En este preciso momento de mi vida quisiera hacer un viaje (o varios), y pienso qué cosas son las que definitivamente tendría que incluir en mi mochila. Porque me imagino un viaje ligero completamente, cual mochilero recorriendo el mundo sin un destino fijo. De verdad que no me importa el destino, sino más bien la forma en la que quisiera hacer el viaje.
De niño crecí viendo cierto tipo de series animadas propias de la época. Quienes se sientan contemporáneos conmigo seguramente se recordarán de muchas de esas series de TV. Pero como no quiero volverme tan atrás en el tiempo, mejor usaré un ejemplo parecido, con el mismo resultado de edad calculada mentalmente. Y para eso mejor voy a recordar una serie de TV con la que seguramente crecimos como padres, al lado de nuestros hijos. Cambia la época, pero no la edad. Porque seguramente si nuestros hijos vieron esta serie, entonces definitivamente somos muy contemporáneos de generación.
Me refiero a «Dora la Exploradora». La cancioncita de Dora fue en lo primero que pensé cuando buscaba un título para esta publicación. No estaba seguro si sería el mejor, pero no pude dejar de acordarme de la frase: «mochila, mochila, llena con todas tus cosas, todo la traigo aquí, todo lo que necesites lo traigo dentro de mí». No sé por qué las canciones más feas son las que más rápido nos aprendemos. Y esa era, es, y siempre será bastante fea. Así que lamentablemente, no creo que se me olvide nunca.
Pero regresando al asunto de la mochila, y ya con el uso de razón de un adulto (aún en construcción, por cierto), me pregunto ¿cómo le cabía tanto a esa mochila? Mi mochila normal para un viaje corto es bastante limitada porque no logro meter todo lo que creo que voy a necesitar. Y quiero dejar bien claro esa parte de lo que «creo que voy a necesitar». De hecho, me hace falta además de mi mochila de mano, una maleta de regular tamaño también. Y si el viaje incluye cambios de clima muy drásticos, posiblemente el tamaño y la cantidad de maletas también cambien.
Si de repente pensamos en llevar o traer recuerditos para regalar o para conservar, el espacio necesario va aumentando. Y de pronto pensamos en la posibilidad de poder llevar toda la «comodidad» de nuestra casa al viaje, para que no nos haga falta nada. Incluso cosas que pocas veces usamos en nuestra casa, de pronto hasta pensamos en que a lo mejor nos puedan servir en un viaje. Y por supuesto que esta necesidad varía de persona en persona. Yo me considero alguien que puede viajar «ligero» y aun así creo que me falta muchísimo para aprender realmente a hacerlo en la realidad.
Agreguemos algo más. La descripción anterior podría ser la de un viaje en avión, en donde la única incomodidad con la cantidad y el peso de las maletas es el manejo en los aeropuertos. Pero ¿qué tal si nuestro viaje es en carro, autobús, o incluso a pie? ¿Nos llevaríamos siempre semejante cantidad de equipaje? A lo mejor alguien piense que cada viaje tiene su propósito y que dependiendo de eso, se estima la cantidad de equipaje. O el medio para transportarnos, dependiendo de la distancia a recorrer o el tiempo que tengamos disponible. Y definitivamente que tendrían razón. Yo pienso exactamente lo mismo.
Solo que ahora, en este momento, pienso un poco más en ese propósito de viaje precisamente. Y pienso en mi viaje. Específicamente mi «viaje de vida» en la «Nueva ruta» que quiero recorrer. Y claro que tengo que pensar en mi mochila para ese viaje.
Hace un momento dije que me gusta viajar «ligero» de equipaje. Así que quiero mantenerme en esa línea. Y si viajo ligero y no quiero tener complicaciones con el manejo de equipaje, definitivamente lo mejor es hacer un viaje en carro, autobús o a pie. Sin prisas. Aclaro que el viaje que quiero describir es un viaje en mi imaginación. Una descripción de cómo me gustaría visualizar mis días de ahora en adelante. No se trata de un viaje propiamente dicho, como de vacaciones o de paseo. Me refiero al viaje en el que estamos todos inmersos en la vida diaria. Quiero imaginar, describir y hacer ese viaje, de la mejor forma posible.
