Cuando era pequeño me gustaba ver programas de funciones de circos o de magia, o de alguno de los shows de entretenimiento de moda. Recuerdo que me gustaba ver cómo en algunos de esos programas, formaban enormes figuras con piezas de dominó, para luego empujar una sola pieza y darle vida a la animación completa que la persona había diseñado. Me gustaba ver ese efecto dominó formando olas de piezas que generalmente descubrían algo oculto.
Nunca entendí el juego de dominó como tal. Solamente he visto algunas veces cómo lo juegan, pero nunca me he interesado en aprender las reglas para poder jugarlo. Para mí solo son piezas con números formados por puntos y que son diferentes en cada extremo de la pieza. Es decir que un lado de la pieza puede tener un cinco formado por cinco puntos, mientras que en el otro extremo pueden estar solamente dos puntos. Para formar un dos.
Hasta ahí llega mi conocimiento sobre el juego. Pero lo que si me llama la atención, es ver como esas mismas piezas se puede poner de forma vertical apoyadas en su base más angosta para dar la impresión que están de pie. Ahí no importan los números, sino la intención con la que se hayan puesto las piezas de esa forma. La mayoría de las veces es precisamente para empujar una sola pieza y ver lo que ese efecto dominó tiene por mostrar.
A mi me gusta pensar en ese efecto como la consecuencia en cadena de varios eventos consecutivos, originados inicialmente por uno solo, o por varios. Es como pensar en que un solo evento, al provocar su caída, puede provocar un sin fin de eventos siguientes ya sea de forma positiva o negativa.
Cuando estaba viendo esos programas donde pasaban horas y horas formando la figura que posteriormente cobraría vida, me llamaba la atención algo. Bueno, en realidad ahora me llama la atención algo que recuerdo que hacían en ese momento. No es que lo haya notado en ese instante. Pero ahora todo tiene sentido y es más fácil reconocer esos detalles.
Recuerdo que cada cierta distancia o cantidad de piezas puestas, colocaban unas delgadas y pequeñas paredes que evitaban que si por algún accidente, una pieza se caía, no terminara de botar el resto. Eran como pequeños seguros para evitar que el trabajo fino y delicado no se viniera abajo literalmente, sin que nada lo pudiera detener. La función de esos seguros o piezas especiales era la de proteger toda la obra por si algo fallara.
La vida sería mucho más fácil si supiéramos dónde colocar esos seguros antes de que un solo evento provoque un efecto dominó que no podamos detener. Aunque siendo sinceros, creo que nosotros sabemos muy bien cuándo deberíamos colocar esos seguros. Pero casi siempre pasamos por alto esas señales que indican que algo puede salir mal. «Red flags» les llaman ahora. Al final solo son alertas que casi nunca atendemos o que deliberadamente las clasificamos como «no peligrosas». Sin darnos cuenta que estamos frente a un evento que podría derrumbarnos en ese efecto dominó que puede generar.
La belleza de esas creaciones hechas con piezas de dominó es tal que aun ahora me cuesta comprender cómo es que alguien puede imaginarlas. Y no solo imaginar la figura que se forma estéticamente sino también todos los efectos que se van a formar al darle movimiento. Cuando inicia el efecto de caída en cadena de forma controlada. Es entonces cuando podemos encontrar figuras escondidas que se van mostrando cuando las piezas van cayendo. Incluso hasta simulaciones de cohetes despegando, fuegos artificiales en miniatura activados al paso de la caída de las piezas. O el recorrido en puntos específicos de trenes, carros y vehículos de todo tipo.
Definitivamente los artistas y creadores de esos diseños deben invertir horas y horas de trabajo en imaginar lo inimaginable. Largas horas de trabajo dedicadas solamente a la creación de su figura. Luego de eso también hay muchas más horas dedicadas al trabajo de plasmar en la realidad el diseño que nació en su imaginación. Solo en esas dos etapas podemos estar seguros que se deben invertir muchísimas horas de trabajo. Posiblemente hasta semanas o meses incluso. Todo para que con un simple movimiento, su creación cobre vida y ese efecto dominó del que hablamos, se encargue de desvelar todo el misterio en unos segundos nada mas.
