Mi época favorita del año es definitivamente el final. Aun no logro entender muy bien la razón de esto pero creo que tiene que ver con cierto aire de nostalgia que me invade en estas semanas finales de cada año. Es como si en el ambiente se respiraran, genuinamente, sentimientos muy nobles como el amor, la paz, la amistad, y por supuesto la felicidad. Me queda la duda de si realmente es algo que nace genuinamente en la mayoría de personas, o si es algo que ha ido apareciendo como producto del mercadeo y la publicidad comercial. Pero como soy un soñador, me quedaré con la idea de que es algo espontáneo y natural de la época.
Desde niño siempre lo sentí como algo especial. Recuerdo que me gustaba mucho ver todos los programas de televisión adaptados con capítulos navideños o historias relacionadas con la época. También me gustaba ver como todo se iluminaba con las decoraciones de luces y adornos, casi en cada lugar al que iba, o en cada casa de la cuadra. Sin importar la cantidad de adornos o lo costoso que pudieran parecer, todos me parecían muy lindos. Algunas casas decoraban sus entradas con representaciones del nacimiento de Jesús, tratando de recordar el verdadero significado de la celebración.
Recuerdo también de forma muy especial, la forma en la que mi mamá se esforzaba por decorar nuestra casa de la mejor forma posible. Definitivamente que recordar esos momentos, ahora de adulto, es lo que me hace imaginar la Navidad como una época en la que surgen los verdaderos sentimientos de amor y felicidad. Al recordar cómo podía transformar un espacio vacío en un rincón mágico lleno de luces, adornos y la más espectacular representación de un Nacimiento, hace que se me estremezca el corazón. Casi que puedo recordar su carita llena de felicidad al ver lo que había logrado con sus manos, y la forma en la que nos iluminaba nuestro rostro de alegría.
Era como una búsqueda constante de la felicidad. Así como la película «En búsqueda de la felicidad». En la que a pesar de las adversidad materiales, siempre hay un deseo constante de salir adelante y de sentir que si se puede lograr ese anhelado sentimiento. Sentimiento que a veces parece estar cada vez mas y mas escaso en algunos momentos. Recuerdo como mi mamá podía lograr que sintiéramos felicidad en nuestros corazoncitos a pesar de la escasez material que atravesábamos. Sin saber en ese momento, que a pesar de esa escasez material, éramos ricos en amor y felicidad.
Desde entonces me ha gustado mucho la época navideña. Como dije al inicio, son las semanas favoritas y las que espero siempre con mucha ilusión y a veces ansiedad. Quizás no lo demuestre tanto, pero definitivamente que así es en mi interior. Me gusta ver decorada la casa, con muchas luces. Me gusta apagar todo en cada espacio para que se luzcan las luces y la decoración navideña. Espero durante todo el año que lleguen los últimos meses, y siento que al llegar pasan demasiado rápido. Como si no fueran suficientes semanas para poder disfrutar de ese momento.
Y precisamente ese pensamiento es lo que me ha motivado a compartir esta publicación este día. Porque de alguna forma pareciera que la búsqueda constante de la felicidad es algo que nos persigue siempre. Como si fuera algo que nunca podremos lograr completamente o que si llegamos a alcanzarla, se puede ir en un abrir y cerrar de ojos.
Hace unas semanas vi un pensamiento que me hizo reflexionar en eso. Y se me hizo muy fácil relacionarlo con el título de la película. Es como si nada de lo que tuviéramos fuera suficiente para sentirnos completamente felices. Aunque en muchas ocasiones las circunstancias verdaderamente son tan difíciles que es casi imposible ver algo bueno en medio de todo el caos.
Sin embargo, en la mayoría de ocasiones somos nosotros mismos los que nos alejamos de la posibilidad de alcanzar la felicidad. Una persona que se siente gorda, desea verse y sentirse delgada. Alguien que es delgado desea verse y sentirse fuerte. Una persona fuerte desea sentirse vulnerable. Y alguien vulnerable desea sentirse comprendido. Seguramente quien trabaja todos los días desea descansar. Y el que no tiene trabajo desea no sentir que está descansando. La persona que ha trabajado toda su vida anhela la fecha de su retiro, y el que está retirado extraña la rutina diaria del trabajo.