Para este viaje, mi mochila debe ser ligera. Quién sabe cuánta distancia tenga que caminar, y es mejor llevar una mochila liviana, en lugar de una muy pesada. Acá es donde toma importancia aquello de incluir las cosas que «creemos» que podemos ocupar, por sobre las que realmente necesitamos. Podríamos suponer antes de iniciar el viaje, que más vale «ser prevenidos» e incluir todo lo posible, poque no sabemos realmente lo que podríamos necesitar. Creo que es algo normal y bastante lógico. Pero me parece igualmente lógico, que nos tomemos un tiempo para meditar y pensar realmente en las cosas que deberían ser indispensables para este viaje. De esta forma no solo tenemos cosas ligeras o pesadas que debemos seleccionar, sino también artículos indispensables u opcionales. Se vuelve más interesante la selección.
Repito nuevamente dos cosas básicas que tengo muy pero muy claras. La primera es que la definición de viaje como tal, es básicamente al recorrido que quiero hacer a partir de este momento, cada día de mi vida. Puedo hacer muchos viajes diarios (cada día como una rutina), o puedo hacer varios viajes especiales como de vacaciones, paseos o simplemente recorridos fuera de la rutina diaria. Pero en todo caso, el «viaje principal» será el más importante. Y la segunda es que definitivamente quiero que mi mochila sea muy pero muy ligera. Tan ligera que en lugar de ser algo que me cause algún tipo de incomodidad, se vuelva algo muy gratificante de llevar siempre conmigo. Quiero que mi mochila sea un artículo de apoyo en mi recorrido, sea a donde sea que vaya.
Para seleccionar los artículos que debo incluir en mi mochila, solo voy a usar dos categorías: liviano y pesado. Luego de pensar un poco en la forma de cómo seleccionar los artículos que me acompañarán, decidí que solo necesitaba esa clasificación. Al hacer el ejercicio mental la primera vez, descarté la clasificación entre las cosas indispensables y las opcionales. Me di cuenta de que todo lo pesado, era también opcional. Así que no vale la pena redundar en algo que al final se terminará quedando fuera de una forma o de otra.
El primer artículo que dejaría fuera de mi mochila tiene que ver con mis propios sentimientos. Hay sentimientos muy pesados que se pueden volver imposibles de llevar por momentos. El primero es la culpa. Demasiado pesado para este viaje, así que se queda fuera. De la misma forma que el enojo, ira o rabia, como quieran llamarlo. Sobre todo, esa rabia que nos consume poco a poco y que se vuelve tan pesada que no nos deja ser felices. Ese peso enorme que nos limita de poder reír cuando merecemos reír, y que nubla nuestro juicio muchas veces. Y el otro sentimiento pesado que dejaría fuera es el miedo. Porque como he dicho antes, nos puede paralizar y detenernos en cualquier viaje. El miedo nos puede quitar la pasión inicial de emprender un viaje o de continuar alguno en marcha. Y he sentido mucho miedo últimamente.
Son tres sentimientos con los que no quiero tener que cargar de ahora en adelante. Se quedan afuera de mi mochila de viaje. Estoy aprendiendo que esos tres sentimientos en su máxima expresión son muy dañinos y pesados de cargar. No puedo dejar de sentirlos en algunas situaciones, porque son parte de la vida misma. Pero no serán parte de la carga que lleve como algo incorporado, por obligación o por necesidad. Seguramente van a salir en varios episodios de mi vida, pero quiero imaginar que será algo muy puntual, o algo imprevisto en mis planes. Tienen marca de objetos no permitidos en mi equipaje.
Otro artículo pesado de cargar en mi mochila son las relaciones tóxicas. He aclarado que lo primero que estoy dejando fuera tiene que ver conmigo, con mis sentimientos negativos. Así que, al referirme a relaciones tóxicas, me refiero a las que se vuelven así por situaciones fuera de nuestro control. Es decir, las que permitimos que nos quiten energía positiva. Y esto puede ocurrir con personas tan cercanas a nosotros, como con personas con las que solo tenemos un contacto en la vida.
