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El viejo cabeza cuadrada

Para entender el concepto del viejo cabeza cuadrada, necesito irme unos cuantos años atrás.

Hace algunos años cuando todavía no estábamos completamente bombardeados con toda la maquinaria de publicidad, las campañas para atraer compradores eran bastante creativas, y para mi gusto, también requerían de gran ingenio por parte de las personas que diseñaban los anuncios comerciales.

De hecho, los anuncios publicitarios más comunes, eran aquellos que se podían ver en los canales de televisión abierta (la televisión por cable satelital apenas empezaba a ser de uso más popular), o por la radio. Quizás la tercera forma de recibir información publicitaria era el periódico. Pero creo que el periódico es mayoritariamente consumido por las personas que les gusta leer. En mi caso, cuando era niño, la forma en la que recibía toda la información comercial de los productos de moda, era por medio de la televisión o la radio.

Una de esas campañas de publicidad, estaba relacionada con una famosa marca de productos para la higiene bucal. Por cierto, en mis posts sobre salud y estilo de vida hablaré un poco sobre todos esos productos que usamos como parte de la higiene personal. Cuando aprendamos un poco más sobre las sustancias que contienen o con las cuales se fabrican, entonces sí que nos darán ganas de «colgar» a los fabricantes. Pero eso es otro tema.

Los anuncios que traigo ahora como recuerdo, son los anuncios en donde presentaban a todo el público, los novedosos cepillos dentales de formas más ergonómicas, excéntricas o simplemente diferentes, a los que se tenían hasta ese entonces. No recuerdo haber tenido que pensar en qué tipo de cepillo dental debía usar anteriormente. Recuerdo que era básicamente un solo tipo, el cepillo de forma cuadrada (en realidad es rectangular). En donde lo único que podía cambiar era la dureza de las cerdas. 

En esos anuncios, los cepillos «nuevos y modernos» de formas variadas, más adaptados a nuestra anatomía, y super novedosos, se burlaban del cepillo obsoleto. Al que ellos llamaban «el viejo cabeza cuadrada». En toda esa serie de diferentes comerciales, el lema principal era precisamente ese. Identificar al «viejo cabeza cuadrada» como el cepillo obsoleto y viejo que necesitaba ser reemplazado. Sinceramente me parecían bastante graciosos y divertidos. Ahora entiendo que posiblemente estaban dirigidos a un segmento específico de televidentes, como lo éramos nosotros, de niños.

A mi hermana y a mí, nos pareció igualmente gracioso, referirnos a nuestro padre como «El Viejo Cabeza Cuadrada». Pero no porque hubiera que reemplazarlo, sino por la forma en la que nos imaginábamos a esa edad, la similitud entre la cabeza cuadrada del cepillo y la forma del peinado de mi papá. Siempre peinado hacia atrás y gel abundante (bueno vaselina realmente), que le daban la forma de una cabeza completamente cuadrada, como la del cepillo. Para nosotros en nuestras pláticas de niños, era «El Viejo Cabeza Cuadrada».

El peinado de mi papá no es lo único que recuerdo como algo metódicamente preparado como parte de su rutina diaria. Mi papá es un tipo sumamente ordenado, disciplinado, metódico, calculador, con una enorme fuerza de voluntad, y posiblemente muchas otras características más. Similares a las que desarrollan las personas que han formado parte de alguna fuerza militar, o alguna agrupación juvenil. Donde se identifican claramente cualidades como las que les menciono. Si escribo más cualidades de ese tipo para describir a mi papá, puedo confundirme de post y empezar a describirme a mí mismo en muchos aspectos.

De mi papá aprendimos a ordenar nuestra ropa de forma tal que todo pudiera quedar perfectamente apilado, agrupado o separado, como sea el caso. Ya sea por color, tipo de ropa, tamaño, o cualquier otra segmentación imaginaria que nos quisiéramos fijar. Por ejemplo, hasta este día, mi forma particular de ordenar los calcetines o medias es haciéndolos una bolita por cada par. De esa forma, la caja o gaveta donde estén los calcetines estará llena de bolitas. En lugar de un montón de calcetines revueltos, en donde es tedioso estar buscando el par correspondiente para cada uno. 

También aprendí de él, a doblar y planchar todos los pañuelos. ¡Sí, leyeron bien, los pañuelos! Para los más jóvenes, los pañuelos son unas prendas pequeñas de forma cuadrada, que sirven para limpiarse la cara en el momento que uno lo requiera. Pueden servir cuando estornudamos en lugar de alguna servilleta de papel, o simplemente se pueden usar como parte de un protocolo de vestimenta vintage (por no decir anticuado).