El que está casado desea estar soltero, y el soltero desea experimentar la compañía de alguien para formar una familia. Hay quienes no quieren tener hijos, y los que los desean no pueden tenerlos. De verdad que es como si cada uno de nosotros nos saboteáramos para no ser felices. O como si no pudiéramos ver lo bendecidos que somos con tantas y tantas cosas que Dios pone a nuestro al rededor. Es como si por momentos nos negáramos a nosotros mismos, la posibilidad de sentirnos dignos y afortunados de recibir lo que recibimos. No creemos que podemos merecer la felicidad. Quizás en algunos casos creemos que solo merecemos que nos pasen cosas malas.
Y tengo bien claro que no se trata solamente de desear cosas buenas para que sucedan. Ni tampoco de querer mantener una actitud siempre positiva como un mantra, para que todo al rededor marche bien. Entiendo y hablo por experiencia propia, que muchas veces las circunstancias a nuestro alrededor son verdaderamente adversas. Y que es muy complicado ver algo bueno en medio de todo ese caos.
Pero solo imaginemos por un momento que esta noche está por nacer nuestro bebé. Ese bebé que hemos estado esperando por nueve meses porque deseamos ver con nuestros ojos lo hermoso que será. Pero justamente esta noche no tenemos donde vivir. De hecho no tenemos ni donde dormir porque estamos errantes y sin rumbo. Y lo único que tenemos cerca es un establo donde hay ganado y todo lo que eso significa en cuanto a limpieza. El único espacio donde nazca nuestro bebé es precisamente uno de esos lugares donde come el ganado. Imaginemos que a pesar de todo es escenario triste, podemos ser verdaderamente felices. Que a pesar de que todo está en contra, no hay nada que pueda quitarnos la felicidad que sentimos.
Nuestro bebé no va a dormir en una cuna de un hospital privado con todas las comodidades que podamos imaginar. Tampoco estará con una enfermera dedicada para sus atenciones. Es más, tampoco va a dormir en un hospital público de los que tanto renegamos muchas veces. Quizás si hubiéramos sabido que iba a dormir en un depósito que sirve para alimentar ganado, no hubiéramos renegado tanto de ese hospital público que tan mal nos parecía. Pero a pesar de todo, nos sentimos felices. A pesar de todo lo que pasa al rededor, hay una felicidad inexplicable que nos llena completamente.
Y con esta ilustración no pretendo ser ni parecer muy espiritual. Simplemente trato de imaginar esa escena reflejada en situaciones personales que podríamos estar pasando en este momento. Situaciones adversas que cada uno de nosotros pueda estar enfrentando. Y que a lo mejor nos limiten o nos impidan ver que aun a pesar de todo lo aparentemente malo, podemos tener la felicidad frente a nosotros. Porque todos conocemos muy bien la escena que acabo de describir. La hemos escuchado muchas veces. Aunque no siempre nos detengamos a imaginarla de la forma en la que realmente pudieron sentirlo las personas de la historia.
Quizá en esta época perdamos de vista el verdadero siginifcado de la celebración. Seguramente el ruido comercial y el consumismo constante al que estamos expuestos, nos haga perder aun mas la visión real del acontecimiento. Y al perder de vista ese significado, también perdemos la oportunidad de alcanzar la felicida plena. Se que para muchas personas la Navidad sea solo una fecha mas en el calendario. Incluso para muchos quizás sea un motivo de desagrado. Quiero pensar que quienes lo sienten de esta forma, es por todo el ambiente comercial y materialista que nada tiene que ver con le verdadero motivo.
