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¿Realmente somos libres?

¿Qué es la verdadera libertad? No sé si ustedes se han planteado la interrogante de qué es la verdadera libertad o si han se han sentido atados o limitados por algo. ¿Se han sentido realmente libres?

A veces una simple interrogante nos hace pensar de una forma más profunda, en temas que nos van generando a su vez, más preguntas que respuestas. Y sin temor a equivocarme podría asegurar que estas preguntas «incómodas» para nosotros mismos, salen más a menudo de lo que aceptamos, o con más frecuencia de la que podemos hablar con las demás personas.

 Lo más natural es que al empezar a reflexionar en esto, nos resulte más fácil dejar la interrogante principal de lado y seguir nuestra vida tal como la llevamos, sin cambios. Sin detenernos a pensar en las verdades que podemos encontrar al final en cada uno de esos momentos, que nos pueden ayudar a mejorar como personas, en nuestras relaciones, en nuestra vida en general.

He pensado mucho al escribir este capítulo, porque pensar en la verdadera libertad inevitablemente toca fibras bastante sensibles a nivel personal. Pero como he dicho anteriormente, me siento muy afortunado de poder escribir sobre varios momentos de mi vida, sintiendo que cada etapa ha sido superada y que cada lección ha sido aprendida. Escribir lo que pienso con respecto a las cadenas que nos atan en la vida, me hace sentir libre. Me siento libre de poder compartir algo personal, y esa sensación de libertad es algo que no tiene precio.

En la vida podemos estar atados de diferentes formas a situaciones que varían de una persona a otra. En otra categoría de este blog, he escrito un poco sobre el tema de la alimentación, y de cómo me he sentido atado a malos hábitos alimenticios durante buena parte de mi vida.  También me he sentido atado a conflictos personales internos desde mi niñez o juventud, y el hecho de poder superarlos, me hace una persona feliz. Me hace sentir libre.

Sobre el tema de las finanzas y toda nuestra relación con el dinero y los bienes materiales, puedo decirles que también me he sentido preso durante muchos años. En este caso en particular, debo reconocer que las decisiones que fui tomando durante muchos años, inevitablemente me iban a llevar hacia un agujero muy profundo, del cual ha sido no solamente difícil salir, sino también bastante doloroso. No podemos ser realmente libres si no enfrentamos algunas realidades en nuestra vida, por duras que sean.

Específicamente en cuanto al dinero, creo que la verdadera libertad empieza en el momento en el que estamos en total control de poder rechazar cualquier tipo de deuda. El solo hecho de tener auto control y poder decidir sobre adquirir una deuda, ya nos hace libres. Mas libres de lo que podemos imaginar. Pero antes de generar debate sobre las deudas financieras, quisiera aclarar que, en este capítulo me refiero únicamente a todas aquellas que utilizamos de forma insensata. Es decir, todas las deudas con las que tratamos de satisfacer necesidades personales, sobre todo a nivel emocional. No me refiero por ahora, a aquellas deudas que se adquieren para emprender un proyecto que nos va a generar utilidades.

Mi concepto de deuda es el siguiente. Una deuda es cualquier tipo de compra en este momento, con dinero que no tengo en este momento, y que espero que llegue posteriormente. Solamente de escribirlo me causa una sensación de verdadera libertad. Me pregunto ahora, ¿cómo es posible que no lo haya podido ver así de claro antes? ¿Por qué tomé tan malas decisiones con respecto a mis finanzas, cuando es tan clara la verdad antes mis ojos?

Cuando esperamos recibir ingresos de forma futura, estamos apostando o dejando una enorme brecha a merced del destino. Porque no hay ningún ser humano, que sea capaz de ver hacia el futuro, ni tan solo un segundo adelante de lo que vivimos justo ahora. No sabemos lo que va a suceder, y la infinidad de situaciones que pueden cambiar, y dejarnos presos de las deudas contraídas anteriormente. No importa si los ingresos vienen de un trabajo renumerado que aparenta ser estable, o de algún negocio o emprendimiento personal. El concepto que les comparto lo puedo aplicar a ambos casos.

La razón por la cual tomé esos riesgos no fue otra sino satisfacer aparentes necesidades personales o emocionales. Y no pretendo quejarme o excusarme en el hecho de que he vivido siendo parte de una generación encasillada en un rango de años específicos. Ahora puedo ver que eso solo ha sido una justificación que se ha ido borrando poco a poco de mi forma de pensar. No sé si ustedes se sientan identificados con la siguiente frase: «quiero darle a mis hijos o mi familia, lo que yo no tuve».

Creo que ese pensamiento nos hace perder la libertad, más de lo que imaginamos. Dejamos de ser libres cuando lo pensamos de esa forma. Quizás en el fondo de ese sentimiento, lo que queremos en realidad, es tener todo lo que nosotros no pudimos tener cuando éramos niños o jóvenes (yo aún lo soy, por cierto). Es como si quisiéramos volver a vivir los años de aparente escasez o limitaciones materiales, pero con el poder adquisitivo que podemos tener hoy en día. Y creo que ahí cometemos un error.

