Blog Enjoy the Silence

El lugar perfecto para poder escuchar nuestra voz interior

Mi niño por siempre

Que tu estatura y tu barba no te confundan. Que los años y la energía que tienes a esta edad maravillosa, no impidan ver lo innegable. Porque no importa el tiempo que pase ni la cuenta de los años hasta este día, tú serás mi niño por siempre.

Hay canciones que parecería que están hechas justo a la medida para ciertas ocasiones o para momentos específicos en nuestra vida. Es como si las hubieran escrito con una dedicación especial, o como si las hubiéramos encargado como un regalo especial. Como si alguien escuchara lo que nuestro corazón quisiera decir de la forma más hermosa posible, y lo convirtiera de inmediato en un linda melodía. Y precisamente hay una canción que cada vez que escucho me produce todos esos sentimientos. Hoy es un día muy especial para compartirla y dedicarla a una persona que amo profundamente incluso desde antes de poder verlo.

«Que el buen Señor esté contigo en cada camino que recorras. Y que el sol y la felicidad te rodeen cuando estes lejos de casa. Ojala crezcas para ser orgulloso, digno y verdadero. Y haz a los demás como te habrías hecho a ti. Ten coraje y se valiente, y en mi corazón siempre permanecerás. Por siempre joven (por siempre mi niño). Que la buena fortuna te acompañe, que tu luz de guía sea fuerte. Construye una escalera al cielo con un príncipe o un vagabundo. Y ojala nunca ames en vano, y en mi corazón te quedarás. Por siempre joven (por siempre mi niño). Y cuando finalmente vueles, espero haberte servido bien. Porque toda la sabiduría de una vida, nadie la puede contar. Pero cualquiera sea el camino que elijas, estoy justo detrás de ti, ganes o pierdas. Por siempre joven (por siempre mi niño)»

Es increíble cómo pasan los años y cómo van cambiando las situaciones y condiciones a nuestro al rededor. Pero a pesar de la velocidad a la que parece avanzar la vida, siempre podemos regresar en la memoria para recordar instantes que nos producen una enorme alegría y que sirven de alimento para nuestra alma. Aún recuerdo cuando recibimos la noticia de tu llegada. Una abuela emocionada y especialmente ansiosa fue la encargada de confirmarnos que había un bebé abordo esperando alegrarnos para siempre. Aunque como te hemos dicho siempre, desde antes de la noticia de tu llegada, ya eras alguien que deseábamos ver y a quién esperábamos.

Puede ser que tu estatura no te permita imaginar que un día estuviste justo en la palma de mi mano. Recuerdo cómo te podía cargar en una sola mano cuando estabas recién nacido. Aunque podía hacerlo, solo lo intenté en algunas ocasiones. Me temblaban las manos al cargarte, y por momentos me invadía el miedo a no poder protegerte o cuidarte de algún golpe o una caída. Eras (y siempre lo serás) el tesoro más preciado que Dios nos pudo regalar. Así que debíamos cuidarte y protegerte como lo más valioso que llegó a nuestras vidas.

Ahora me cuesta poder levantarte si te abrazo (por no decir claramente que no puedo). Más bien eres tu quien me levanta y hasta puede hacer crujir mis vértebras cuando te pido un pequeño ajuste quiropráctico casero. Obviamente que tu fuerza ha aumentado desde aquellos días en los que te podía dormir en mis brazos o cuando te acostabas sobre mi pecho. En cambio la mía parece que va disminuyendo con el paso de los años. Ley de vida que no podemos esquivar y que tarde o temprano empieza a hacerse más evidente para cada uno. Así como en algún momento tuve esa misma sensación al lado de mi papá, ahora empiezo a aceptar que es mi turno de vivirlo de forma inversa contigo.

Siempre recibiste mucho cariño de todas las personas que te iban conociendo. Y por supuesto que siempre recibiste todo el amor de los que te amamos desde el primer momento. Era envidiable ver cómo dormías durante casi toda la noche, de la forma más tranquila que se puede imaginar. Mientras nosotros nos despertábamos a cada instante para ver si estabas bien, o simplemente como excusa para verte una vez más durante el día. Como si no hubiera mañana. Te veías realmente impecable, resplandeciente, limpio, adorable, en tus pijamas de pantalón largo y camiseta también manga larga. Aunque te puedas vestir de forma muy diferente ahora, para mí siempre serás ese niño en pijamas.

