Blog Enjoy the Silence

El lugar perfecto para poder escuchar nuestra voz interior

La razón de estar contigo

Hay películas que por alguna razón decidimos no verlas, a pesar de tener el acceso para hacerlo en cualquier plataforma de streaming. Terminamos viéndolas hasta mucho tiempo después de saber de su existencia. Es como si no nos llamaran la atención a primera vista. En mi caso, la película «La razón de estar contigo», es una de ellas. Pude haberla visto mucho tiempo antes del momento en el que terminé viéndola. No era una cuestión de gustos, sino más bien de «exposición» a sentimientos. Sabía que me iba gustar cuando la viera, pero no quería exponerme al sentimiento que generan este tipo de películas.

La primera película de la cual tengo memoria, que trata sobre perritos y la ternura que nos genera su compañía, fue «Benji». Y la última que tengo muy bien grabada en mi mente es «Marley y yo». Posiblemente esta última sea una de las mayores referencias de películas de mascotas que recordemos. Creo que es imposible no recordarla y no verla varias veces. Curiosamente, «Marley y yo» se estrenó en 2008. Para ese entonces, «Mi amigo el Cocker», nuestro amiguito Cocker Spaniel, Odie, tenía solo un año. Pero a pesar de tener solo un año, ya tenía varias travesuras en su récord delictivo familiar.

Y es precisamente de mi pequeño amiguito de quien quiero hablar ahora. No habrá una sola película que se le pueda comparar a la película real de la vida de Odie. Luego de casi dieciocho años a nuestro lado, es imposible poder relatar todos los lindos recuerdos que nos ha regalado, en una sola publicación. Hace unos días escribí sobre él en un post titulado precisamente de esa forma: «Mi amigo el Cocker». Tenía la idea de poder compartir algunas de sus hazañas (travesuras) y volver a vivir de cierta forma esos momentos especiales a su lado. Al menos eso fue lo que «acordamos» en nuestra última conversación seria que tuvimos él y yo. Pero no contábamos con el hecho de que el tiempo avanza, y mi amiguito ya no está tan joven como antes.

Últimamente las pláticas han sido diferentes. Nos hemos puesto un poco reflexivos con las situaciones de la vida, y hasta nos da por filosofar de vez en cuando. Hace solo unos días, me contó algo que ya sabía en mi interior, pero que nunca lo había escuchado de él. Me dijo: «te voy a decir, cuál es la razón de estar contigo». Por supuesto que me causó mucha curiosidad saber lo que me iba a decir. Después de tantos años juntos, por fin iba a confirmar lo que siempre imaginé. Creo que en realidad cada día de su existencia lo ha dedicado a recordarnos cuál es su propósito en nuestras vidas. Porque su relación con cada uno de nosotros es diferente. Y con su estilo particular, se tomó el tiempo necesario para decirnos lo que sentía.

Obviamente que por el orden jerárquico que siempre siguió y que siempre reconoció, empezó por la máxima autoridad. Así que empezó por Sandy, y le dijo: «¡Ama Sandy, gracias! La razón de estar contigo es para darle un rostro a esos dibujos que pintabas siendo joven. Siempre supe que te gustaban los perros de mi raza, así que vine para alegrarte los días y a darle vida a esos dibujos. Por cierto, ¡qué buen gusto tienes! Eres la Ama, y siempre sigo tus órdenes. A estos dos (Luis y yo), solo les hago creer que son mis amos, pero solo es para no hacerlos sentir mal. En especial al grandote (refiriéndose a mi), que se cree que es el jefe de todos. Así que quiero decirte que eres mi Ama favorita :)»

«También quiero decirte que, como agradecimiento a todo tu cariño, amor y protección, siempre he orinado nuestra casa, para que nadie se te acerque. Es mi forma de retribuir todo el cariño que me das. Veo que limpias con mucha emoción y alegría cada vez que encuentras mi rastro en toda la casa, así que, ¡gracias nuevamente! La razón de estar contigo es para que me puedas bañar y jugar conmigo, y para que puedas abrigarme después cuando me ves con frío. Te confieso que no es frío lo que siento, sino emoción. Pero soy un poco dramático, lo reconozco. Se que cuando soplas mi cara, en realidad me estás diciendo que ya me vas a dar comida de la buena, y por eso espero pacientemente. Gracias por estar pendiente de mis medicinas y controles de perrito sano cuando estaba pequeño, y de perrito viejo ahora que estoy grande.

