¿Qué sería de todos nosotros si no tuviéramos Fe? Trato de pensar en todos los momentos difíciles a lo largo de la vida, para recordar si tuve Fe de que las situaciones que estaba enfrentando, podrían cambiar o ser diferentes. Y sinceramente no recuerdo un solo momento en donde no hubiera deseado con todas mis fuerzas, que esas situaciones difíciles se fueran. Puedo decir que tuve fe en que todo podría ser diferente. No siempre terminó como yo quería, pero siempre terminó con algo bueno para mi vida.
Son tan solo dos letras que tienen un poderoso significado. Cada uno de nosotros podría buscar el significado de Fe en cualquier diccionario. O buscar alguna interpretación que nos permita entender la magnitud de una palabra que usamos muy frecuentemente. Ya sea en nuestras conversaciones, o cuando la escribimos, o en nuestros pensamientos. Porque resulta difícil imaginar que alguien no desee algo bueno para sí mismo. Resulta difícil pensar que no tengamos Fe en algo o en alguien. Y a pesar de ser una palabra tan pequeña, no logramos dimensionar el gran significado que en realidad posee.
No creo que haya un mejor significado para comprender la Fe que el siguiente: «es pues, la Fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve«. Gramaticalmente es una definición clara y precisa, que no deja lugar a dudas. Utiliza dos palabras más para que podamos ampliar el significado. Habla de certeza y convicción, mezclado con descripciones sobre los tiempos en los que se deben usar esas dos palabras complementarias. Convicción cuando no vemos lo que puede venir en el futuro, pero con la certeza de esperar lo que deseamos. Y espiritualmente, ¡es una definición perfecta! Nos llena de una paz y tranquilidad que no podemos explicar, pero que podemos sentir en nuestro ser. Es perfecta porque nos conecta de forma directa e inmediata con alguien infinitamente más grande que nosotros.
En nuestra mente asociamos Fe con algo positivo, con algo bueno, o algo que deseamos que pase. Quizá no pronunciemos la palabra Fe como tal, pero implícitamente sabemos que nos referimos a ella. Va siempre relacionada con la expectativa de que algo va a ser mejor que lo que estamos viviendo. Posiblemente también la asociemos con la esperanza. Obviamente porque esperamos algo bueno.
Es una palabra que decimos tan frecuentemente, que ni siquiera nos percatamos de lo común que puede volverse en nuestro día a día. Pero en el fondo no logramos apropiarnos por completo de su poderoso significado. Es muy común que escuchemos o que nosotros mismos digamos expresiones como: «ojalá que pase esto», «ojalá que estés mejor», «ojalá que cambie esta situación», «hay que tener Fe», incluso a veces decimos, «primero Dios que así sea». Se vuele tan rutinaria por momentos, que parece más bien una «muletilla» que usamos al hablar. Por momentos pareciera que la Fe como tal, se ha vuelto tan superficial, que por eso no logramos experimentarla a plenitud en nuestras vidas.
Aceptando que la Fe es algo que posiblemente no logremos comprender en su totalidad, es normal que tengamos ciertas confusiones en cuanto a su poder. Dije anteriormente que en nuestra mente podemos entender la Fe, como una especie de «fuerza» o «confianza» hacia algo o alguien. Y es ahí donde nos perdemos en el camino que nos puede llevar a experimentarla verdaderamente.
¿En qué o en quién, basamos nuestra Fe? Acá es donde tenemos ante nosotros una decisión trascendental para nuestras vidas. Es donde podemos decidir qué tanto deseamos experimentar el resultado de la Fe, y hacia dónde nos puede llevar ese camino.
Soy una persona que se ha acostumbrado a trabajar e incluso vivir, rodeado de decisiones lógicas. Aunque a veces no haya aplicado la lógica y haya cometido errores donde se suponía que no había margen para equivocarse. Pero el hecho es que no puedo dejar de lado mi razonamiento lógico para muchas cosas que vienen a mi mente. Y es por eso que trataré de explicar mi fundamento de la Fe, primero usando un poco la lógica.
¿Cuándo decimos que tenemos Fe, en qué es lo que estamos creyendo realmente? ¿En qué o en quién fundamentamos nuestra Fe?
¿Tenemos Fe en que la «vida» nos dé cosas buenas? ¿Confiamos en que la «vida» es la que nos puede cambiar una determinada situación negativa en algo positivo? ¿Creemos que la «vida» tiene el poder para cambiar o revertir algo malo en algo bueno para nosotros? Es muy normal que pensemos en algo tan abstracto o difícil de definir en su totalidad como lo es la vida. Seguramente es porque necesitamos algo igual de abstracto que la Fe para hacernos una mejor idea. Pero mi pregunta lógica es, ¿qué es la vida?
Podemos encontrar muchas definiciones de la vida. Por ejemplo, encontré esta definición: «fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee». Una definición que me deja igual de perdido. Es una definición que nos lleva a otra pregunta, ¿quién es el que genera la vida? Si aceptamos que nosotros mismos como seres vivos somos una creación sumamente compleja y perfecta, resulta difícil creer que nosotros nos hicimos a nosotros mismos. Es igual de difícil imaginar que somos producto de una simple explosión en la que de pronto surgió el ser humano. Así como es difícil imaginar que podemos ser producto de la «evolución» desde una micropartícula que fue creciendo hasta convertirse en un ser humano. Lo cual aplica no solo para nosotros, sino para los animales y las plantas, y a todo ese conjunto de elementos que entendemos como «vida».