Tanto trabajo para botarlo y que todas las piezas puestas con tanta dedicación caigan en tan poco tiempo. Seguramente para el creador de esa obra de arte, todo el trabajo realizado vale la pena. De otro modo no imagino cómo es que alguien podría hacerlo de esa forma. De hecho al iniciar todo el proceso ya saben de qué forma van a terminar sus piezas. Pero para ellos el valor no está en cómo terminan sino en lo que muestran a los demás.
De alguna forma este efecto dominó es como las olas del mar. Algo así como traté de describirlo en el capítulo anterior. Aunque en el caso de las olas del mar, su movimiento es impredecible, y muy lejos de poder ser controlado. Esa es la diferencia con estas piezas, que se posicionan precisamente de cierta forma para lograr un movimiento y un desenlace esperado y planificado.
El efecto en cadena que pueden producir algunos eventos en la vida, pueden provocar desenlaces bonitos y alegres, o muy malos. En eso sí se parecen a las olas del mar. En que no sabemos bien a donde nos van a llevar. Y así como sucede en el efecto dominó, todo se desvela en segundos. De pronto todo queda descubierto y vemos el resultado que se muestra ante nuestros ojos. Hasta entonces logramos dimensionar todo el efecto producido. Y quizás hasta entonces es que también dimensionamos lo enorme que puede resultar ese efecto.
Sin embargo aun con toda esa pizca de incertidumbre que la vida nos da, si creo que podemos ser de alguna forma como esos artistas que crean esas espectaculares animaciones. Creo que podemos ser arquitectos de obras realmente hermosas que serán develadas en el futuro. Muchas veces cuando nosotros mismos lo decidamos. O en algunas ocasiones cuando menos lo esperemos, sin habernos dado cuenta. Pero si es de esta ultima forma, como suele pasar, deberíamos de al menos esforzarnos en construir algo que nos permita esperar ciertos resultados.
Es cierto que no podemos predecir el futuro. Pero si podemos de alguna forma intuir si lo que estamos construyendo es algo que nos va a llevar a un resultado negativo, o si estamos trabajando por conseguir cosas buenas. Porque como dije hace un momento, nosotros casi siempre sabemos qué tipo de obra estamos formando. Tampoco es que algunos resultados nos tomen por sorpresa completamente. Simplemente es que decidimos en su momento que lo íbamos a hacer de esa forma porque así queríamos, y punto.
Y acá es donde vuelven a tener relevancia esa piezas de seguridad que nos pueden ayudar evitar ese efecto dominó de forma descontrolada. Si lo pensamos bien, hay momentos en la vida en donde podemos ir colocando esos seguros de forma tal que si algo está por salir mal, al menos que el daño no sea tan doloroso. Creo que es necesario que vayamos construyendo las porciones de nuestra obra personal sin dejar de mirar hacia atrás cada cierto tiempo. Solo así podemos reflexionar sobre lo que podemos perder si algo sale mal. Y justo en ese momento es cuando tenemos la oportunidad de protegernos.
Es bastante obvio que el efecto dominó resulta mejor cuando lo provocamos de forma controlada. Porque es cuando decidimos que queremos ver el resultado de nuestras acciones o de lo que hemos estado construyendo. Cuando el efecto se provoca de forma descontrolada, lo único que podemos esperar son daños. Y en ese caso solo podemos regresar al ultimo punto seguro conocido y empezar a construir de nuevo el segmento que se perdió. Si es que nos detuvimos a colocar seguros. Sino, los daños pueden ser devastadores.
Y cuando la obra se viene abajo y vemos daños por todos lados, podemos decidir entre dos cosas muy importantes. Re construir o construir algo nuevo completamente. La idea de re construir posiblemente puede parecernos lo más lógico porque de alguna forma creemos que implica un poco menos de esfuerzo. Después de todo, es normal pensar de esa forma, luego de sentir la frustración de haber visto todo derrumbado. Sin embargo, casi nunca pensamos en algo igualmente obvio y lógico. Todo lo que se derrumba queda dañado y con muchas marcas. Aunque queramos continuar con el diseño inicial, las cicatrices siempre van a ser visibles.