«Lo siento por no haberte dado la oportunidad de disfrutar de más descendencia, pero ya ves que eso del matrimonio no es lo mío. Eso de criar cachorritos no se me da muy bien, y tampoco tuve mucha suerte en el amor. Pero la verdad es que me siento mejor, así como un lobo solitario. Siento que mi tiempo es completo para ustedes, así como lo imaginé desde que vine a su casa. Cuando me adoptaron y me hicieron sentir como el consentido de la familia. La razón de estar contigo es para que siempre me recuerdes como ese «fantasmita» que te quería divertir en lugar de asustar.

Luego dirigió su tierna mirada hacia Luis, su otro amo. No sé si lo vea como un amo o como un «hermano». Prácticamente crecieron juntos y siempre van de un lado a otro haciéndose compañía. Tiene un espacio reservado en su cuarto donde sabe perfectamente que puede dormir, descansar y por supuesto, esperar alguna golosina a escondidas. Prácticamente son como «hermanos». Luis es el «hermano» mayor, y Odie el hermano menor. Aunque en la mente de mi pequeño amiguito, creo que es al revés. Desde que era un cachorrito está atento a «cuidar» a Luis cada vez que lo ve enfermo o triste.

Al «hermano Amo» le dijo: «La razón de estar contigo es para que tengas un amigo inseparable cada día de tu vida. Se que siempre quisiste un amigo como yo, que se quede callado mientras hablas. No hablas mucho, pero cuando hablas, sé que quieres que me calle. Por eso te escucho siempre. Eres un buen Amo también, pero no le digas a la Ama para que no se sienta mal. Será un secreto entre hermanitos. Quiero darte las gracias por consentirme siempre. Todas esas golosinas que guardas en tu basurero son muy ricas. Cuando lo veo lleno, sé que me has dejado algo para que lo saque muy sutilmente sin dejar rastros. Gracias por hacerlo así a escondidas, para que los adultos no nos regañen.

«Lo siento por comerme tus sándwiches del cole, no fue mi intención. Mi intención era que me los dieras antes de comérmelos, para no pasar por la vergüenza de tomarlos. Pero te tardaste mucho en regalármelos. Le hubieras dicho al grandote (nuevamente refiriéndose a mi) que no te gustaban, que mejor me los diera a mí de una sola vez. No pude aprender a jugar playstation contigo, pero sé que te ganaría. Yo tengo cuatro patas y tú solo dos. Tengo más posibilidades de ganarte. Seguramente por eso no me enseñaste».

«Gracias por bañarme también. Siempre que me bañas me dan ganas de jugar con el agua. No sé por qué usas tanta agua, por cierto, pero me siento muy feliz cada vez que lo haces. Gracias por acariciarme y hacerme cosquillas. Puedo sentir con qué cariño y amor lo haces, y sé que te gusta verme con la panza hacia arriba riéndome a más no poder. Gracias por cuidarme del ruido de la pólvora y por abrigarme los días fríos. Te agradezco por darme de comer cada mañana y cada noche. Gracias por cuidarme siempre y no dejar que nadie me haga daño. La razón de estar contigo ha sido para alegrarte cada día, mi querido «hermanito» Amo».

Finalmente llegó mi turno. Era el último en sus prioridades, y el último de la fila en su imaginaria jerarquía casera. Con amigos así, para qué enemigos. Ni siquiera el hecho de ser la persona que le entiende todas sus locuras, y quien le sirve de traductor, hizo que me vea diferente. Siempre me vio como a un «igual», como uno más de la manada. Pero como dije, sentía curiosidad por escucharlo decir lo que yo deseaba en mi corazón.

Nos miramos fijamente por un instante. Hablamos sin hablar. Respiramos profundo mientras sosteníamos la mirada. Ambos sabíamos que esa conversación no sería como las anteriores. En cuanto pasaron unos segundos, los dos sabíamos que era la conversación que muchas veces evitamos, pero que ahora había llegado el momento de tenerla. El tiempo no perdona y mi amigo me necesitaba para decirme muchas cosas que tenía guardadas para mí también.

Sin perder su estilo dramático, lo primero que me dijo fue: «Estoy cansado jefe». Así cual video de TikTok. No sé cómo no lo pude imaginar antes. Sabía que iba a empezar con uno de sus típicos dramas. Pero esta vez era diferente. Me miró una vez más y me lo volvió a repetir: «De verdad, estoy cansado jefe». Inmediatamente supe lo que me quería decir, y mi corazón empezó a acelerarse. No pude contener las lágrimas y mi mente dio miles de vueltas en medio de todos los recuerdos vividos con mi amiguito.