Por ejemplo, en nuestro círculo más personal, podemos tener situaciones que poco a poco se vuelvan complejas y pesadas en términos de relaciones personales. No quiere decir que no amemos o que no queramos a esas personas. Pero si la carga emocional que sentimos es muy pesada de llevar en ciertos momentos, lo mejor es dejarla fuera del viaje. Puede ser por largo tiempo o solo mientras esa energía negativa desaparece. Y también puede ser que alguien completamente desconocido nos «robe» esa energía positiva con una sola acción en la vida. A lo mejor un conductor impaciente en la carretera. O una persona imprudente en alguna fila de supermercado. En mi caso decido dejar fuera también ese tipo de cargas. Siento que son muy pesadas para llevarlas todos los días en mi viaje.
Y lo último que dejo fuera son las responsabilidades excesivas. Lo llamo así porque en mi caso es algo muy puntual que le agrega un enorme peso a mi viaje. No recuerdo bien desde cuándo llevo esa carga en mi mochila. Pero si se ha vuelto muy pesada de llevar. Tanto que a veces creo que es la culpable de varios desbalances físicos manifestados en forma de «estrés». Por momentos también se ha vuelto una carga muy difícil de dejar. Porque he puesto mi trabajo por encima de muchas cosas, asumiendo que es la fuente para llevar bienestar a mi familia. Se ha disfrazado en forma de «auto exigencia» o de «perfeccionismo», pero en el fondo no deja de ser una responsabilidad excesiva que me he auto impuesto muchas veces.
Justo en el momento de «planificación» de este viaje, recibí un consejo de esos que valen oro. Y no era otro más que no dejar que las presiones del trabajo nos consuman a tal grado de quitarnos la paz que podemos tener. Algo muy obvio al verlo escrito, pero muy difícil de reconocer para mí. Y paradójicamente no lo recibí de alguien que pudiera pensarse que me lo decía porque no le gusta trabajar. O de alguien que tenga el concepto de que es una persona descuidada en su trabajo. Lo recibí de quien menos lo esperaba. ¡Lo recibí de mi jefe! Una persona a quien respeto y admiro mucho y de quien he aprendido tantas cosas. Ahora no solo puedo decir que ha sido como un maestro, sino que también le debo el mejor consejo antes de preparar mi mochila para el viaje.
Hasta ahorita he dedicado un buen espacio a la parte pesada del equipaje. A esa parte que definitivamente queda fuera a partir de ahora. Así de pesada la he sentido hasta hoy, que tenía que sacarlo con mucho cuidado para que no quedara nada. Para que salieran todos los residuos que se pudieran. Escribirlo no solo es algo liberador, sino que definitivamente se siente más ligero. Por eso decía que todo lo pesado, también es opcional. Decidí cargar con varias de esas cosas o todas juntas por momentos. Pero al ser opcionales, es «fácil» dejarlas fueras. ¡Y vaya que se siente súper ligera mi mochila!
Ahora no solo tengo el espacio suficiente para todo lo indispensable, sino que también tengo la seguridad de que el peso no será ningún impedimento. Todas las cosas indispensables, también son ligeras. Una de esas maravillas de la vida que estando frente a nuestros ojos, nos cueste ver tan claro lo evidente. Ahora con espacio disponible y sin restricciones de peso, puedo pensar más claramente en todo lo que sí quiero incluir.
En el mismo orden quiero empezar por los sentimientos que si necesito y que considero indispensables. El primero creo que sería la paz interior. Esa que me permite respirar profundo aún en medio de situaciones complicadas. No me refiero a la ausencia de problemas, lo cual es irreal. Sino que me refiero al hecho de sentir tranquilidad, serenidad, paz y quietud en una forma integral. Si hay algo que considere que me hará falta en el camino, definitivamente empezaría por ahí.
También quiero agregar algo que no aumenta nada de peso y que sí me ayuda encontrar el camino cuando me siento perdido. Una especie de mapa. Un mapa de recuerdos. Tantos recuerdos como sea posible. Especialmente esos recuerdos que quedan grabados como postales perfectamente estampadas en la mente. Recuerdos que se pueden usar en cualquier momento del viaje, y que quiero ver una y otra vez, porque al traerlos a mi mente, se convierten en grandes dosis de alegría, amor, ternura, satisfacción, orgullo, y tantos otros sentimientos que alimentan el alma.
