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Dos ángeles

Hubo dos ángeles que coexistieron en una tierra bastante cercana, y en un período de tiempo también muy reciente. Los dos ángeles son muy diferentes entre sí, y no tienen ninguna relación entre ambos tampoco. Lo único que los hace similares, es mi imaginación, que los ve de forma especial como ángeles. Son tan diferentes que, de hecho, están ubicados en ramas completamente opuestas, dentro de mi árbol genealógico. Voy a tratar de describirlos lo mejor que pueda.

El primero de los dos ángeles nació hace unos 80 años. Una niña que fue la segunda de 10 hermanos en total. Cuentan quienes la conocieron de niña, que ya traía algo especial. Algo que la hacía diferente.

No tuvo una niñez como la de sus hermanos. Esta niña fue tratada de forma diferente por sus padres. Don personas rudas, del campo, que no tenían contemplaciones al momento de aplicar la disciplina antigua a todos sus hijos. Sin embargo, a esta niña parecían tratarla diferente. Como con algún tipo de consideración diferente al resto.

Conforme crecía, la diferencia con el resto de sus hermanos se hacía mayor. Su inteligencia era notable, y su cualidad de líder empezaba a salir. En la época de su niñez, era un verdadero privilegio poder estudiar en una escuela en el campo. Pero ella supo aprovecharlo muy bien, y rápidamente se convirtió en una alumna destacada, con mucho conocimiento. Y no le fue muy difícil convertirse en la líder de sus hermanos. Poco a poco empezó a tomar un rol de protectora sobre ellos. Especialmente sobre una de ellas, a la que cuidó desde siempre.

Los resultados obtenidos en la escuela y su talento académico le permitieron desde muy joven, abrir muchas puertas de oportunidades. Pero su verdadera vocación siempre fue el servicio a los demás. Su vida no estaba destinada a convertirse en una gran madre o esposa. Su vida estaba marcada por algo más espiritual. Una vida de entrega a la fe por una fuerza mayor a todos nosotros. Una vida de servicio precisamente. Pero sin dejar de lado su formación académica y aprendizaje en el arte de liderar equipos de trabajo.

Una vez que dio el paso de fe hacia esa vida apartada para lo espiritual, continuó trabajando por el bienestar de su familia. Siempre tuvo presente sus orígenes y en cada tarea que trabajaba, siempre estuvieron presentes todos sus hermanos. No solo era una religiosa entregada y devota, sino que también se pudo formar como una gerente empresarial.

Su conocimiento técnico, primero en enfermería y luego en Rayos-X, fue abriéndole oportunidades de crecimiento laboral al mismo tiempo. Hasta el punto de ser nombrada por su congregación, como la Gerente General de una de las más prestigiosas clínicas privadas de la región donde vivía. Una clínica con el prestigio y capacidad, para atender hasta presidentes de los países vecinos.

No era una tarea fácil, pero siempre tuvo el temple, la personalidad y la autoridad para poder desarrollarla impecablemente. Así también de impecable era su protección por una de sus hermanas, a la que cuido siempre de todas las situaciones que pudo. Siempre estuvo a su lado y la acompañó casi en todas sus necesidades. Siempre tuvo el amor para poder consentir sobrinos como si fueran esos hijos que por voluntad propia decidió no tener. Y siempre lo hizo muy bien.

Este ángel solía siempre estar impecablemente vestida con su hábito de religiosa. La disciplina, orden y planificación con la que creció y que fueron parte de su vida, la acompañaron siempre. Literalmente hasta su último suspiro.

Cierto día, un virus que se había convertido en una pandemia mundial, llegó a su vida. Cerca de cumplir sus 80 años de edad, este ángel se sentía cansado, de la misma exigencia de perfección a la que se había acostumbrado. Pero sin importar lo mal que se sentía de salud, cuando este virus se apoderó de ella, tuvo la lucidez para dejar un último recuerdo como legado. Algo sencillo pero memorable. Era un solo paquete, perfectamente sellado, con impecable presentación, que decía con su característica letra a mano: «Por favor entregar a mi hermana, en el caso que el Señor me llame a su presencia este día». Dentro de ese paquete dejaba algunos documentos importantes, y una carta para mi madre, su hermana a la que siempre cuidó con amor desde pequeña.

