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Satisfacción y Poder

Hay momentos específicos en la vida, en donde desearíamos poder explicar, la enorme satisfacción que sentimos por algo que ha pasado, y que a su vez nos hace sentir muy poderos con nosotros mismos.

Cuando vienen a nuestra vida momentos de felicidad, es inevitable que también lleguen sentimientos de alegría, emoción, tranquilidad o paz. Pero ninguno de ellos se puede comparar a lo que produce la satisfacción de haber logrado algún objetivo. Me refiero a algo en lo que se haya invertido tiempo en planificar, pensar, y en lo que se ha trabajado hasta completarlo. No importa si el tiempo transcurrido ha sido corto o largo. La sensación de satisfacción es muy especial.

Tengo dos ejemplos muy diferentes para explicar las clases de determinación personal que he recibido hasta este día. Y son de mis padres. Estilos muy diferentes de determinación, pero muy efectivos, muy fuertes y muy eficaces. He tenido una buena escuela en cuanto a lograr objetivos, y eso me ha ayudado a aplicarla en la práctica.

Por un lado, mi papá con su estilo planificado, metódico, calculador, pero muy paciente. Siempre pensando en todas las posibilidades de forma anticipada, para tratar de prever todo lo que se pueda. Siempre prestando atención a los detalles que nos pueden desviar del objetivo final. Ese es mi «Viejo cabeza cuadrada», como le solíamos decir cariñosamente de niños.

Y por el otro lado mi mamá, con su estilo apasionado, intenso, tenaz, fuerte y valiente. Si quisiera pensar en un ejemplo para describir la palabra resiliencia, sin lugar a dudas diría: ¡mi madre! Siempre martillando las dificultades hasta hacerlas polvo literalmente. No importa cuántas veces pueda golpear el martillo sus manos, siempre seguirá martillando hasta lograr el objetivo. A mayor dificultad de la situación, mayor tenacidad. Esa es la fórmula de «Mi Avenger». Mi mamá

He podido ver su cara de satisfacción en ambos casos. Quizá sus expresiones sean diferentes, pero desde niño siempre tuve claro cuando cada uno se sentía satisfecho de haber logrado los objetivos. El hecho de poder apreciar sus expresiones en esos momentos de satisfacción personal es un recuerdo que siempre tengo presente. La combinación, que he podido implementar para mí, es la mezcla de esos dos estilos, más el ingrediente que produce la prueba y error de los golpes de la vida. No hay mejor fórmula que esa.

Hace unos años llegó a mis manos un libro muy especial que cambió mi vida. Como he mencionado anteriormente, «Los mitos me tienen gordo y enfermo» de Pedro Grez, es un antes y después, en lo que a hábitos alimenticios se refiere. Si bien lo que plantea el libro puede parecer polémico o generar incredulidad, el hecho final de que todo es completamente comprobable, lo hace un libro muy educativo. Es una guía muy buena para analizar conceptos que durante mucho tiempo hemos aprendido de forma equivocada. Ya sea porque así nos los enseñaron desde siempre, o porque lo hemos aprendido a través de los hábitos familiares sobre alimentación.

Cuando empecé este cambio, no tenía más que fe y determinación. Fe para creer que existía una opción diferente a las que había intentado para bajar de peso. Y determinación para comprobar si lo que decía el libro era cierto o no. Y con ambos ingredientes pude cocinar una excelente receta. Sentí algo diferente desde el principio, y así lo he tratado de explicar en algunos capítulos anteriores. Los resultados empezaron a llegar de inmediato, y la verdad es que no tuve que esperar mucho tiempo, para sentir satisfacción de la decisión que había tomado.

Pero como todo en la vida, pueden llegar momentos en donde nos empecemos a sentir «cómodos» con las situaciones que vienen. Empezamos a caer en algún tipo de bache de comodidad o pasividad, que nos va a alejando poco a poco del sabor de nuevas satisfacciones. Los objetivos parecen ser menores, y el grado de esfuerzo requerido para lograrlos también decae. No creo que sea algo tan dramático tampoco. Somos seres humanos con estados de ánimo diferentes, y en la vida siempre tenemos altibajos. En la montaña rusa del viaje de nuestra vida, debemos aceptar los momentos de tranquilidad también, para poder enfrentar las emociones de las caídas.

Hace unos meses empecé a sentir un bache de esos en mi vida. Me empecé a sentir cómodo con el conocimiento que había aprendido, y creí que eso era suficiente para vencer las adversidades. Pero una oración para que esté completa, necesita un verbo (acción). De lo contrario se quedará en una simple frase nada más. Mi frase personal es «un día a la vez». Y aunque no lleva ningún verbo escrito, para mí significa que cada día tengo el poder para hacer las cosas diferentes, y sobre todo mejores, que el día anterior. Tengo el poder de cambiar los errores pasados, para tomar mejores decisiones, y que toda esa cadena me genere satisfacción cuando llegue el resultado esperado.

