Y entonces dijo Máximo (El gladiador): «Hermanos, lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad»
En un capítulo anterior, les conté cuáles eran mis dos opciones para película favorita. La ganadora fue «Intensamente«. Pero la decisión estuvo muy complicada porque la otra opción era «Gladiador«. Así que ahora quisiera comentar también, por qué es que me gusta tanto esta película.
La primera vez que la vi era de noche y de hecho no fue la única película que vi ese día. Anteriormente habíamos visto en familia, una tal película de un ogro verde con un humor bastante sarcástico, y un burro parlanchín. Después quisiera hablar sobre esa otra película también. Pero por el momento, creo que sería demasiado hablar de dos películas animadas de forma consecutiva. Así que mejor seguir con algo épico y dramático como «Gladiador«.
Como les decía, ese día en un fin de semana de películas, luego de habernos reído viendo al Ogro y al Burro, decidí quedarme viendo la siguiente opción. Recuerdo que empecé a verla como a eso de las diez de la noche. Y en ese momento, no tenía ni idea de cuánto tiempo duraba la película. Hasta después de haberla visto, me percaté que era de casi dos horas y media. La verdad es que no sentí que fuera tanto tiempo. Desde las primeras escenas capta la atención y poco a poco la historia nos va envolviendo hasta que nos tiene completamente sumergidos. Tanta fue mi emoción que, al terminar de verla a eso de la medianoche, la empecé a ver de nuevo. ¡Desde el principio nuevamente!
A pesar de que decidí seleccionar a «Intensamente» como mi película favorita, la verdad es que «Gladiador», ha sido la única que he visto dos veces de forma consecutiva. Literalmente. Casi a las tres de la madrugada del día siguiente, no podía dejar de recordar las mejores escenas, con la adrenalina a tope, como si yo mismo hubiera sido testigo de aquellas peleas en el coliseo romano.
Más allá de los actores que interpretan a los personajes, a mí me parece que todos en general, desarrollan muy bien las características requeridas para cada uno. Es como si cada personaje fuera adaptado al actor que mejor los pudiera representar. A veces sucede que una historia es muy buena o interesante, pero da la impresión de que el actor no va acorde al personaje. Definitivamente no es el caso de «Gladiador«. Las características que se quieren resaltar de cada personaje quedan claramente definidas desde el principio. Hace poco me pareció leer que la historia está inspirada en hechos bastante reales, y que también existe un libro. De ser así, por supuesto que me gustaría leerlo.
Si no han visto la peli y no quieren saber de qué trata, les sugiero que no lean más allá de este punto. Pero si ya la han visto antes, como creo que le sucederá a la mayoría, entonces sigan conmigo porque quisiera explicarles por qué me gusta tanto. O si nunca la han visto, pero quieren saber de qué trata, también les recomiendo que sigan leyendo.
Una de las razones por las que me impactó tanto la historia desde el primer momento es por el concepto de liderazgo que se tenía en esa época. La película empieza cuando el mismísimo general Máximo Décimo Meridio, se prepara mentalmente para una batalla importante. Pero no solo se prepara mentalmente, sino que revisa cada detalle de la estrategia a usar durante la batalla. Los revisa con las personas encargadas de ejecutar cada acción y los acompaña en cada momento. Reúne a un pequeño grupo de soldados de su regimiento, y les dice claramente que ese día pueden morir. Sin tantas vueltas y sin buscarle muchos puntos de vista. Así de simple. Pero también inspirándolos a que enfrenten ese momento con el mayor honor posible.
Como el general a cargo de todos esos soldados, Máximo no solo los guía, sino que también pelea a su lado, hombro a hombro, como si fuera uno más de ellos. Era el típico liderazgo que hemos aprendido a reconocer en las clases de historia de aquellos famosos imperios que dominaron el mundo alguna vez. Bueno, al menos lo que mayormente tenemos como referencia de lo que hemos podido leer o aprender. Pero definitivamente esa primera batalla es bastante inspiradora en ese sentido. Tanto para quien quiera imaginarse en un plano de liderazgo, como para el que prefiera ser subordinado. Creo que saber que el líder está a la par de nosotros, como uno más del grupo, guiando, apoyando, peleando, es algo bastante reconfortante.
Inmediatamente después de esa cautivante introducción, la historia toma un giro bastante familiar. Relata problemas que en realidad suelen ser muy frecuentes en cualquier familia, sin importar la época. El sentimiento de un hijo que se siente menospreciado por un padre («Padre, yo habría masacrado al mundo entero si tan solo me quisieras”). Un padre que siente que ha fracasado al guiar o educar a su hijo, pero que al mismo tiempo no confía en él, como para delegarlo como sucesor. Algo que queda muy claro cuando Marco Aurelio le dice a Cómodo: «Tus defectos como hijo son mis fracasos como padre».