Fue entonces cuando le pregunté: «de verdad quieres descansar ya?». Y viéndome fijamente me dijo: «Si. Lo siento por no poder acompañarlos más tiempo». Nos quedamos callados por un instante y luego me dijo: «Ahora te voy a decir cuál es la razón de estar contigo». «Quiero decirte que tú eres mi verdadero Amo, pero no le digas a la Ama, ni al Amito, para que no se sientan mal». Inmediatamente lo interrumpí para decirle: ¿De verdad piensas que te creo eso? ¿Acaso no estás viendo que todos te hemos escuchado que nos has dicho exactamente lo mismo? Yo sé muy bien que cada vez que estamos en diferentes lugares de la casa, vas por donde está cada uno de nosotros, y te quedas unos minutos a nuestro lado. Como tratando de repartir tu tiempo con cada uno para que no nos sintamos solos. Creo saber por qué lo haces.

No había terminado de hablar cuando fue él quien me interrumpió a mí, para decirme muy a su estilo: «Pero ¿qué pasa capo, crack, genio, ídolo, artista, master, campeón, máquina, tigre, fiera, toro, terremoto, maremoto, relámpago, tsunami, demoledor, indomable, mente suprema, maestro del Kung fu, guerrero, inigualable? ¿Por qué no me crees? La razón de estar contigo, es para que tengas a alguien a quien mandar de verdad en la casa, ya que los de tu raza no te hacen caso. Tú eres un gran Amo, quiero darte las gracias por cuidarme desde cachorrito. Recuerdo muy bien mis primeras noches en esta casa, cuando me cuidaste pacientemente. Gracias por convertirte en mi mamá por un instante. No te pareces a mi mamá, de hecho, ni la recuerdo, pero si fueras perro, serías como ella.

No pude contenerme la risa esta vez, de escuchar sus locuras una vez más. Me vio sonreír y continuó diciéndome: «Cuando por un error involuntario me comí tus lentes y te dejé ciego por una semana, supe que me ibas a tener paciencia por siempre. Lo vi en tu mirada. Entendí que me decías que no me preocupara, que cualquiera se puede comer los lentes de su amo. Nuevamente tuve que interrumpirlo: «Ese día estuve a punto de darte una patada en el trasero que todavía estarías recordando perrito. La mirada que viste te quería decir que te apartaras de mi vista o podías desaparecer en ese instante», le dije. A lo que me amiguito me contestó: «Pero, si no veías, ¿cómo es que querías que me apartara de tu vista?

La plática continuó así unos minutos más, como recordando cada momento que fuimos construyendo para llegar a ser los amigos que somos ahora. Su mirada tierna de siempre me insistía en que el momento de descansar se acercaba. Sabía que era algo inevitable, y quería cumplir con su deseo de descansar. Era lo menos que podía hacer por mi amiguito después de tanto amor que nos había regalado toda su vida.

Antes de terminar esa conversación le dije: «¡Gracias, amigo!, has sido un gran compañero. Quiero decirte que siempre vas a estar en nuestro recuerdo y en nuestros corazones. Sé que estas cansado y que tu tiempo cronológico va a otro ritmo. Tu cuerpo ya está agotado y sé que tu chispa se apagará pronto. Así que te prometo que lo haremos a tu forma. Nos vas a dejar un pequeño (grande, inmenso) vacío físico, pero lo compensará cada lindo recuerdo que nos diste. La razón de estar contigo, es para que te sintieras parte de esta familia. Gracias por brillar a nuestro lado amiguito».

Nuestra conversación finalizó con su estilo particular: «¡Gracias, gracias, doy clases los jueves, no cobro mucho! Yo también quiero darte la gracias Amo jefe, por cuidarme. Voy a extrañar seguirte cada mañana cuando te levantas. Disfruté mucho incomodarte y seguirte mientras hacías todo tu ritual de limpieza personal para salir a trabajar. Nunca me hiciste caso, solo necesitabas lamerte un poco y ya. No hacía falta tanta agua ni jabón, ni desodorantes, ni lociones. También quiero darte las gracias por llevarme a la playa y dejar que conociera el mar. Realmente lo disfruté mucho. Casi pude aprender a nadar, así como decían en la película: garra, patada, garra, patada. Y por último quiero pedirte perdón por despertarte (siempre me lamía la mano) cuando te veía acostado en tu sillón. Solo quería saber que estabas bien. Siempre me preocupé por ti Amo jefe».

