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La bola de nieve

Cuando pensamos en una bola de nieve, normalmente tenemos la imagen de algo parecido a una bola de tenis con la cual podemos jugar. O posiblemente tengamos la imagen de una bola con la que podemos formar un muñeco de nieve. Seguramente se debe a las ideas que nos transmiten las películas navideñas, sobre la forma y las características propias de la nieve. Y para quienes vivimos en regiones de clima tropical cálido (bastante cálido), quizás la imagen de la nieve sea algo idealizado. Quizás nos genere una percepción como si fuera algo suave, delicado o maleable a tal punto de poder formar fácilmente figuras. Creo que todo es producto de la imagen de mercadotecnia que recibimos a través de la televisión o publicidad en general.

En realidad, la nieve es prácticamente hielo. Es algo sólido que se forma a temperaturas menores a los 0°C, por medio de pequeños cristales de hielo. Éstos se van agrupando al caer a la superficie, y van solidificándose cuando se unen. Sí se pueden formar figuras cuando se recogen las capas superiores que están menos compactadas. Pero cuando se llega a un punto donde la compactación es muy grande, entonces la sensación de suavidad cambia. De la misma forma que cambia cuando pensamos en la nieve que se desprende en forma de avalanchas. Ahí la sensación de suavidad y quizás hasta sutileza, cambia por una sensación de fuerza incontrolable y destrucción en muchos casos.

El concepto de la bola de nieve es utilizado en varios campos, para ilustrar cómo algo simple y pequeño, se puede volver en algo enorme, muy grande, y con una gran fuerza. Ya sea de forma positiva o negativa. Podemos formar una bola de nieve de pensamientos negativos que poco a poco alcanzan grandes dimensiones y no podemos controlarlos. O, por el contrario, se puede generar una bola de nieve a partir de pensamientos positivos que nos hagan sentir cada vez mejor hasta un punto tal de lograr una satisfacción muy grande.

La bola de nieve a la que quiero referirme ahora es al método recomendado por varios expertos en finanzas, para lograr efectos financieros controlados. Específicamente quiero hablar de la técnica de la bola de nieve para salir de las angustiantes deudas que podemos contraer de forma insensata a lo largo de la vida. Si les parece algo insignificante o incluso trivial, déjenme decirles que justo eso mismo pensaba yo cuando escuchaba acerca de ese concepto. Mientras me sumergía en una bola de nieve, pero de deudas, no podía entender el verdadero valor de esa ilustración práctica. Poco a poco estaba generando un monstruo que llegó un punto en el que no pude controlarlo más. Y sobre eso escribí en un capítulo anterior precisamente, al hablar de lo que significa empezar a construir la libertad financiera.

Ahora creo que la diferencia entre una bola de nieve como fuerza positiva o una fuerza negativa depende solamente de una palabra. Todo depende de la determinación. La frase que siempre viene a mi mente en momentos de duda o momentos difíciles de enfrentar es: «cuando existe determinación, se encuentran los medios». Y eso lo he podido comprobar en carne propia. Mientras mi determinación era nula para asumir las consecuencias de mis actos y las deudas crecían, el monstruo también crecía. Cuando toqué fondo y empecé a cultivar la determinación para salir de ese agujero, el monstruo empezó a hacerse pequeño. Y mis fuerzas parecían aumentar, junto con esa determinación para avanzar más y más. Incluso mi autoestima se fortaleció luego del duro golpe de realidad que me había llevado.

La bola de nieve no es más que hacer un pequeño plan de pago para todas las deudas que se tienen en un momento específico. Pero antes de hacer el mapa general, insisto, se debe tener determinación para corregir de raíz las causas que han originado esa acumulación de deudas. Y esas causas varían en cada uno de nosotros. Así que esta parte requiere de un poco de autoanálisis, aceptación personal y sobre todo mucha honestidad con nosotros mismos. Cuando hemos podido ser honestos con nosotros mismos antes que con los demás, entonces estamos listos para empezar el camino de la reconstrucción. Que no es nada fácil, pero sí es muy gratificante.

Después de haber hecho el listado de todas las deudas, hay que ordenarlas desde la de menor monto, hasta la mayor. Generalmente coincide que la de menor monto en saldo de deuda, también es la de menor cuota mensual a pagar. Si esto no es así, sugiero que definan la menor, como aquella de menor saldo a pagar, aunque no sea la de menor cuota. Aquí empieza el camino, y es donde vamos a empezar a necesitar la determinación, no solo para mantener la fuerza de voluntad, sino también para que la paciencia no decaiga en el tiempo. En este punto es donde hemos decidido no gastar más de lo que ganamos, y en donde debemos ajustar todos los gastos para no seguir generando más deudas, por «pequeñas» que parezcan.