Una familia dividida por sentimientos de traición o envidias. De verdad que no parece algo exclusivo del imperio romano. Parece también una historia de cualquier novela ya sea escrita, obra de teatro o televisión. Que no nos parezca extraño que de pronto veamos la historia adaptada a un capítulo de la «La Rosa de Guadalupe». Bueno, en realidad espero que no. Eso sí que sería lo último que me podría imaginar.
A pesar de que en la duración de la película el tema familiar toma bastantes minutos, a mí no me parece que se sienta tan largo. Es algo que le da un toque de subidas y bajadas a la historia y es parte de lo que la hace interesante. De hecho, la transición hacia el momento en el que el general toca fondo, es bastante interesante también. Luego de ver a su familia asesinada y estar al borde la muerte, se ve prisionero sin poder hacer nada al respecto. Pero si se intuye también, que tampoco tiene el deseo de hacer nada por cambiar su situación. Se siente que ha perdido el sentido de su existencia.
Lo que no perdió fue su formación de líder y de soldado, ni su carácter. Me gusta mucho esa parte también, porque es como sentir que se levanta desde el fondo oscuro en el que se encuentra, y poco a poco va fijando un objetivo claro a su vida. Se va mostrando todo el proceso mediante el cual él mismo va renaciendo de las cenizas, y va trabajando su nueva estrategia. Tiene la mirada fija en su batalla final, en este caso personal.
Y por supuesto que durante este proceso en cual pasa de general a gladiador, también se va ganando el respeto de todos. No solo de sus compañeros prisioneros, sino también de aquellos que, en ese momento, son quienes lo tienen preso. Un respeto que se va ganando poco a poco a base de conocimiento de guerra, empatía con los que tiene al rededor y un sentido de humanidad y lealtad muy inspiradores. Es como si volviera a reconstruir su propio batallón, pero con integrantes diferentes. Es como empezar de cero completamente. Pero poniendo siempre su sello característico en el grupo que está dirigiendo.
Sin embargo, el momento cúspide de la película está reservado para el mejor escenario posible, justo en el coliseo romano. A pesar de lo cautivante que son todos los otros instantes durante la película, no hay otro momento que llegue a tal intensidad como ese. Es como la parte que más nos gusta de una canción que podemos repetirla una y otra vez. Es el coro o el verso que se nos queda grabado en la memoria y lo podemos repetir siempre. Creo que la mejor escena de la película es esa precisamente.
¿Cómo se podría olvidar ese momento? Cuando el general, que se convirtió en gladiador (esclavo) y a quien creían muerto, se vuelve de frente, y le dice a Cómodo, cara a cara: «mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de los ejércitos del norte, general de las Legiones Fénix, fiel servidor del verdadero emperador Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una esposa asesinada y juro que me vengaré, en esta vida o en la otra». Pocas escenas tienen tanto drama, intensidad y fuerza, como ese instante de la película.
A partir de ese momento, empieza todo el desenlace de la historia y poco a poco se puede intuir el final. Ese es otro punto por el cual me gusta tanto. En el fondo se intuye que el final será triste, pero siempre se tiene la idea o la sensación de que podría ser diferente. Cada uno de los personajes comienza a poner el punto final a sus intervenciones. Eso sí, todos con un toque especial, ya sea dramático, triste, melancólico, o conmemorativo. Definitivamente que hacen posible que se muevan varios sentimientos en cada punto.
Y finalmente, el otro instante que podría nombrar como de los que más gusta es precisamente durante la lucha final entre Máximo convertido gladiador y Cómodo. El grado de respeto que tenía ganado el general Máximo, era tal que, a pesar de haber sido degradado a esclavo, su liderazgo siempre quedó grabado en la mente de los que fueron sus subalternos. Esto queda claro cuanto Quinto, el que fuera el segundo de Máximo cuando eran compañeros del ejército, decide hacer justicia en la pelea con Cómodo. No solo se vuelve el juez justo, sino que al final reconoce en Máximo, a ese líder que seguramente echó de menos siempre, aunque tuviera que seguir órdenes de alguien con quien no simpatizaba, o a quien no veía como líder.
Definitivamente «Gladiador» es toda una joya de película. La recomiendo sin dudarlo porque es de esas historias que nos llevan a varios puntos de emociones durante todo el guion. Y por supuesto, la música que seleccionaron para complementar ese toque solemne durante toda la película no podía ser mejor. Todo queda sellado justo en el final con el sonido de la canción «Now we are free«.
Puedo volver a ver la película completa las veces que sea, y siempre me gusta apreciar cada instante. ¡Creo que ahora será un buen día para volver a verla!
«Hermanos, lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad»
