Blog Enjoy the Silence

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Malabarista

Desde niño, siempre me llamó la atención el arte del malabarista para lograr mantener todo en perfecta sincronización. Creo que es un recuerdo bastante común en todos porque cuando somos niños, ese tipo de habilidades sobre salen y captan rápido nuestra atención. Siendo niños, es muy poco común que alguien de nuestra misma edad tenga esa habilidad. Quizás por eso sea algo tan cautivante y entretenido. Yo hasta la fecha no logro entender completamente, cómo es que alguien puede jugar de esa forma con cualquier tipo de objeto que se lo proponga. Definitivamente solo un malabarista podría hacerlo.

Es uno de los actos de circo más antiguos también, junto con el de un acróbata. No importa si fuimos a un circo o si lo vimos por televisión, siempre es algo que no puede pasar desapercibido. Incluso hoy en día es bastante frecuente encontrarnos en las esquinas de algunas ciudades, a malabaristas anónimos que se gana la vida de esa forma. Entreteniendo a quienes transitan por esos lugares, con sus habilidades para dominar el control perfectamente sincronizado, de varios objetos en el aire.

Personalmente he visto incluso a algún malabarista que se atreve a tirar al aire cuchillos, o palos con fuego, para hacer su acto. No solo me sorprende el hecho de controlar los objetos, sino también la facilidad con la que parecen hacer que los cuchillos caigan siempre en su mano, por la parte del mango, o la base. Espero no encontrarme a algún malabarista que apenas esté en su «primera chamba», y que en su acto tenga la mala suerte de tomar los cuchillos por la parte del filo.

Aunque me parece que es una habilidad natural de algunas personas, también creo que se debe practicar mucho hasta lograr el objetivo. Un malabarista no empieza con el mayor grado de dificultad. Al menos eso es lo que pienso. Supongo que se empieza poco a poco, con uno o dos objetos a la vez. A lo mejor bolas de tenis, u objetos «fáciles de controlar». Y conforme se va dominando el control de esos objetos, se van agregando más y más al círculo. Y también me imagino que además de aumentar la cantidad, también se debe ir aumentando el grado de complejidad con el que se manejan. Es decir, en lugar de bolas, a lo mejor se incorporan palos, objetos no uniformes, cuchillos y cosas que generen una exigencia mayor.

En cuanto a la edad creo que no importa si se trata de un joven, un adulto o una persona mayor. Realmente no depende de la experiencia medida con la edad, sino más bien de la habilidad desarrollada por el malabarista. Yo pensé que me podía considerar un malabarista de actividades, porque me acostumbré a estar pendiente de varios temas o varias tareas a la vez. Hay quienes creen que en lugar de considerarse como una «habilidad», debería considerarse como un «desorden».

Porque no se puede negar que, en ocasiones, al estar pendiente de varias tareas, inevitablemente se pueden descuidar algunas. O dejar de prestarles la atención en el momento que lo requieren, hasta el punto de llegar a convertirse en «urgencias». Así que no podría refutar a quienes lo consideren como un desorden. De cierta forma podría estar de acuerdo con quienes consideren que es mejor atender solamente pocas tareas, pero de forma eficiente, que muchas de forma descuidada.

La diferencia con el malabarista es precisamente esa. El malabarista le presta exactamente el mismo tiempo y calidad de atención a cada uno de los objetos con los que hace su acto. No hay ni un solo objeto al que no le preste la misma atención. No quiere decir que está pendiente de todos a la vez. Digo que la calidad de atención que les presta es la misma, aunque no sea al mismo tiempo.

Por ejemplo, creo que hay un punto clave en el acto del malabarista, que es cuando los objetos llegan a sus manos, y llega el momento de volverlos a lanzar al aire. Tengo la idea de que ese es el momento clave del acto, porque ahí decide la dirección, altura, velocidad y momento exacto, para volver a poner en circulación lo que sea que esté controlando. Mientras están en el aire, no es que no les preste atención. Porque de hecho, siempre los tiene en su radar personal y los sigue de alguna forma con su mirada periférica.

Y como el acto del malabarista se basa en la sincronía, pues no hace falta explicar mucho acerca del tiempo o la cadencia con la que cada cosa va llegando y saliendo de sus manos. La gracia del acto del malabarista se basa en esa forma cíclica en la que se marcan los tiempos en el aire de cada objeto.

Así es que, si uso ese mismo ejemplo, sinceramente no me podría considerar un malabarista por llevar varias tareas a la vez. Y eso de alguna forma me inquieta, porque entonces podría estar más cerca del desorden, que del control. Y nunca antes lo había pensado de esa forma. Siempre creí que una de mis cualidades era la capacidad para llevar varias tareas a la vez, con la misma intensidad y calidad. Pero quizá no sea el momento para descubrir si estoy equivocado en eso o no. Prefiero seguir analizando al malabarista real.