El otro de los dos ángeles, coincidentemente también nació hace un poco menos de 80 años. Pero en un lugar completamente diferente al del otro ángel. Su nacimiento y niñez se desarrollaron un poco diferente también.

Este otro ángel, también fue una niña. Pero no tenía tantos hermanos. Ella era la hermana intermedia de 3 hermanos. Criados por una pareja de la ciudad. Personas sencillas y trabajadoras que tuvieron la oportunidad de vivir y crecer en una ciudad. Eso no los eximía de carencias materiales, pero se entiende que el hecho de crecer en una ciudad abre más posibilidades de superación personal.

Este otro ángel, no fue precisamente muy sobresaliente en la escuela. Aunque si pudo completar su formación primaria y secundaria, con un nivel promedio bajo, para ser sinceros. Siempre fue un poco despistada y la vida parecía tener otro sentido para ella. Era como si las preocupaciones normales de los adultos no tuvieran el mismo sentido para ella.

Su principal característica era hablar. Quizás ni siquiera era hablar propiamente dicho, porque podía pasar horas sin decir una palabra. Realmente su principal característica era hablar de las cosas más inoportunas en los momentos menos oportunos. Podría mencionar varias anécdotas de este ángel despistado, pero me estaría volviendo igualmente inoportuno en este momento.

Por coincidencias de la vida, este otro ángel tampoco tuvo hijos. En este caso no fue por elección propia, sino por voluntad divina. A pesar de haberse casado muy joven, con un profesor de escuela, igualmente despistado que ella, su matrimonio no pudo concebir hijos. Pero pudo compartir con su esposo, varios episodios graciosos, como si se tratara de hazañas inverosímiles que no se pueden creer hasta que de verdad nos las cuentan. Aun este día, no puedo creer que de verdad les hayan sucedido algunas cosas que me han contado.

Ella no tuvo una gran vocación de líder. Tampoco tuvo la capacidad de cuidar o proteger a sus hermanos o sobrinos. De hecho, es un milagro que haya podido cuidarse y protegerse ella de sí misma. Pero eso no le pudo impedir que demostrara el cariño que tenía por sus sobrinos. Aunque a veces la forma de demostrar ese cariño, fuera tomándose los refrescos que los sobrinos dejaban en la refrigeradora, y llenándolos de agua para que no notaran la diferencia de lo que se había tomado a escondidas. O guardándoles los postres, en latas de leche en polvo vacías, los cuales dejaba a su vez, dentro de un cajón de madera para «cuidarlos».

Recuerdo con mucho cariño, una noche en la que regresaba de la universidad, y a lo lejos logré ver su silueta en el portón de la entrada. Era el ángel que estaba esperándome pacientemente, cuidando que no me pasara nada en la calle mientras llegaba de regreso a su casa. Aún recuerdo sus palabras: «Estás bien muchachito?» Su mirada me dijo mucho más que sus palabras. Así lo pude sentir.

Ahora, el otro de los dos ángeles, está luchando la batalla a la que todos le tenemos temor. Quizá en diferente medida o con diferentes expectativas, pero es una batalla que siempre nos genera incertidumbre. Su cuerpo se ve cansado y su piel con las arrugas de una anciana de 80 años. Ya no tiene la misma vitalidad, pero aún conserva su ingenio para hacer algunos disparates o travesuras. Como por ejemplo la capacidad que tiene, a pesar de estar en cama, para recordarse exactamente cuántas monedas tiene guardadas en su alcancía.

Cuando tenga que partir, igualmente me hará mucha falta. Seguramente a mi papá también le va a hacer falta su hermana mayor, y la única hermana que le sobre vive hasta ahora. Mientras tanto, aún tenemos la oportunidad de compartir más momentos con ella.

Dos ángeles muy diferentes entre sí, pero muy nobles y bondadosas. Dos ángeles que siempre estarán en mi corazón y en mis recuerdos. ¡Mis tías! Una por cada rama de mi árbol genealógico.

«Un hombre sabio dijo, sólo ve por este camino, l amanecer de la luz. El viento soplará en tu rostro cmo los años que pasaron por ti. Oye esta voz desde lo profundo, es el llamado de tu corazón. Cierra los ojos y encontrarás el pasaje fuera de la oscuridad. Aquí estoy (aquí estoy), ¿me enviarás un ángel?. Aquí estoy (aquí estoy), en la tierra de la estrella del mañana»

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