Siempre había una excusa para una fotografía. No importaba cuántos rollos de fotos antiguas se pudieran usar. Siempre valió la pena cada toma, cada rollo revelado, cada negativo guardado. Es más, sabes bien que aún tenemos muchos de esos recuerdos bien guardados, y seguros para evitar que la emoción nos haga mostrarlas a tus amigos, y evitar pasarte un pequeño momento de vergüenza ante ellos. Pero, qué padres no se sentirían así de emocionados de ver que cada recuerdo guardado, ahora luce de una forma que nunca imaginamos. Hecho todo un hombre, con un carácter y personalidad única, con emociones propias y un forma de ver la vida tan especial como la tienes tu.

No lo recuerdas, pero un día de paseo a la playa hiciste una de las más grandes y terribles travesuras de un niño de a penas dos años y medio. Durante el viaje en carretera hubo un momento que nos llamó la atención cuando escuchamos una linda carcajada tuya. Habías tirado por la ventana del carro el biberón que traías en la mano. Yo solo lo alcancé a ver por el retrovisor cuando rodó por la carretera. Pero eso no fue lo único que habías venido tirando por el camino. Cuando pusimos atención en todo lo que venías haciendo, nos dimos cuenta que ya habías tirado también algunas piezas del tablero del viejo carrito que teníamos en ese momento. Algunos difusores del aire acondicionado (que no le servía por cierto), y otros botones más, ya no estaban en su lugar. Solo quedaban los espacios vacíos.

Pero cada una de las piezas tiradas no tenía el más mínimo valor, ni se podía comparar, con la hermosa sonrisa que tenías. Fue nada mas al escuchar tus carcajadas que quedamos completamente hipnotizados viéndote. Así hubieras tirado una ventana o la puerta completa, no nos importaba. Estábamos derretidos de verte y tu alegría nos contagió aún más de felicidad. Fue una travesura que siempre íbamos a recordar con amor, de tus días en los que te podíamos llevar cargado en nuestros brazos. Una pequeña postal que nos regalaste para recordar toda la vida.

Con el paso del tiempo ibas creciendo pero en nuestros ojos siempre veíamos a ese niño precioso, y siempre te veremos de esa forma. No importan los años que pasen, serás nuestro niño por siempre. Y así hemos podido verte en cada etapa de tu vida. En cada celebración de cumpleaños, en cada acto en la escuela o el colegio, y en todas las actividades que has querido participar. No importaba que fuera un partido de fútbol, de basquetbol, o tus primeras experiencias en clases de cocina infantil. Cada cierre de actividades y cada graduación de año o de algún curso de verano, era igual para nosotros. Siempre derretidos viendo cada uno de tus pequeños logros. Siempre tratando de cuidar tus pasos como si apenas estuvieras aprendiendo a caminar.

Sé que ahora cumples una edad en la que tu madurez te permite ver la vida de una forma diferente. Te admiro por tu forma sencilla de valorar las cosas a tu al rededor y de darle el valor a lo verdaderamente importante. Entiendo que cada día que pasa tomas tus propias decisiones basado en tu inteligencia, tu prudencia y sabiduría. Me siento sumamente orgulloso de ti por todo eso. Pero igual me encanta cuando te acercas para preguntarme algo o pedir un consejo, con esa forma tan especial que tienes de hacerlo. No me importa si es para buscar algún horario para ver un partido o para alguna situación más importante que te pueda estar sucediendo. Para mí siempre serán importantes todas las preguntas que me hagas. Y siempre trataré de «resolverte la vida» aunque no pueda hacerlo, o aunque tú no me lo pidas de esa forma.

Siempre quise darte lo mejor de mí. Busqué todos los medios posibles para que no te faltara nada. O al menos para que, como dicen las personas de mi edad, «no te faltara lo que a mí me faltó». Creo que es un acto de la misma naturaleza, que todos sintamos ese impulso para cuidar y proveer todo lo que podamos a nuestros hijos. Aunque no siempre lo logremos completamente.