Hago una observación importante en este inicio de proceso. Si la cantidad a pagar en la suma de todas las cuotas de las deudas, más todos los gastos personales mensuales es mayor que los ingresos, entonces debemos ajustar algo, sí o sí. Los gastos personales se convierten en el primer punto a revisar. Debemos desechar todo lo que no sea necesario para sobrevivir. Y cuando digo sobrevivir, hay que tomarlo de esa forma. Una suscripción de streaming o gastos de membresías son gastos innecesarios. La compra de comida, pago de servicios básicos y estudios, son gastos vitales. Debemos eliminar todo lo que no sea vital. Pero recordemos que esto será temporal. Posteriormente veremos los frutos reales de esta decisión. Ya sea retomando lo que realmente nos gusta, o desechando permanentemente aquello que nos dimos cuenta de que no necesitamos más. Esto último es de las mayores ganancias en este proceso.

Si aun reduciendo los gastos personales mensuales, no tenemos suficientes ingresos para pagar todo, incluyendo las cuotas de las deudas, entonces hay que reducir éstas últimas. Nuevamente recordemos la palabra determinación. La vamos a necesitar cada día. Porque no será fácil renegociar los pagos mensuales de préstamos bancarios o tarjetas de créditos, o cualquier otro tipo de deuda comercial. Pero vamos a tener que hacerlo. No importa las veces que recibamos una respuesta negativa, sigamos con determinación hasta que una puerta se abra.

A veces solo necesitamos una puerta abierta para empezar a ordenar todo. La primera puerta que debemos tocar es la puerta divina, la que no falla nunca. La puerta de Dios. Yo así lo creo y por eso lo aconsejo ciegamente. Si nuestro deseo de cambiar es genuino, seguramente que esa puerta se abrirá, y las demás se van a poder abrir poco a poco.

Nuestro principal objetivo es lograr que la suma de todas las cuotas de las deudas mensuales baje. Empecemos negociando las de menor monto. A lo mejor nuestros acreedores nos aceptan una reducción del saldo a cambio de un pago anticipado total. Es decir, un descuento. Se sorprenderían si les contara los milagros que Dios permitió que vieran mis ojos en ese sentido. Hay que buscar con determinación cualquier arreglo de pago que nos permita equilibrar los ingresos con los egresos.

Cuando logramos ese objetivo, empezamos a aplicar la dosis respectiva de determinación, pero en forma de paciencia. Porque seguramente van a pasar varios meses hasta que la situación cambie. Este primer período de reconstrucción es clave. Es donde se debe fortalecer esa determinación y recordar casi a diario, el objetivo final. Pero de que se supera, créanme que se supera. Y cuando menos lo esperemos, este primer paso habrá sido completado. Cuando se pague la última cuota de la primera deuda, y ese saldo sea cero, entonces nuestra bola de nieve estará formada. Y nuestro primer gran respiro así nos lo indicará. Es como tomar un nuevo «aliento de vida».

La teoría lo que dice es que la cuota que ahora queda «libre», es decir la que no se va a pagar más por la deuda cancelada, se sume a la cuota de la siguiente deuda. Otra vez les recuerdo la palabra clave, determinación. Porque luego de varios meses viviendo con los gastos mensuales «al mínimo», puede ser bastante tentador disponer de ese dinero que ya no vamos a utilizar para pagar una de las deudas canceladas.

Es aquí cuando debemos aplicar la teoría de la bola de nieve, para que esa cuota se agregue a la cuota de la segunda deuda. De esta forma vamos a reducir el tiempo proyectado que se tenía para cancelarla, al abonar más de lo acordado. No solo vamos a reducir el tiempo para cancelarla, sino que vamos a pagar menos intereses. Un pensamiento que me funcionó bastante bien en esta etapa es el siguiente. Si ya están los gastos mensuales ajustados, y sigo vivo, entonces puedo seguir vivo un segundo período.

Obviamente que verlo de forma individual no significa que este proceso lo estemos enfrentando solos. Creo que, para la mayoría de nosotros estas bombas caen en el campo familiar, donde nos llevamos de encuentro a las personas que amamos. Escribirlo como si se tratara solamente de nosotros, es solamente para enfatizar que la decisión de liderar el cambio requerido sí es de nosotros.

Cuando completamos el segundo período, y la segunda deuda es cancelada, la situación cambia muchísimo. La segunda deuda quiere decir la segunda del orden que establecimos inicialmente, desde la de menor monto hasta la más grande. Si logramos llegar a la cancelación de la segunda deuda significa que la determinación está dando sus frutos. Seguramente que lo logramos en menos tiempo del que estaba proyectado inicialmente. Ahora ya disponemos no solo del dinero que nos quedó «libre» de la primera cuota, sino que ya podemos sumar el de la segunda también. Tenemos dinero adicional para seguir haciendo más grande la bola de nieve.