Luego de eso, pasaron algunos días, pero mi amiguito no tenía más fuerzas. Lo veía en su mirada. Trataba de luchar contra el tiempo, y sé que lo hacía con todo su amor, con tal de vernos felices. Comprendí muy bien cuál era la razón para estar nosotros. Tenía casi dieciocho años enseñándonoslo. Y sinceramente, creo que también nosotros lo supimos desde el primer día que lo vimos. Fue amor a primera vista.

Es muy triste llegar a los momentos de las despedidas. Es extraño sentir esa nostalgia, vacío y dolor por un compañerito como él. Cualquiera podría pensar que solo se trata de una mascota, o de un perrito. Pero en realidad, ellos si llegan a ser parte de cada familia. Y por supuesto que duele despedirse. La razón de ellos para estar con nosotros es noble y pura. En su ser no cabe la maldad, sino solo el amor. No saben lo que significa el odio ni el resentimiento. No hay espacio para ese tipo de sentimientos en su pequeño corazón. Solo saben darnos amor y estar fielmente a nuestro lado siempre, sea cual sea el momento o la circunstancia. Es imposible no amarlos, y no extrañarlos.

«Mi amigo el Cocker» apagó finalmente su chispa el día de ayer. Nos sentimos agradecidos de haberlo tenido como compañero por tantos años. Fue parte de nuestra vida, y lo seguirá siendo en nuestro recuerdo y memoria por siempre. Sé que era el momento de descansar para él. Era justo lo que quería y hasta el último momento de su vida, nos regaló bellos recuerdos, por tristes que parezcan. Así es la vida. Y por eso es que debemos aprender a vivirla plenamente. No recuerdo el día exacto en que Odie llegó a nuestra casa. Ninguno se imaginó que el viaje duraría tanto tiempo, ni que fuera así de especial. Pero siempre recordaremos el día que cerró su ciclo con nosotros: 3 de diciembre de 2024.

¡Brilla por siempre amiguito!

«Macho alfa, está bien, nacido para liderar la pelea. No tan tonto como podrías pensar, cuando ha estado bebiendo. Es un chico guapo, el orgullo de alguien mirando en la oscuridad. Un perro leal a punto de ladrar, clase trabajadora, tiene una cara guapa. Habla sucio, se ve bonito, es un matón angelical. Habla mucho sin sentido, dice que no es un idiota. No se sienta en la cerca, lo toma con calma. No importa cuándo haya estado, cree que es genial y clandestino, detrás de esa piel perfecta»

1 comentario

  • Es el primero de enero de 2024, son las 2:00 am en Bogotá, Colombia, y escribo estas palabras con el corazón roto. Mi amado Odie, mi perrito lindo, me duele profundamente no haber podido estar contigo en tus últimos días. Desde que era niña, fuiste mi mejor amigo, el compañero más leal. Gracias por siempre hacerme sentir parte de tu manada, por ser mi primer y único perrito.

    Sabes bien que mi mamá nunca quiso que tuviera uno como tú, pero tal vez fue mejor así, porque ahora ocupas un lugar inmenso y único en mi corazón. Gracias por tu paciencia infinita, incluso cuando mi bebé, siendo tan pequeño, te molestaba sin parar. Aun así, tú siempre lo aceptaste con amor y ternura, como el increíble miembro de la familia que eras.

    Odie, te amo con todo mi ser. Lamento profundamente no haber estado a tu lado en esos últimos momentos, pero quiero que sepas que te amé hasta tu último aliento y que, a pesar de la distancia, siempre estuviste en mis pensamientos. Vuela alto, mi perrito lindo. Siempre serás parte de mí.

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«Macho alfa, está bien, nacido para liderar la pelea. No tan tonto como podrías pensar, cuando ha estado bebiendo. Es un chico guapo, el orgullo de alguien mirando en la oscuridad. Un perro leal a punto de ladrar, clase trabajadora, tiene una cara guapa. Habla sucio, se ve bonito, es un matón angelical. Habla mucho sin sentido, dice que no es un idiota. No se sienta en la cerca, lo toma con calma. No importa cuándo haya estado, cree que es genial y clandestino, detrás de esa piel perfecta»

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Mi nombre es Luis Rodríguez.
Este pequeño espacio al que he llamado Enjoy the Silence, o Disfrutar del Silencio, ha nacido de una forma espontánea. Llegó casi sin pensarlo, como una idea que vino de pronto. Y de inmediato se convirtió en una forma de expresión muy personal en muchos sentidos de mi vida. Surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿qué es lo que realmente te gustaría hacer, aunque no recibieras ningún pago por hacerlo?