Así como se van agregando objetos al acto, conforme se va teniendo control de todo el círculo en movimiento en el aire, así también se pueden ir sacando de circulación. Es decir que, el malabarista sabe exactamente cuándo puede agregar más cosas en su acto, y si realmente está en la capacidad de seguir controlando todo. Seguramente tendrá que cambiar la altura o la dirección a donde lanza los objetos al salir de sus manos, o incluso necesitará más fuerza para lograrlo. Pero de la misma forma sabe cuándo es el momento para «bajar» la intensidad del acto, y cuándo ir sacando cosas del aire.

De hecho, no conozco a ningún malabarista que logre mantener su acto de la misma forma, por muy controlado que lo tenga, por largo tiempo. Los actos de un malabarista pueden durar minutos nada más. Quizá en algunas ocasiones se pueda encontrar quienes lo hayan hecho por horas para algún récord a batir. Pero es imposible mantener el mismo ritmo siempre. En la vida no podemos mantener el mismo ritmo siempre de esa forma, y pretender que todo lo tenemos bajo control. Y si lo pienso así, me da un poco de paz, saber que también debo «soltar» algunas actividades, para enfocarme en otras más importantes.

Después de todo, la vida no se trata de ser un malabarista o no. La vida se trata de vivirla de la mejor posible, estando en paz con nosotros mismos, y con las personas que nos rodean. Ese es el verdadero acto de malabarismo de la vida.

Como he dicho anteriormente, en este blog puedo escribir acerca de varias cosas que quiero compartir, y que me sirven como un entretenimiento que disfruto mucho. En algunos temas trato solo de escribir sobre experiencias personales que pueden ayudar a alguien más. Y en otras ocasiones, solo trato de exteriorizar situaciones personales que, al escribirlas, me sirven como si fueran una rutina de desahogo emocional, una terapia relajante o simplemente como un «hobby«.

En las últimas semanas me he sentido como ese malabarista que pretende mantener todos los objetos en el aire, pero que en lugar de hacer que se mantengan en circulación, poco a poco van cayendo. Obviamente no soy un malabarista. Mantener un solo objeto en el aire ya es motivo de alegría y satisfacción personal para mí. Ese sería mi mayor acto de malabarismo. Tratar de mantener 2 objetos en el aire y hacerlos circular, es algo imposible en mi mente. No creo tener ni la habilidad, ni la paciencia para aprenderlo.

Pero hablando de actividades o tareas es diferente. Como dije antes, siempre consideré que era bueno en eso. Pero últimamente he tenido que dejar algunas cosas (sin dejar de sentir cierta frustración por hacerlo), porque definitivamente no se puede manejar la carga de tiempo y atención de la misma forma siempre. Las primeras cosas en sacar del programa diario resultaron ser «fáciles» de dejar. Alguna clase especial que se puede estar tomando para aumentar el conocimiento en alguna área especial, en realidad es algo de lo que se puede prescindir. Eso no fue tan difícil.

Un poco más difícil ha sido dejar de escribir regularmente por esa misma falta de tiempo o atención. Siento que no he tenido el espacio para liberar mi mente de muchas cosas, y que no he podido disfrutar de esa actividad que me entretiene y me llena tanto. Así que volver a hacerlo se siente bien. ¡Muy bien! Tampoco ha sido muy fácil dejar la rutina de visitas a la playa para tomar el sol, caminar sobre la arena y sentir esa experiencia única que nos da el mar.

Pero la experiencia ha resultado muy gratificante definitivamente. A pesar de haber dejado algunas actividades de forma temporal, para dedicarme a otras más importantes, el resultado está siendo muy bueno. Me siento como el malabarista que sí logra su acto y que se puede entretener a sí mismo mientras lo ejecuta. No ha sido fácil, pero el resultado está valiendo la pena.

En lugar de cuchillos o palos con fuego, las actividades que han llenado mi tiempo van todas relacionadas con mi familia en todos los sentidos. Altibajos de salud con algunos indicadores que necesitan atención, relaciones un poco turbulentas entre algunos miembros, la pérdida irreparable de otros, y el comienzo de proyectos nuevos, son algunas de las cosas de mi acto de malabarismo. Aunque por momentos siento que no logro darles el mismo tiempo y tipo de atención a todos como quisiera. Pero en el momento justo cuando llegan a mis manos, así como el malabarista, justo en ese momento, es cuando todo tiene sentido.

Mi habilidad como malabarista sigue igual de mal. Pero el amor con el que siento que atiendo las actividades que ahora tengo en mi rutina diaria, me llena de una forma muy especial. Es algo que no puedo explicar completamente. Unas horas de sueño menos al día, algún síntoma de estrés emocional, o cierta ansiedad, son algunas cosas que he podido sentir también. Pero en el balance de todo, puedo decir que todo está valiendo la pena. Espero tener la habilidad del malabarista para lograr que las actividades en las que en este momento me estoy enfocando, puedan tomar un camino gratificante y feliz para todos nosotros como familia.

Siempre habrá obstáculos que librar, o situaciones que nos pueden hacer perder el control de algunas emociones. Pero en ese momento, vale la pena recordarnos del malabarista, para poder identificar dentro de nosotros mismos, qué es lo que realmente podemos manejar sin dejar nada desatendido, y qué cosas debemos soltar, para mantener el acto siempre entretenido, brillante y hermoso.

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