Mi lógica me dice que hay alguien arriba de todos nosotros, una «persona» con un poder Supremo, Divino y Eterno, que es quién creó la vida como tal. Al pensar quién puede ser capaz de haber creado la vida, solo puedo pensar en Dios, el Creador de los cielos y la tierra, y de todo cuánto habita en ella. Y mi lógica me dice que, si puedo confiar y tener Fe en alguien, pues debería tenerla en Dios. Porque no hay nada ni nadie más allá de Él. No hay nada ni nadie que pueda tener tanto poder, amor y soberanía, que Dios, para dar la vida y para haber hecho una creación tan maravillosa como nosotros mismos. Si puedo tener certeza de esperar algo bueno de Dios, y tener la convicción que, aunque no lo vea, está aquí a mi lado, pues decido tener Fe en Dios.
También podemos decir que tenemos Fe en que «el universo» nos pueda cambiar nuestras situaciones difíciles y transformarlas en algo bueno. A lo mejor podemos imaginar que ese «universo» es el responsable de dictar el camino o el destino de cada uno. Pero nuevamente me hago la pregunta, ¿quién hizo ese universo? Porque no vamos a creer que ese enorme universo que apenas podemos imaginar se hizo solo, ¿o sí? Mi lógica me dice que alguien hizo ese universo, dentro del cual nosotros somos solo una ínfima parte. Y si alguien hizo ese universo, esa misma «persona» si que tiene el poder para cambiar nuestras vidas para bien. Y eso me lleva a la misma persona, a Dios, el Creador del Universo.
Las otras opciones para depositar mi Fe son tan limitadas, que me parece increíble que podamos considerarlas como las primeras, al momento de esperar y confiar en cambios en nuestras vidas. Es muy posible que, en momentos de dificultad, busquemos ayuda en personas como nosotros. Es muy frecuente que depositemos la Fe en otras personas que seguramente están pasando situaciones peores que las nuestras. Personas igualmente limitadas como nosotros. Porque al final somos iguales, creados por la misma «persona». Creados por Dios, quien es el que nos da la vida. Así que, ¿por qué deberíamos tener Fe, en una persona? ¿Por qué no depositar nuestra Fe en Dios?
O posiblemente tengamos Fe en nosotros mismos, y nuestros recursos. Lo cual, si lo pensamos bien, es todavía más absurdo de esperar. Si en medio de un problema o una dificultad, nos sentimos tan vulnerables o pequeños, ¿por qué habríamos de confiar en nosotros mismos? Confiar en personas (incluyéndonos a nosotros) o nuestros recursos, es algo más que limitado. ¿Quién es capaz de sanar una enfermedad y que podamos sentir seguridad que realmente lo hará? Porque un médico es limitado hasta donde su conocimiento le permite. A lo mejor tenga la inteligencia para aplicar alguna técnica moderna para algún tratamiento médico. Pero será limitado hasta donde su propio conocimiento se lo permita.
De la misma forma me pregunto, de qué sirve tener millones de dólares en una cuenta o en recursos casi ilimitados, si no podemos sanar de alguna enfermedad. Podría poner ejemplos muy conocidos sobre esto, pero creo que los podemos recordar si hacemos un poco de memoria en este momento. Menciono al fundador de Apple, solo por poner un ejemplo. Quien, tendiendo tanta inteligencia y recursos casi ilimitados, no pudo cambiar el final de una trágica enfermedad.
Hay momentos en la vida en los que vienen esas preguntas a nuestra mente y tenemos la oportunidad de replantearnos en quién fundamentamos nuestra Fe. Y quiero dejar claro que no me refiero para nada a ningún tipo de religión. Porque la religión es algo creado por los hombres, y que se refiere a costumbres, prácticas o creencias que aprendemos en la vida. Yo me refiero a la Fe que puedo tener en Dios, cuando acepto que Él es realmente la fuente de vida, el Creador de la vida y del Universo. Y que puedo tener acceso directo, inmediato y personal con Él, si tan solo vuelvo mis ojos y mi corazón hacia su presencia.
Soy una persona sumamente imperfecta, que ha cometido varios errores, que me he arrepentido de varias decisiones a lo largo de mi vida. Pero también he sido una persona muy afortunada y bendecida, porque un día decidí depositar mi Fe en Dios. Decidí tener la convicción que, aunque no puedo verlo, si puedo tener la certeza de esperar siempre, siempre, siempre, lo mejor de Él para mí. Incluso si lo mejor para mí, no es lo que yo quiero, aun así, puedo tener la certeza de que es lo que Dios quiere para mí. Y sea cual sea el caso, siempre estaré bien. Cuando lo he buscado lo he encontrado. Siempre atento a mi necesidad, sea cual sea el momento. Cuando le he pedido, he recibido. Cuando yo no he podido, Él lo ha hecho por mí. ¡Así que fundamento mi Fe en Dios!
Y puedo decir que tengo Fe, que Dios puede restaurar cualquier relación familiar que esté dañada. Sé que puedo confiar y tener la certeza de que, en su momento, todo puede cambiar, y siempre será para bien de cada uno de nosotros. Puedo decir que tengo Fé en Dios, para reconstruir lazos tan hermosos como los que tenemos con nuestros padres, si es que en algún momento se han roto. También puedo confirmar que tengo Fé en Dios, que Él es capaz de dar paz a nuestro ser y a nuestra mente, y cambiar cualquier tipo de ansiedad en algo tan pequeño que ni siquiera podamos sentirlo.
Tengo la certeza y convicción de que Dios me escucha, y que, si soy atento, puedo oír lo que me dice a través de diferentes formas. Tengo la certeza y convicción de que, mediante mi Fe en Dios, quien es el que da la vida, que también Él puede revertir cualquier diagnóstico que nos pueda producir temor o incertidumbre. Estoy completamente seguro, que ante cada situación adversa que podamos imaginar («Turbulencia Inesperada»), siempre puedo tener Fe en Dios. Porque….
¡Él siempre tendrá lo mejor para mí al final!
