Blog Enjoy the Silence

El lugar perfecto para poder escuchar nuestra voz interior

Marcapasos

«Sandy tiene un marcapasos, que le anima el corazón. No tiene que darle cuerda, es automático. Puedes oír sus pataditas. Está vivo creo yo. Sandy tiene un pasajero en su corazón. Siento un golpe en el pecho, pues solo quería besarte. Ha salido el marcapasos, entre vísceras y sangre. Mírale que ojitos tiene. Es idéntico a su madre. ¡Es idéntico a su madre!

Y ya son veintiséis años en los que nuestro pequeño «marcapasos» nos llena de alegría el corazón. Y digo «nos», porque aunque la letra de la canción sea en singular, yo me apropio totalmente del sentimiento que mueve al escucharla.

Quizás para muchos no sea una canción conocida. Pero para muchos de nosotros, generación X con mucho orgullo, definitivamente que será muy fácil recordarla. Es casi como uno de los himnos que sonaban y sonaban en las radios de música en español. La canción «Marta tienen un marcapasos» de «Hombres G», no solo es una de las canciones más populares de los 80’s y 90’s. También es una de las canciones favoritas de Sandy, la mamá del «marcapasos» del cual escribo ahora. Luis, o «Iche», como le decimos con amor a nuestro hijo.

Así que me apropio totalmente por el hecho de haberlo visto nacer y haberlo tenido en la palma de mi mano, justo un día como hoy, 11 de abril. No importa cuántos años puedan pasar, mientras Dios me siga permitiendo verlo, siempre será un día muy especial. La verdad es que cada día a su lado es un nuevo día especial. Es como ver siempre a ese niño precioso que corría por toda la casa, pero dentro del cuerpo de todo un hombre adulto ahora. Nuestros ojos están ya configurados de por vida de esa forma. No podemos verlo diferente.

Me parece increíble cómo pasan los años. Desde que inicié con este Blog tuve claro que quería compartir sobre situaciones personales y experiencias de vida, como una forma de expresar muchos sentimientos y pensamientos que quizás de otra manera me costaría mucho hacerlo. Ahora veo hacia atrás y confirmo que todo ha valido la pena. Justo ahora hace un año, escribí el capítulo «Mi niño por siempre», en donde traté de decirte hijo, cuánto te amo y mi petición especial para que Dios siempre te cuide y te proteja. Especialmente cuando llegue el momento de separarnos.

Quizás sea un poco triste pensar en esos momentos justo en un día como hoy. Pero créanme cuando les digo que la vida nos da sorpresas de todo tipo. Y cuando se está esperando pasar turno para una cita en un hospital, es inevitable pensar que todas esas posibilidades sí pueden pasar. Y ahora exactamente hace un año, fue un día de muchas emociones y pensamientos, y sentí que era el momento justo para decirle al «marcapasos» que lo amo con todo mi corazón, y que definitivamente va a ser mi niño para siempre.

Este año el sentimiento es muy diferente. Así como la vida nos puede dar sorpresas que no deseamos recibir, también nos regala sorpresas que deseáramos que nunca acaben. Y es por eso que me encanta escribir sobre todos esos momentos. Porque podemos volver a vivir esos instantes y recordarlos con cariño y de forma reflexiva, como si fuera una película que nunca acaba. Como un resumen de los momentos más importantes que hemos vivido.

De la misma forma como me sorprende lo rápido que pasa el tiempo, también me sorprende encontrar recuerdos en medio de los recuerdos. Tengo tan grabado en mi mente el momento en el que vi nacer a Luis, que es casi imposible que se me olvide algún detalle de ese día. Los más pintorescos ya los conté en el capítulo que mencioné anteriormente. Pero también hay otros detalles de ese día que siguen guardados en la memoria y que nos emociona recordar.