Cuando leí la publicación que les mencionaba anteriormente, me sentí muy impactado. Quizás me vi reflejado en algunas de esas comparaciones. Y seguramente me vi confrontado con el hecho de que a pesar de mi constante instinto a pensar todas las posibilidades que pueden salir mal, Dios siempre se encarga de llevarme por el otro sendero. Por el sendero de la verdadera felicidad, que solo depende de Él. Me sentí bastante desagradecido por todo lo que Él se ha encargado de darme en la vida. Sobre todo por aquellas cosas que recibí sin merecerlo. Como el hecho de creer en Él y saber que a pesar de todas nuestras faltas y errores, siempre estará a nuestro lado para cuidarnos.
Es verdaderamente hermoso saber que aquél bebé que durmió en ese pesebre, ahora cuida incondicionalmente y para siempre de mí y de todos los que creen en Él. Es muy lindo saber que no tengo que esperar a ser perfecto o pretender no equivocarme, para contar con su amor y protección. Porque si así fuera, jamás podría ser feliz. Ahí si que definitivamente la felicidad estaría alejada de mi vida.
Este día en especial, no puedo sentir más que gratitud infinita por todo lo que hasta el momento ha pasado en mi vida. Tratando de ver cada etapa o cada paso, como algo necesario que tenía que suceder para llegar justo a este momento. No podría estar tan convencido de esto, si alguna de las cosas que han sucedido en los últimos años no hubiera pasado. Ahora entiendo que cada evento fue producto de una voluntad divina y superior, que siempre ha estado cuidando de mi.
El principal de todos esos eventos es el hecho de tener vida y poder escribir todo esto. Damos por hecho que la felicidad es algo que debemos buscar incansablemente. Sin darnos cuenta que contamos con lo principal cada día desde el momento de abrir nuestros ojos, y darnos cuenta que estamos vivos. Que tenemos la oportunidad de ver la hermosa creación De Dios cada mañana y saber que somos parte de esa perfecta creación.
Justo en el transcurso de escribir esta publicación confirmé totalmente todo lo que acabo de mencionar. Cuando supe de otra historia que también quisiera compartir. Esta vez es una historia reciente. No es una historia de hace miles de años. Es tan reciente que acaba de suceder.
Es la historia de otro bebé de apenas días de nacido que jamás va a conocer a su padre. Será la historia de un bebé cuyo recuerdo de Navidad es que su padre murió trágicamente la víspera de este día. Será la historia de una joven madre que a sus veintitantos años quedó viuda, sin apenas haber podido disfrutar de la bendición de sentir el amor que produce una familia. También es la historia de una madre que tuvo que enterrar a su joven hijo mucho antes de lo que pudiéramos imaginar. Definitivamente es la historia de una familia completa que quedó marcada con un triste recuerdo para una fechas en la que se debería celebrar la Navidad y buscar esa ansiada felicidad en familia.
A veces esperamos que la vida sea como una «Línea recta», sin sobresaltos, y con un rumbo definido y una ruta conocida. Imaginamos que basta solo con caminar en el mismo sentido o dirección para lograr esa felicidad que tanto deseamos. Pero en ese camino vamos perdiendo cada vez más el sentido del viaje. Y en cada logro temporal en el que estamos frente a esos momentos de felicidad, perdemos la oportunidad de atesorarlos por más tiempo. Porque precisamente en ese momento empiezan a salir nuestros peores pensamientos. Esos pensamientos que nos hacen creer que nada es suficiente, y que a pesar de haber logrado pequeñas victorias en la vida, jamás podremos ser felices.
Pero este día tenemos la oportunidad de reconocer y recordar que el verdadero motivo de estas celebraciones es que hay alguien que siempre querrá vernos felices plenamente. Podemos reflexionar en este motivo y dejar que simplemente nuestro corazón y nuestra mente se sincronicen bajo esa dirección divina. Tenemos la oportunidad de reflexionar que nuestras historias aunque no sean perfectas, si pueden ser motivo de felicidad genuina para cada uno. Pero debemos aprender a aceptar y recibir con gratitud cada suceso en nuestra vida. Porque cada evento que pasa es parte de un plan y de un propósito superior, que siempre va a procurar nuestro bien. Y que bajo la cobetura De Dios, todo estará bien, siempre. ¡Siempre!
¡Feliz Navidad para todos!