Por ejemplo, hoy en día podemos pensar que somos libres de poder contratar el mejor plan de internet. Mientras que cuando éramos jóvenes no podíamos hacerlo. Pero pensemos primero lo siguiente. Cuando éramos niños ni siquiera existía el internet. Así que, ¿qué necesidad de internet podíamos tener? No era ni «necesaria», ni «indispensable». Si volvemos al presente, ahora no solo «necesitamos» internet, sino también un dispositivo dónde poder hacer uso del servicio de internet. Y por supuesto que, si tenemos un dispositivo, nuestros hijos lo deben tener, porque «no queremos que sufran de las limitaciones que sufrimos nosotros». Pesamos que de esa forma ellos van a ser «libres»

La otra razón por la que tomamos deudas que no deberíamos, es porque queremos llevar un estilo de vida que no podemos costear. Así de simple. Nos vamos acostumbrando a vivir por arriba (y en algunos casos muy arriba) de nuestras posibilidades. Como dicen por ahí, tratamos de impresionar a gente que no le interesamos, con dinero que no tenemos. También de esta forma vamos perdiendo la libertad poco a poco.

Perdí mi libertad cuando llegó un punto en el que no podía sostener con mis ingresos, todas las deudas contraídas y los compromisos de vida. Y créanme, es un agujero muy oscuro donde no se ve la luz, a menos que toquemos fondo. No hay un punto más bajo, que el fondo. Ni hay un punto más oscuro que la noche. Pero cuando la noche va pasando, podemos tener fe y esperanza de que el amanecer está por llegar.

Eso sí, la luz no viene por arte de magia. Para tener fe y esperanza de que las cosas pueden ser diferentes, se necesita creer que todo es posible. Cada uno sabrá a qué fuerza espiritual se puede aferrar en esos momentos. Yo tengo bien claro a la cual me aferré. Dejé todo en las manos de Dios para que hiciera lo que yo no podía hacer, y decidí hacer lo que yo sí podía.

Dentro de las cosas divinas que solo están al alcance de Dios, está el poner los medios para que podamos ser libres. Y en mi camino puso un libro llamado «El hombre más rico de Babilonia«. ¡Por favor léanlo! El valor de ese libro es incalculable. Desearía haber aprendido lo que ese libro enseña desde hace mucho tiempo. Debería ser parte de la formación de todos desde una edad muy temprana. Muchos de los principios que leí en ese libro, los había escuchado en forma de consejos. Pero como repito, insensatamente no los escuché a tiempo.

«Cuando hay determinación se encuentran los medios« ¡Qué frase! Después de haber leído el libro por completo, lo escuché en audio. Escuchando la historia de un esclavo, lloré cuando esa frase llegó a mis oídos y poco a poco se fue clavando en mi mente. Para rematar el momento, en uno de los diálogos de la historia, uno de los personajes le pregunta al otro:

 ¿Cómo puedes llamarte a ti mismo hombre libre, cuando tu debilidad te ha llevado a esta situación?

La ayuda divina que había pedido empezaba a llegar. Pero vino primero en forma de conocimientos, de aprendizaje de verdadera humildad, incluso de paz interior al saber que ese era el camino correcto. Esa fue la llama que encendió mi determinación. Saber que Dios si nos escucha y que había oído mis peticiones, me alentaba y animaba a cultivar esa determinación de la cual habla el libro. 

La verdadera libertad empezó a llegar en el momento que me hice completamente responsable de las deudas contraídas y empecé a buscar los medios para poder honrarlas como corresponde. Poner mi bella cara ante varios ejecutivos de bancos a los cuales no les interesaba en absoluto mi vida, resultó ser la primera clase de humildad. La segunda y la más poderosa fue enfrentar las consecuencias de mis decisiones con mi familia. Había puesto en riesgo el bienestar de las personas que decía cuidar. Había que empezar a salir del fondo.

Uno de los principios que más me ha ayudado desde entonces, es el de cultivar el ahorro. Por eso en un capítulo anterior llamado «Tachito y el camino empedrado», les hablo un poco sobre cómo menospreciamos ese principio básico de vida. De igual forma, el hecho de comprender que la satisfacción personal llega por medio de las cosas que verdaderamente apreciamos y no solo por medio del dinero. Aunque no lo parezca, podemos ser libres cuando lo practicamos en nuestra vida. El otro principio que me ha ayudado muchísimo es el de cuidar el dinero que llega a nuestras manos. Según Arkad, el hombre más rico de Babilonia, el dinero escapa de las manos de aquellas personas que no saben cuidarlo. Entendí esto como una clara referencia al hecho de vivir arriba de nuestras posibilidades.

La verdadera libertad empieza de formas que no podemos imaginar a veces. Ahora me siento una persona libre, como les decía al principio. He aprendido a valorar todo lo material que tengo de una forma muy especial, sin importar si a los demás les puede parecer mucho o poco. ¡Para mí es lo suficiente! No me importa si les gusta mi carro (a mí por supuesto que me gusta), para mí es suficiente para poder transportarme de un lugar a otro. No me importa si mi casa les parece pequeña o grande (a mí me parece preciosa), para mi es suficiente para disfrutar plenamente de un hogar. 

Por supuesto que me gustaría tener algunas otras cosas a nivel material. Es un deseo bastante natural. Pero disfruto de cada cosa que poseo actualmente. Y, para mí, ¡es suficiente!

«No creas todo lo que oyes, ni creas todo lo que ves. Si cierras los ojos sentirás al enemigo. Cuando te conocí tenías fuego en el alma. ¿Qué fue de aquel rostro de nieve derretida? ¡Ahora mira cómo está! Y puedes tragar, o escupir. Puedes vomitarlo todo, o atragantarte con ello. Y puedes soñar. Así que sueña en voz alta. Sabes que se acerca tu hora. No permitas que los bastardos te hundan»

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