Como por ejemplo el hecho de que justo esa noche fue la primera gran tormenta de la época lluviosa. Ya cuando Sandy tenía a su «marcapasos» recostado junto a ella, empezó a soplar un fuerte viento. Y de pronto hubo un corte de electricidad y quedó todo el hospital a oscuras. Inmediatamente después empezó el diluvio universal. E inmediatamente luego del diluvio universal empezó el hambre también. Con tantas emociones se me había olvidado que no había comido nada desde la mañana. Y eran ya las ocho y media de la noche.

Así que tuve que salir a esa hora, a pie, a buscar algo de comer. En ese momento no habían muchos lugares abiertos donde se pudiera comprar algo decente de comer. Y tuve que terminar en una gasolinera, comprando algo menos que decente para al menos, engañar al estómago por un rato. Pude engañar el mío. Pero no pude engañar al de la abuela (mi suegra) que también estaba super hambrienta. Pero como ese día era de celebración y además ella me quería mucho, ella valoró mi esfuerzo. Solo vió el trozo de cartón que llevaba por sandwich, sonrió tiernamente y me dijo: «solo el jugo me voy a tomar, gracias!»

Ninguno de los tres creo que pudo dormir esa noche. La abuela emocionada viendo totalmente derretida a su nieto varón. La mamá, pues qué les puedo decir después de haber pasado todas esas horas en labor de parto. Ni siquiera todo ese esfuerzo físico pudo cerrarle los ojos y evitar que siguiera viendo toda la noche al pequeño bebé a su lado. Y yo, sin haber hecho nada mas que apoyar con mi bella presencia hasta ese momento, estaba igualmente embobado viéndolo. No recuerdo que hayamos dicho muchas cosas. Era como un momento de silencio, pero sin dormir. El único que estaba profundamente dormido era el «marcapasos».

También recuerdo con mucha gracia la guerra encarnizada que tuvieron las dos nuevas tías por lograr ser quien se llevara la medalla de «Primer tía que cargaba en sus brazos al nuevo integrante de la familia». Y no miento al decir que fue toda una guerra encarnizada. Fue una guerra de poder a poder. De mañas a mañas. Sin códigos ni normas a seguir. Todo se valía con tal de cargar al pequeño «Marcapasos».

Mientras mi cuñada quería entrar por una puerta de sala donde estaban los recién nacidos, mi hermana estaba tratando de cerrar esa puerta y al mismo tiempo tratando de abrir una diferente para ella. La seguridad del hospital ya estaba en alerta roja al ver tantos movimientos sospechosos de las dos. Creo que estuvieron apunto de detenerlas y encerrarlas juntas por intento de secuestro. Pero al final solo una podía ganar. Y mi hermana es quien orgullosamente cuenta cada vez que puede, cómo fue que logró tan valioso recuerdo.

Y desde entonces (en realidad desde unos nueve meses antes) definitivamente que «Iche» se volvió un verdadero «marcapasos» pero en mi corazón. Me es mucho más fácil escapar en medio de la escritura para expresar muchas cosas. Y es por eso que me refugio en este sitio para explicar un poco mis sentimientos. Sin embargo, en el caso de «Iche», ningún Blog o libro podría contener todo lo que siento por él. Es que de solo pensar en los pocos párrafos de este capitulo, ya me mueve tantos sentimientos, que dudo mucho que pueda quedarme sin palabras en algún momento. Podría pasar escribiendo de él horas y horas sin parar.

Así de especial es. Así de especial eres para mi.

«Juega con todos los niños. Les arranca el corazón. Se los come con tomate. Qué simpático. No hay criatura más hermosa, que el pequeño marcapasos. Sandy está ya como loca de manicomio. De manicomio. Siento un golpe en el pecho, pues solo quería besarte. Ha salido el marcapasos, entre vísceras y sangre. Mírale que ojitos tiene. Es idéntico a su madre. ¡Es idéntico a su madre!»