Amo la forma que tenemos de comunicarnos. Definitivamente que podríamos hacerlo de mil formas diferentes, y cada una de esas formas sería mucho mejor. Pero la nuestra es la que tenemos y el vínculo que sentimos la hace perfecta. Te agradezco con todo mi corazón por hacerlo de esa forma. Siempre me has hecho feliz y espero haber alegrado tu corazón de la misma forma. A lo largo de todos estos años, en muchos momentos he sentido como si estuviera hablando ante un espejo (¡por supuesto en tu forma de ser y tu personalidad, porque físicamente, mamá te clonó sin darme cuenta!). Claro que eres un espejo sumamente mejorado, más moderno, más sabio, pero de alguna forma, un espejo al final.

No siempre he sido el mejor ejemplo para ti. Por supuesto que he cometido errores y en muchas ocasiones me has visto hacerlo. En algunas quizás eras muy pequeño para verlo, pero cuando fuiste creciendo tuviste la oportunidad de pensar en todas las cosas que a lo mejor tú harías diferente. Gracias por comprenderme siempre y no juzgarme. Me diste una gran lección que vida que jamás olvido. Espero que hasta eso te haya servido para formar tu propio y sabio juicio, y te ayude de alguna forma a tomar mejores decisiones en tu vida.

Desearía con todo mi corazón poder evitarte caídas a lo largo de tu vida. Quisiera con todas mis fuerzas, poder cargarte como un niño, y levantarte cuando vea en el camino piedras que te puedan hacer caer. Pero ni siquiera puedo evitar las de mi propio camino. Y tampoco es algo realista, porque en la vida, cada uno debe recorrer su propio camino. Cada uno debe «caminar en sus propios zapatos». Solo le pido a Dios y deseo con todo mi corazón, que las tuyas sean solo «piedritas». Y que sean tan pequeñas como la arena, para que no te hagan daño. Pero sin importar si son pequeñas o grandes, siempre estaré a tu lado para cuidarte mientras me sea posible. Ya te dije que eres mi niño por siempre.

Aunque la canción que te dedico este día diga que algún día te irás de casa, te pido que esa parte la obvies. No me gusta. Quisiera tenerte siempre cerca, en un lugar donde siempre pueda ver cuando entres o cuando salgas. O que al menos sienta que estás ahí a nuestro lado. Aunque nos invada la ansiedad cuando sales de paseo y pasan las horas sin saber de ti. No nos importa. Cada vez que te vemos entrar el corazón se nos hace chiquito y solo te vemos caminar como lo que eres. El regalo precioso de Dios para nuestras vidas. Solo ten paciencia y recuerda que para nosotros siempre serás nuestro niño.

Deseo que este día sea muy especial y que lo recuerdes siempre. Veinticinco años pueden parecerte pocos posiblemente, pero te diré que dentro de un tiempo pueden sentirse muy pesados de cargar. También sé que la vida adulta puede ser abrumante y que por momentos puedes sentir inseguridad, o incertidumbre por lo que pueda venir más adelante. Ahorita solo podría contarte un pequeño secreto. Cuando llegues a mi edad, es posible que sigas sintiendo lo mismo y hasta con algunas cosas más encima. Así que la clave para superarlo es saber apreciar y valorar el momento que vives, y darle gracias a Dios por lo que te haya podido permitir hasta ese día. Sobre lo que venga después, nadie te podrá decir realmente lo que pasará.

Podría listar todas las cualidades que veo en ti como persona. Y podría decirlas perfectamente de la misma forma, así fueras una persona desconocida, a quien simplemente tuve la oportunidad de conocer a lo largo de los años. Por sobre todo, sé qué tienes un corazón muy noble, puro y que tu amor hacia nosotros es igualmente enorme como el que te tenemos. Eres un joven muy sabio, inteligente y con un enorme sentido común, que te permite ver y enfrentar los problemas de una forma serena y con fe de que al final, todo saldrá bien. Sé que desde niño, Dios te ha cuidado y tengo muy claro que en cada paso de tu vida, siempre estará contigo.