Quiero llevar conmigo recuerdos sobre caminatas al aire libre en los campos dorados (como dice la canción de Sting) o verdes radiantes bajo el sol. Recuerdos de haber sentido el sol en mi cara llenando de energía cada célula de mi cuerpo. O recuerdos de caminar descalzo sintiendo el contacto con la tierra. Definitivamente que quiero llevar conmigo siempre, la memoria de un almuerzo al aire libre sintiendo el viento de frente. Recuerdos que traigan a su vez más momentos especiales que valga la pena recuperar y que me ayuden a continuar el camino cada día. Que se sienta la nostalgia por revivir esas explosiones de neuronas en la mente, como si se volvieran a vivir otra vez.
Quiero llevar conmigo recuerdos de haber caminado de esa forma sin ninguna prisa, sin ningún tipo de restricción de tiempo. Disfrutando completamente del momento. Deseo llevar en mi mochila, recuerdos de haber escuchado canciones con diferentes mensajes y melodías, sin importar la hora o el lugar. Necesito llevar conmigo recuerdos de haber leído algún libro interesante, o simplemente haber estado sentado en alguna plaza, por el simple hecho de hacerlo. Solo viendo pasar a las personas, o admirando a uno que otro colibrí tomar agua de las plantas que estén cerca. Voy a guardar cada estampa que pueda para mi álbum personal. Y claro que va dentro de mi equipaje.
También quiero llevar en mi mochila un mapa que me sirva de guía en los momentos donde parezca perder el rumbo. Este mapa en realidad vendría siendo como mi plan personal. No puedo dejar los planes en mi vida, pero si quiero flexibilizar ciertas condiciones. Por ejemplo, voy aprendiendo que a veces el mejor plan, es simplemente no tener un plan. Hay algo divertido en esa premisa también. La improvisación también puede dar un toque muy especial a mi viaje, y me gusta la idea de poder incluirla de esa forma. Otro artículo que va dentro de mi mochila. Mi plan de vida sigue teniendo los puntos principales bien definidos. Pero entiendo que puede haber también otros puntos adicionales que van a complementarlo. En resumen, sigo con mi plan original, pero con un toque mayor de improvisación. ¡Espero que me funcione!
He dejado para el final de forma intencional, el tema de las relaciones del cual hablé anteriormente. No deja de ser un tema que puede ocasionar algunos sentimientos encontrados porque nunca habrá algo solamente blanco o solamente negro. Siempre tendremos muchísimos tonos de grises entre ambos extremos. Pero en los últimos meses he podido comprobar por experiencias muy personales, que al final la decisión de incluirse o no en la mochila de viaje de cada persona, es algo personal. Puedo decir sinceramente y con mucha paz y tranquilidad, que las personas que no están en mi mochila, es porque así lo han decidido.
Si tuviera que complementar lo que dije anteriormente, solo podría decir que la única diferencia que he decidido implementar, es la de no forzar a nadie para que quiera estar en mi mochila de viaje. Hay una enorme diferencia entre tener una mochila llena de personas que posiblemente no quieran estar ahí, a una mochila con el espacio suficiente para quienes si quieran y demuestren que desean estar conmigo. No es una cuestión de orgullo. Es una cuestión de amor propio. Si en algún momento tuviera una energía muy limitada en mi vida, y tuviera que decidir con quienes compartir esa última parte, definitivamente sería con quienes también han compartido conmigo su energía en momentos difíciles.
Ahora sí, tengo lista mi mochila con todo lo que realmente necesito para mi viaje. Sinceramente me siento feliz de ver lo ligero y liviano que ha quedado el equipaje. Espero que sea un camino largo. No tengo prisas. Quiero esperar cada día y cada amanecer. Y de la misma forma espero la noche para soñar y hacer un resumen de recuerdos de cada día. Si en el camino me hiciera falta algo, tengo espacio suficiente para incorporar lo que considere que me hace falta para complementar cada día durante este viaje. Siento mucha emoción por lo que está por venir. No es ansiedad, es emoción por descubrir las sorpresas que Dios tiene preparadas especialmente para mí.
«Un día a la vez»