Y Sandy no es la única vuelta loca por el, ahora ya adulto, «marcapasos». Si la locura se pudiera medir como los años, fácilmente podría decir que yo también tengo veintiséis años vuelto loco por él. Por supuesto que él ha retribuido cada uno de esos años con gran amor, cariño y ternura hacia nosotros.

Luis es como ese tercer soporte de un trípode. Sin ese apoyo el trípode no podría sostenerse. Es la esencia misma de su diseño. Y de esa misma forma, nos gusta imaginar a nuestra pequeña familia, como si fuera la novela de «Los tres mosqueteros». Incluso tuvimos la alegría de completar esa linda comparación, con la compañía que durante muchos años tuvimos con nuestro amiguito «Odie, el Cocker». Nuestro D’Artagnan, ahora convertido en«El maestro YOdie»

Existe una razón poderosamente divina, por la cual solamente tenemos un hijo. Aún después de tantos años no logro comprenderla completamente. Pero no tengo dudas de que es parte del plan De Dios para nuestras vidas. Damos gracias siempre por eso, y recibimos las bendiciones para nuestra familia sin importar cuáles podrían haber sido nuestros deseos en cuanto a la cantidad de hijos que queríamos tener.

A lo largo de los años Luis ha ido complementando cada una de nuestras etapas como padres y a su vez, él mismo ha podido crecer de forma plena como hijo. Es algo que podemos sentir y vivir cada día. Nos sentimos muy orgullosos de él y nos llena de alegría ver como se ha ido convirtiendo en la persona que es. Ahora no solo debemos cuidarlo o aconsejarlo en determinadas situaciones, sino que también podemos recibir y esperar sabios consejos de su parte. Con una forma de ver la vida mas «fresca» o «moderna» por decirlo de alguna forma. Pero sin perder los valores que hemos tratado de enseñarle.

La forma en la que nuestro «Marcapasos» nos hace bromas ha cambiado totalmente. Ya no se trata de las travesuras que solía hacer cuando estaba aprendiendo a caminar. Ahora su repertorio de bromas es bastante más amplio. Aunque en medio de cada una de ellas siempre podemos sentir esa ternura como si fuera aquel niño que corría en pijamas por todos lados.

Es un hecho que las actividades que compartimos ahora son más selectivas. Ya no podemos esperar que esté siempre a nuestro lado, o que vaya junto con nosotros siempre. Hemos tenido que aprender a esperar cuando se nos desaparece por salir con sus amigos. O cuando sale de casa y «simplemente» se despide, en lugar de pedirnos permiso para salir. Al principio fueron situaciones tensas que nos hicieron caer en la realidad de que nuestro niño estaba creciendo, y necesitaba aprender a dar sus propios pasos como adulto.

Ahora no estamos exentos de sentir preocupación por lo que pueda pasarle cuando esta fuera de casa. Pero tratamos de disimularlo lo mejor posible. Saber que ya está en casa siempre será mucho mas reconfortante que ver la puerta de su cuarto abierta, sabiendo que él anda afuera. Lo siento por desvelar este secreto de esta forma tan pública pequeño «Marcapasos», pero es la verdad. Te amamos demasiado como para pretender que simplemente nos da igual si estás o no en casa.

Pero a pesar de que ese conjunto de actividades que podemos compartir con él se ha reducido considerablemente, aún podemos conservar y disfrutar de experiencias únicas a su lado. Y así como he desvelado algunos secretos personales de cuando sales de casa, también quiero agradecerte por hacernos sentir especiales y dibujarnos una sonrisa cuando nos haces parte de tus planes. Siempre será lindo sentirnos tus protectores y consejeros, sea cual sea la situación que estés pasando.

Gracias por incluirnos siempre en todos tus sueños. Por dedicar gran parte de tu tiempo a consentirnos dejándonos consentirte. Definitivamente no hay forma de perder así. Y nuestra vida ha sido inmensamente diferente desde que estás con nosotros. Gracias por hacer todo lo que puedes para llenarnos de lindos recuerdos de vida que jamás olvidaremos. Y gracias por permitirnos que nos aseguremos que tampoco te faltarán tus propios recuerdos a nuestro lado. Esperamos haberlo hecho lo suficientemente bien hasta ahora, y esperamos seguir haciéndolo con el mismo amor por siempre.