Cada vez que terminamos un período de cancelación de alguna deuda, vuelve la tentación de disponer de ese dinero «extra», y modificar el plan. Sigamos el plan con determinación siempre. Solo así vamos a ver los resultados. Ahora el dinero de las cuotas 1 y 2 que han sido canceladas, lo podemos sumar a la cuota de la tercera deuda. El plazo en el que la vamos a pagar será incluso menor a la segunda. Y los intereses que nos vamos a ahorrar van a ser mayores. Nuestra bola de nieve va a seguir creciendo. Porque con cada deuda que vayamos cancelando, nos va a ir quedando disponible más dinero para pagar la siguiente, y la siguiente. ¡Hasta el último dólar que debamos¡

Y seguramente me podrían preguntar, ¿cuánto tiempo puede llevar este proceso, o cuántas deudas se pueden incluir? No importa la cantidad de deudas, se pueden y se deben incluir todas. Parte de la sanación personal que conlleva este proceso es el hecho de honrar cada deuda contraída. Al hacerlo, nos da un profundo sentido de gratitud que no podemos dimensionar realmente, sino hasta que lo vivimos. Y en cuanto al tiempo, solo puedo decirles que yo aún estoy en ese proceso. Incluso varios años después de haber tocado fondo. A veces mi determinación flaquea, sobre todo al sentir esa sensación de libertad que va dando el hecho de no tener que pagar cuotas por obligación. Es decir, cuando nos va quedando dinero disponible que siempre estamos tentados a usar en otras cosas.

Una de las principales enseñanzas de este proceso, es que aprendemos a «vivir con menos». Pero no significa que vivamos de forma limitada o «miserable» (nada más alejado de la realidad), sino aprendiendo a valorar lo que realmente tenemos y disfrutamos. Al hacer el recuento de los gastos en los primeros pasos, seguramente vamos a encontrar que hay varios rubros que no necesitamos. Y lo peor, es que no nos hace más felices gastar en ellos. Aprender a vivir con lo que realmente nos hace felices y disfrutamos es algo de lo que les hablaré más adelante. Cada segundo de nuestra vida vale oro, así que debemos ser cuidadosos en qué gastamos nuestro dinero.

Podría decir que aún me falta una buena parte del camino por recorrer en este momento. Pero ahora veo mi bola de nieve rodar de forma imponente hacia el objetivo final. Ya no viene sobre mí. Ahora voy viéndola y disfrutando del recorrido. No tengo palabras suficientes para expresar realmente lo que se siente. Pero si alguno está pasando alguna situación similar o tiene dudas al respecto, quiero decirles que se puede salir adelante. Se podrían llevar la increíble sorpresa como yo, de que al final este proceso a pesar de ser duro y difícil de enfrentar al principio, ha tenido muchas más satisfacciones y gratificación de lo que me imaginé inicialmente. La vida nos permite aprender de las experiencias vividas, y las mayores lecciones las aprendemos paradójicamente de nuestros mismos errores.

Pero…..

«Cuando existe determinación, se encuentran los medios»

“Oh caridad. Las caras que el ve de nuevo no le resultan familiar. Oh, sonrisa oscura. No ayuda, cuando está feliz se ve perturbado. La corriente continúa, pensamientos llegan como mariposas. Oh, él no lo sabe, entonces los ahuyenta. Oh, algún día el comenzará su vida otra vez. Vida otra vez, vida otra vez. Ah, algún día el comenzará una nueva vida. Manos susurrando gentilmente dejándolo afuera”

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“Oh caridad. Las caras que el ve de nuevo no le resultan familiar. Oh, sonrisa oscura. No ayuda, cuando está feliz se ve perturbado. La corriente continúa, pensamientos llegan como mariposas. Oh, él no lo sabe, entonces los ahuyenta. Oh, algún día el comenzará su vida otra vez. Vida otra vez, vida otra vez. Ah, algún día el comenzará una nueva vida. Manos susurrando gentilmente dejándolo afuera”

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Conoceme

Mi nombre es Luis Rodríguez.
Este pequeño espacio al que he llamado Enjoy the Silence, o Disfrutar del Silencio, ha nacido de una forma espontánea. Llegó casi sin pensarlo, como una idea que vino de pronto. Y de inmediato se convirtió en una forma de expresión muy personal en muchos sentidos de mi vida. Surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿qué es lo que realmente te gustaría hacer, aunque no recibieras ningún pago por hacerlo?