemos la oportunidad de apreciar y valorar todos los momentos aparentemente ordinarios de la vida, y darle gracias a Dios por cada uno de ellos. Así como la vida nos puede cambiar de un momento a otro. De la misma forma nos presenta a cada instante, la oportunidad para ver con amor cada hermoso detalle que nos tiene preparado. Lo ordinario no significa que sea de menor valor. Al contrario, creo que en lo «ordinario» es donde encontramos las cosas más bellas que podamos imaginar.

Sentir que caminamos descalzos como niños inocentes a través de un hermoso campo verde iluminado por el sol en una mañana cualquiera es algo que no tiene nada de «ordinario». Es de las cosas más preciosas que podemos imaginar y recordar por siempre. Saber que en momentos así podemos reír o llorar por igual, es algo muy gratificante para nuestra alma. O sentir que mientras caminamos y sentimos el sol en nuestra cara, también podemos escuchar e interpretar el mensaje que llega a través de ese radio de comunicaciones. Disfrutar del silencio en ese momento y simplemente poner atención a lo que Dios quiere decirnos al oído es algo hermoso. Gracias también por esos hermosos detalles de amor durante este año.

En este año que está terminando, sentí por muchos momentos que no podía contestar a cada mensaje que recibía. Posiblemente sea por el hecho de que el mensaje era repetitivo. Era siempre lo mismo, dicho de una forma o de otra. Pero comprendo que tenía que entenderlo bien para poder contestar adecuadamente. «Este año» me decía por radio: «¿comprendiste?, cambio». Y me enviaba el mensaje nuevamente para asegurarse que lo había recibido. Y poco a poco empecé a ver con claridad, cuáles eran las verdaderas lecciones que tenía que aprender.

Así que ahora, aprovechando ese momento del último impulso que nos da imaginar el cambio de año, me siento feliz de poder contestar finalmente. Me tomó más tiempo de lo que esperaba. De hecho, me tomó hasta el fin de año para poder escribir esto con total propiedad porque verdaderamente lo siento así. Me siento espiritualmente y mentalmente fuerte, como para iniciar este nuevo año con una perspectiva diferente. Pero, sobre todo, con una forma de ver la vida diferente a la que empecé el año que está por terminar. No anhelo ni deseo cumplir objetivos escritos o medidos con números de ningún tipo. Deseo con todo corazón y mi alma, poder disfrutar de más lecciones escritas con letras de amor. Tanto para mi vida como para la de las personas que amo. No quiero ponerme objetivos. Quiero vivir, y mientras vivo, quiero disfrutar de cada momento.

Querido año 2024, comprendí el mensaje. Gracias por tenerme paciencia mientras avanzaba nuestra conversación. No hubiera podido aprender esas lecciones tan hermosas, si hubieras cortado nuestra «plática» en cualquier momento. Ahora quiero decirte algo:

«No te odio, como seguramente lo imaginaste. Pero fuiste un año lleno de desafíos, retos, cambios y mucho aprendizaje. Me enseñaste que efectivamente la vida puede cambiar en un parpadeo. Pero que, a pesar de cualquier cambio, mi salud física emocional o mental, es lo que realmente importa. Aún hay cosas que no comprendo, pero sé que, con Fe, las comprenderé más adelante, así como los propósitos de todo lo que ha sucedido. Me mostraste que no todas las preguntas requieren de una respuesta inmediata. Y que no toda pérdida o separación es algo malo. Es solo que a veces necesitamos espacio que llegue algo nuevo o renovado«.

«Me enseñaste que la quietud no es un estancamiento. Y que no siempre podemos correr. Que el silencio es donde sucede la sanación. Aprendí que incluso en momentos de incertidumbre, todavía podía crear alegría en pequeños momentos fugaces. Me hiciste valorar lo ordinario, una mañana tranquila, una palabra amable, o una caminata al aire libre. Puede ser que no entienda todo por lo que me has hecho pasar, pero confío en que más lecciones se vayan mostrando por sí solas cuando esté listo. Gracias por hacerme más abierto, por hacerme más suave, más sabio y valiente. No fuiste fácil, pero fuiste necesario»

2024, ¡Cambio y fuera!

2024, ¡Cambio y fuera! Gracias por todo lo que me has enseñado, te agradezco por mostrarme el camino. Ahora debo dejarte atrás, y continuar por esta nueva ruta. Sé que no te volveré a ver nunca más. Pero quedarás en mi memoria para siempre.

«Cierro mis ojos solo por un momento y el momento se ha ido. Todos mis sueños pasan ante mis ojos de curiosidad. Polvo en el viento, todos ellos son polvo en el viento. La misma vieja canción, solo una gota de agua en el inmenso mar. Todo lo que hacemos se desmorona hasta el suelo, pero nos rehusamos a ver. Polvo en el viento, todos somos polvo en el viento. No esperes, nada dura para siempre, solo la tierra y el cielo. El tiempo pasa, y todo tu dinero ni un minuto más habrá de comprar. Polvo en el viento, todos somos polvo en el viento»

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«Cierro mis ojos solo por un momento y el momento se ha ido. Todos mis sueños pasan ante mis ojos de curiosidad. Polvo en el viento, todos ellos son polvo en el viento. La misma vieja canción, solo una gota de agua en el inmenso mar. Todo lo que hacemos se desmorona hasta el suelo, pero nos rehusamos a ver. Polvo en el viento, todos somos polvo en el viento. No esperes, nada dura para siempre, solo la tierra y el cielo. El tiempo pasa, y todo tu dinero ni un minuto más habrá de comprar. Polvo en el viento, todos somos polvo en el viento»

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Conoceme

Mi nombre es Luis Rodríguez.
Este pequeño espacio al que he llamado Enjoy the Silence, o Disfrutar del Silencio, ha nacido de una forma espontánea. Llegó casi sin pensarlo, como una idea que vino de pronto. Y de inmediato se convirtió en una forma de expresión muy personal en muchos sentidos de mi vida. Surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿qué es lo que realmente te gustaría hacer, aunque no recibieras ningún pago por hacerlo?