La satisfacción que me había generado el hecho de haber entendido qué cosas debía cambiar en mi alimentación, para poder disfrutar de buena salud en forma integral, empezaba a bajar. Aunque sabía qué era lo que debía cambiar, la decisión de hacerlo se iba retrasando. No sé si era por viejos temores al fracaso, inseguridades, o simplemente desgano. El hecho es que, al finalizar el año anterior, sentí que era el momento de dar el paso de determinación hacia el nuevo objetivo.

Habiendo aprendido todo el daño que causa el azúcar en nuestra vida, estaba claro qué era lo que había cambiar. No se puede jugar con ningún tipo de adicción. Y la adicción al azúcar es tan real como cualquier otra. Lo dice una persona que siempre ha tenido debilidad por los postres y los sabores dulces en las comidas. Así que, puedo entender muy bien el sentimiento de frustración que se puede generar al tratar de salir de esa adicción y no lograrlo. Solo puedo compartir mi frase (que además es muy popular), para quien quiera tomarla como suya también. «Un día a la vez».

Y un día a la vez, empecé nuevamente mi camino para dejar la adicción al azúcar. Esta vez, con la firme determinación que se convierta no solo en un objetivo, sino en un cambio completo de vida. Es más, tengo la firme determinación que sea el inicio de un nuevo estilo de vida. Ese es mi objetivo, y sé que tengo el poder para lograr nuevamente esa sensación de satisfacción personal.

Este día completo mi primer mes «Cero Azúcar», y no puedo describir la felicidad que me produce poder escribirlo. No me he podido decidir cómo suena mejor. Podría decir que tengo treinta días «Cero Azúcar», o solo un mes. Pero sinceramente con cualquiera de las dos, me siento muy feliz de poder compartirlo.

Mi felicidad se debe a varias cosas en realidad. La primera es porque he completado el primer peldaño de la escalera, o he subido el primer nivel de la pendiente. El segundo es porque siento que esta vez, me lo he tomado con calma, disfrutando cada día, ya aprendiendo nuevos conocimientos en cuanto a alimentación. La tercera es porque sigo disfrutando de los resultados inmediatos que produce en el cuerpo, la desintoxicación del azúcar. Y la última que podría mencionar en este momento, es ese estado de energía y vitalidad que siento cada mañana al levantarme. A pesar de que ha sido un mes con algunos altibajos a nivel personal.

Ese estado de satisfacción diaria, o de felicidad inagotable, es algo que quisiera compartir con todos. Como dije en algún momento al iniciar este Blog, todo lo que he escrito y lo que comparto, son vivencias completamente reales y personales. Así que puedo hablar con propiedad suficiente en este tema. No solo es algo que he aprendido de forma teórica en algún libro, o de alguien en particular. Se trata de implementar recomendaciones con una buena base teórica, y llevarlas a la práctica. Y la práctica me ha demostrado que los conceptos que he aprendido son reales. Y no solamente son reales. Puedo decir que, en conjunto, es la llave para poder cultivar una salud integral.

Como decía anteriormente, hay cosas que he tenido que ajustar poco a poco. No es el momento de explicar en detalle qué cosas son las que he hecho un poco diferente esta vez. Eso espero poder compartirlo con ustedes más adelante. Lo que sí puedo decirles, y hasta recomendarles de forma vehemente, es que tomen la dieta cetogénica, como algo que va a mejorar sus vidas. Quizás el término Keto pueda parecer a algo pasajero, o una moda, incluso algo «comercial». Yo puedo decirles que es la llave que ha cambiado mi vida y ha mejorado notablemente mi salud.

Por supuesto que implementar un cambio así de radical, requiere bastante información previa, convencimiento, y análisis personal. No voy a recomendar que sigan ninguna recomendación ciegamente. Lo que si les recomiendo es que analicen toda la información posible sobre el tema, y que compartan todas sus dudas o aprendizajes, con sus seres queridos y con todas las personas cercanas en sus familias. De verdad, cambiarán más vidas de lo que se imaginan.

Recuerdo la película «En busca de la felicidad», cuando Will Smith ve al cielo y suspira de forma muy profunda, al conseguir el trabajo por el cual ha luchado tanto. Creo que un momento así es el que estoy sintiendo este día.

«Esta parte de mi vida, esta pequeña parte, se llama felicidad».

Este día me siento feliz por la satisfacción de poder vencer la comodidad. Me siento feliz por comprobar que, con determinación y fe, se pueden lograr cambios profundos. Hoy me siento muy feliz, y nada podrá quitarme esa sensación de satisfacción y poder. Se siente muy bien haber logrado el objetivo.

«Hemos llegado muy lejos, para renunciar a quienes somos. Así que vamos a subir el nivel y vamos a elevar nuestras copas a las estrellas»

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