Otra rutina personal que recuerdo tener bien definida es la de colocar todas las camisas de vestir en ganchos posicionados en el mismo sentido. Ya sea en el clóset o en alguna percha especial para colocar la ropa. Por supuesto cada gancho debidamente orientado en el mismo sentido. Además de la camisa, debería llevar idealmente, un pantalón que haga juego o que combine con esa camisa. La lógica es la misma que de las bolitas de los calcetines o medias. Al tomar una camisa con su respectivo pantalón previamente combinados, se pierde menos tiempo que al estar buscándolos en medio de toda la ropa. 

¡Y no podemos olvidar los zapatos! Por supuesto que los zapatos deben estar siempre limpios. Mi papá tiene su rutina especial de limpieza de zapatos. Él solo usa zapatos de lustrar que tengan brillo. Nunca usó zapatos deportivos o de otro tipo. Así que aprendimos a lustrar y sacarle brillo a los zapatos que usábamos para ir a la escuela. ¡No podían estar sucios!

Tampoco podría dejar de lado el recuerdo que significa para mí, la influencia musical que heredé, de alguna forma, de su parte. En un post anterior titulado «Depeche Mode», describía qué tipo de música es la que escuchaba de niño, gracias a él. Y cómo eso influyó en mis gustos musicales. Más adelante les contaré también sobre una pequeña cajita de música que tenía para escuchar sus discos en acetato favoritos. La llamaba, «La radiola».

En cuanto a la planificación no sé por dónde empezar sinceramente. Si mi papá tiene una cita para alguna reunión, visita médica o simplemente algo que él así lo defina, para dentro de un mes; él empieza a planificar ese evento desde un mes atrás exactamente. Es decir, que desde el momento que sabe que determinado día debe hacer una actividad específica, desde ese momento empieza a funcionar su temporizador interno mental, cual smartphone de gama alta. No hay cita que pueda quedar en el aire para la agenda virtual en la memoria de mi papá. 

No tengo que explicar mucho sobre el tema de la puntualidad. Ya a esta altura del post, se podrán imaginar bastante bien cómo funciona ese tema para él. Si la cita es a las tres de la tarde, a las tres de la tarde debe estar ya sentado esperando su turno. No afuera tocando la puerta ni mucho menos de camino aún. La hora de la cita, cualquiera que sea, es algo especial para él. Y pues la verdad es que así me acostumbré yo también. 

Aunque a veces trato de no ser tan obsesivo con la puntualidad, si creo que es uno de esos buenos hábitos personales que deberíamos cultivar más. Sobre todo, cuando las circunstancias así lo requieren. Por ejemplo, no podemos considerarnos personas educadas si hemos recibido una invitación a una boda que dará inicio a las cinco de la tarde, cuando llegamos pasadas las seis. Creo que es algo además de descortés, de muy mal gusto. Pero no voy a dejar el debate cerrado en cuanto a esa opinión personal, porque como les he explicado desde el inicio, ya ven qué tipo de influencia es la que he recibido desde niño en cuanto a estos temas.

Puede parecer que todo lo anterior sea «típico» de una cabeza cuadrada, o de algún pensamiento encasillado de alguna forma. Para mí no lo es. Es solo la identidad particular y especial de una persona especial en mi vida.

Yo no tengo ninguna duda de que el entorno en el cual crecemos desde niños, y las cualidades o particularidades de nuestros padres, forman parte innegable de nuestro desarrollo personal. Y marcan una parte de cómo podemos desenvolvernos en nuestra vida en todas las etapas. A mi papá le agradezco, que muy a su estilo, nos pudo enseñar a ser futuros adultos funcionales, organizados, ordenados y disciplinados. 

Cuando vemos hacia atrás en la vida, no debería haber espacios para pensar en los hubiera o los errores que se pudieron haber cometido. Si nosotros mismos hemos cometido errores en nuestras vidas, ¿quiénes somos para pedir cuentas por los errores de nuestros padres? Recordemos con alegría cada momento que hemos podido disfrutar con las personas que nos dieron la vida. O quienes nos han criado desde niños. Y sepamos recompensar y agradecer por el esfuerzo que hicieron y por habernos hecho de alguna forma, ser quienes somos hoy en día.

Yo me siento feliz por ese «Viejo Cabeza Cuadrada». Quizás un poco obsoleto, desfazado, completamente perdido para el uso de la tecnología moderna. Pero que aún sigue enseñándome cosas valiosas como la puntualidad, la fuerza de voluntad en los momentos que se necesita, la disciplina para no abandonar lo que nos proponemos, la planificación para hacer un poco mejor nuestras vidas, o simplemente para doblar los pañuelos que no usamos más. Aunque ya camina lento, como dice una vieja canción, ¡es mi querido viejo! Mi «Viejo Cabeza Cuadrada».

«Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando. Tiene la tristeza larga de tanto venir andando. Yo lo miro desde lejos, pero somos (no) tan distintos (en realidad somos muy parecidos). Viejo mi querido viejo. Ahora ya camina lento, como perdonando el viento. Yo soy tu sangre mi viejo»

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