Así como un marcapasos va perfectamente unido al corazón de la persona que lo necesita, así te llevo yo en mi corazón. Sabes que tengo tantos y tantos recuerdos para contarte de cuando tú no tenías la suficiente memoria aún. Y creo que también sabes que tengo muchos que sí podemos recordar contigo. Sabes muy bien que tengo la manía de guardar pequeñas cosas que también me ayudan a recordar más y más momentos. Como si hiciera falta algo más.

En una cajita guardada en un cajón de mi closet, está un tesoro de un valor simplemente incalculable. Dentro de esa cajita están casi todos los dientes que fuiste cambiando cuando ibas creciendo. Algunos cayeron solos, y otros cayeron con un hilo que te pusimos tu mamá o yo para halarlo y quitarlo. En algunos lloraste solo por ver un poco de sangre. En otros simplemente te reíste. Pero en cada uno de esos episodios siempre hubo un par de embobados padres viéndote con tanto amor que ningún marcapasos podría controlar las palpitaciones de esos corazones.

Dentro de esa cajita también está el ganchito y lo que quedó de tu cordón umbilical. Y por supuesto también está el brazalete que te pusieron cuando acababas de nacer. Tu primera identificación personal con los más bellos y hermosos datos que puedo recordar: «11 de abril de 2000. Hora de nacimiento 7:30 pm. Peso 7 Lbs. Talla 49 cm»

¡Feliz cumpleaños hijo!. ¡Te amamos con todo nuestro corazón!

Nuestro pequeño «Marcapasos»

«Sandy tiene un marcapasos, que le anima el corazón. No tiene que darle cuerda, es automático. Puedes oír sus pataditas. Está vivo creo yo. Sandy tiene un pasajero en su corazón. Siento un golpe en el pecho, pues solo quería besarte. Ha salido el marcapasos, entre vísceras y sangre. Mírale que ojitos tiene. Es idéntico a su madre. ¡Es idéntico a su madre!. «Juega con todos los niños. Les arranca el corazón. Se los come con tomate. Qué simpático. No hay criatura más hermosa, que el pequeño marcapasos. Sandy está ya como loca de manicomio. De manicomio. Siento un golpe en el pecho, pues solo quería besarte. Ha salido el marcapasos, entre vísceras y sangre. Mírale que ojitos tiene. Es idéntico a su madre. ¡Es idéntico a su madre!»

«Sandy tiene un marcapasos, que le anima el corazón. No tiene que darle cuerda, es automático. Puedes oír sus pataditas. Está vivo creo yo. Sandy tiene un pasajero en su corazón. Siento un golpe en el pecho, pues solo quería besarte. Ha salido el marcapasos, entre vísceras y sangre. Mírale que ojitos tiene. Es idéntico a su madre. ¡Es idéntico a su madre!. «Juega con todos los niños. Les arranca el corazón. Se los come con tomate. Qué simpático. No hay criatura más hermosa, que el pequeño marcapasos. Sandy está ya como loca de manicomio. De manicomio. Siento un golpe en el pecho, pues solo quería besarte. Ha salido el marcapasos, entre vísceras y sangre. Mírale que ojitos tiene. Es idéntico a su madre. ¡Es idéntico a su madre!»

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Conoceme

Mi nombre es Luis Rodríguez.
Este pequeño espacio al que he llamado Enjoy the Silence, o Disfrutar del Silencio, ha nacido de una forma espontánea. Llegó casi sin pensarlo, como una idea que vino de pronto. Y de inmediato se convirtió en una forma de expresión muy personal en muchos sentidos de mi vida. Surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿qué es lo que realmente te gustaría hacer, aunque no recibieras ningún pago por hacerlo?