Me siento feliz, de saber que aquel niño que cuidamos con tanto amor desde antes de nacer, ahora es un hombre adulto con sueños y anhelos propios, que tiene toda una vida por delante. Deseo con todas mis fuerzas que puedas cumplir cada uno de esos sueños en tu vida, y que siempre tengas presente ante todo, cuánto te amamos. Que puedas vivir cada día de tu vida aprovechando al máximos las bendiciones que Dios te regala cada mañana, y que sigas compartiendo tu cariño, amistad y amor, con todas las personas que te rodeamos.

Gracias por estos años maravillosos en los que nos has alegrado la vida y en los que has llenado de amor nuestros corazones. Has sido un motorcito muy poderoso, para impulsarme en la vida a ser cada día un mejor padre para ti. Porque aún en los momentos más oscuros y complicados, siempre he recordado esa hermosa carita de niño, sonriéndome y diciéndome: «no te preocupes, todo estará bien». Gracias por cada pequeño abrazo desde que fuiste un bebé, hasta ahora que me aprietas como estrujándome por completo. He sido el papá más bendecido, feliz y afortunado del mudo.

Le doy gracias a Dios cada día por habernos permitido ser tus padres y que nos escogiera para cuidarte y guiarte todos estos años. Espero que lo hayamos hecho lo suficientemente bien para que también te puedas sentir muy orgulloso de nosotros. Espero haber cumplido hasta ahora, con el propósito y la misión que nos fue encomendada. Muy dentro de mi ser estoy seguro de que así es, y así será por siempre.

Quiero guardar en mi corazón la ilusión de que esta es solo «la mitad» del recorrido, y que aún nos faltan muchos años más por compartir a tu lado. Tengo fe de que así será. Porque de la misma forma que te veía correr en la casa con tu linda pijama cuando eras niño, de la misma forma quiero verte correr siempre, en cada etapa de tu vida. No importa la situación que sea, siempre estaré a tu lado. Y no importa el camino que elijas, yo siempre estaré detrás de ti, sin importar si ganas o pierdes. Simplemente estaré ahí para ti. ¡Gracias hijo, por todo tu amor!

Con todo mi amor, para ti Luis, en este día especial. 11 de abril de 2025

«Que el buen Señor esté contigo en cada camino que recorras. Y que el sol y la felicidad te rodeen cuando estes lejos de casa. Ojala crezcas para ser orgulloso, digno y verdadero. Y haz a los demás como te habrías hecho a ti. Ten coraje y se valiente, y en mi corazón siempre permanecerás. Por siempre joven (por siempre mi niño). Que la buena fortuna te acompañe, que tu luz de guía sea fuerte. Construye una escalera al cielo con un príncipe o un vagabundo. Y ojala nunca ames en vano, y en mi corazón te quedarás. Por siempre joven (por siempre mi niño). Y cuando finalmente vueles, espero haberte servido bien. Porque toda la sabiduría de una vida, nadie la puede contar. Pero cualquiera sea el camino que elijas, estoy justo detrás de ti, ganes o pierdas. Por siempre joven (por siempre mi niño)»

«Que el buen Señor esté contigo en cada camino que recorras. Y que el sol y la felicidad te rodeen cuando estes lejos de casa. Ojala crezcas para ser orgulloso, digno y verdadero. Y haz a los demás como te habrías hecho a ti. Ten coraje y se valiente, y en mi corazón siempre permanecerás. Por siempre joven (por siempre mi niño). Que la buena fortuna te acompañe, que tu luz de guía sea fuerte. Construye una escalera al cielo con un príncipe o un vagabundo. Y ojala nunca ames en vano, y en mi corazón te quedarás. Por siempre joven (por siempre mi niño). Y cuando finalmente vueles, espero haberte servido bien. Porque toda la sabiduría de una vida, nadie la puede contar. Pero cualquiera sea el camino que elijas, estoy justo detrás de ti, ganes o pierdas. Por siempre joven (por siempre mi niño)»

Categorías

Conoceme

Mi nombre es Luis Rodríguez.
Este pequeño espacio al que he llamado Enjoy the Silence, o Disfrutar del Silencio, ha nacido de una forma espontánea. Llegó casi sin pensarlo, como una idea que vino de pronto. Y de inmediato se convirtió en una forma de expresión muy personal en muchos sentidos de mi vida. Surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿qué es lo que realmente te gustaría hacer, aunque no recibieras ningún pago por hacerlo?