Yo nunca lo pude ver de esa forma. Hasta que recibí un consejo profesional muy importante para plantearme esa pregunta. Porque justo en ese momento un efecto dominó acababa de dejar muchos daños y la idea de construir algo nuevo completamente me hizo ver todo diferente. Sentí que podía construir una nueva versión de mi, sin cicatrices que me recordaran constantemente mis errores o mis peores versiones. O que si las recordaba, supiera exactamente lo que no debía hacer.
Así que tuve que cambiar el diseño que traía hasta ese punto. Empecé a construir una nueva versión con la que poco a poco me sentí mejor. Y todo empezó a cambiar. Lo podía sentir. Y me gustaba cada día mas. Empecé a trabajar en un nuevo diseño y fue la mejor decisión . Aunque en el nuevo camino puede ser que haya olvidado poner algunos seguros. Pero el nuevo diseño sigue en construcción cada día. Y definitivamente me gusta más.
Y por eso es que recordé el tema del efecto dominó. Porque tiene muchas características especiales de las cuales podemos aprender cosas muy importantes. Quizás de las más importantes es el hecho de reconocer que tenemos la oportunidad de construir paso a paso, una obra personal que nos permita llegar a un resultado hermoso y feliz.
Muchas veces vemos como insignificantes los pasos que vamos dando. No les damos el valor que merecen en el tiempo. Quizás nos sentimos abrumados en pensar en el resultado final en lugar de asegurarnos que cada pequeño paso sea en la dirección correcta. Y ya vimos que la obra final queda a la vista, luego de mucho trabajo previo. No se obtiene en un solo paso, ni con un solo movimiento.
Esos desenlaces negativos seguramente han sido el resultado de una reacción en cadena provocada por la secuencia de varios pasos que dimos en la dirección incorrecta. Sin detenernos a mirar un poco hacia atrás para asegurarnos de que seguimos en el camino deseado. O sin poner piezas de seguro en caso de que algo saliera mal. No nos detenemos a revisar si continuamos con el diseño planificado. O quizás peor, nunca tuvimos un plan real.
Pero yo prefiero pensar ahora, que sí estoy construyendo algo especial. Quiero sentirme seguro de colocar cada pieza según el diseño que he imaginado para mi vida. Estoy trabajando personalmente en pequeños pasos, o pequeños movimientos, para darle forma a algo de lo cual me pueda sentir realmente orgulloso. Y no me refiero a una sola cosa o a un solo objetivo. Sino a todo un plan de vida si se quiere ver de esa forma. Un plan de vida compuesto por varias escenas que conforman toda la obra. A lo mejor algunas escenas van mas avanzadas que otras. Pero en general son parte de la misma obra.
Me gusta la idea de llegar al momento en el cual pueda empujar la pieza clave que inicie el efecto dominó esperado. Me emociona imaginar que cada paso que voy dando tiene su propósito y su razón de ser. Que todo lo que voy haciendo tiene un fin especial. Y posiblemente no haya entendido yo mismo la posición final de algunas piezas. Pero como si fuera un rompecabezas, poco a poco todo va cobrando sentido. Todo empieza a tener una forma que me invita a creer que el resultado final de esta obra va a ser muy bonito.
Pero también tengo claro que aun no es el momento de ver el resultado final. Siento que falta camino por recorrer y más piezas por colocar. Eso si. Ahora creo que me aseguro mas de colocar esa piezas especiales mas cerca una de de otra, para evitar retrocesos que provoquen daños en la obra final. Y me siento más seguro de hacerlo de esa forma. Aún cuando la vista final puede ser que no se vea como la he imaginado.
La diferencia ahora es que me siento emocionado por imaginar cómo será ese momento. Así como esos artistas que veía en la televisión formando esas creaciones dinámicas del efecto dominó. Me motiva mucho trabajar cada día en esa obra. Y siento que cada minuto invertido en todo este trabajo valdrá la pena al final. No sé cómo explicarlo pero es algo de lo que no tengo ninguna duda. No importa si los pasos son pequeños. Puedo sentir que voy en la dirección correcta. Y creo que podré reconocer el momento preciso en el que pueda activar el efecto con un solo movimiento de esa pieza especial. Estoy trabajando en ello.
