Este es el recuerdo del viaje en el tiempo que cambió mi vida.
Soy una persona con un modelo de procesador Vintage, con un diseño un poco desfazado y con algunos años de fabricación. Pero tengo muchas actualizaciones en mi sistema operativo mental, como para ser bastante funcional para lo que demanda la vida moderna que hoy vivimos.
Como todo modelo Vintage, tengo muchos recuerdos de episodios de series de televisión de esa época especial. Una de esas series se llamaba precisamente así: «El túnel del tiempo». Se trataba de dos científicos que quedan atrapados en una máquina del tiempo, que los lleva de una época a otra, pero sin poder regresar a su propio tiempo. En la serie, los cambios de época los podían llevar de la misma forma al tiempo de la Revolución Francesa, como a la explosión del volcán en la Isla Krakatoa; de visita al Imperio Romano, o directamente a la época prehistórica. Pero sin importar cuántos viajes realizaron en todos los episodios que recuerdo, nunca pudieron regresar a su propio tiempo, a su propio hogar.
Cuando tenía exactamente seis años tuve un viaje parecido a ese túnel del tiempo, y después de muchos años, me sentí atrapado en diferentes espacios y con diferentes sensaciones. En realidad, tengo pocos recuerdos continuos de ese viaje en el tiempo, pero trataré de ilustrarlo con base a fotografías mentales que aún quedan almacenadas en mi memoria.
Era una mañana bastante calurosa, típica de la época seca en las latitudes centrales y cercanas al océano pacífico. Tenía solo una visión limitada por mi pequeña estatura a esa edad, y solo podía ver los vehículos que pasaban por la calle. Estábamos en una parada de autobuses, esperando el primer abordaje, de los casi cuarenta que nos esperaban a partir de ese momento.
Era el primer día de cuatro, en los que cruzaríamos cuatro países antes de llegar a nuestro destino final, o temporal, no lo sabía en ese momento. Lo único que sabía era que, lo que sentía en ese momento no era muy agradable. Era como si estuviéramos escapando de algo muy malo, como si estuviéramos huyendo de alguna situación fuera de control y en cualquier momento nos podían atrapar. Lejos de ser una experiencia emocionante para un niño como yo en ese momento parecía algo sumamente estresante. No es el viaje emocionante que se podría imaginar.
Por lo menos el primer día había terminado. Después de varias horas de viaje, varios autobuses, y una frontera, al menos íbamos a poder dormir un poco. No recuerdo muy bien cómo era mi camita en mi casa. Pero si recuerdo que esa noche la extrañé muchísimo. Tengo grabada en mi mente, la imagen de unos camarotes hechos de una estructura de metal, donde tuvimos que pasar esa noche, mis padres, mi pequeña hermanita y yo, en medio de un lugar oscuro, lúgubre y con un calor insoportable.
Al día siguiente, las cosas no parecían mejorar. Solo cambió el punto donde esperaríamos el primer autobús, pero el calor y la sensación de estar escapando seguían ahí. Lo único nuevo era que ahora estábamos en un lugar que no conocíamos en absoluto. Bueno, de hecho, yo ni siquiera conocía bien el lugar donde vivíamos hasta hacía un día antes. Pero mis padres lucían muy preocupados y angustiados, con una incertidumbre en sus rostros que no necesitaba ser interpretada por ningún otro adulto. Realmente era como un viaje en un túnel de tiempo.
Otros cuantos autobuses más, y una nueva frontera habían quedado atrás. El segundo día había pasado. Estábamos a medio recorrido del destino final (o temporal), que teníamos en ese momento. Era ya el tercer país, pero para mí solo era otro triste lugar sin ningún sentido de pertenencia y sin esa sensación de familiaridad que se reconoce en un hogar. Una noche más en otro lugar desconocido, menos lúgubre pero igual o peor de caluroso. Había que descansar para empezar el tercer día de viaje. Aún faltaban varios autobuses que transbordar y la meta era llegar el siguiente día al destino final (o temporal, daba igual ya).
Esa pequeña sensación de haber logrado el objetivo final fue efímera. Luego de empezar el tercer día de viaje, mis padres tuvieron que enfrentar lo que hasta ese momento parecía la peor dificultad de todo el viaje. Como si viajar con dos niños en medio de decenas de autobuses y lugares desconocidos fuera poca dificultad ya. El pequeño gran fondo para costear el viaje estaba en cero, y la última frontera por cruzar estaba más lejos de lo que ellos imaginaban. Parecía todo tan lejos y tan cerca al mismo tiempo. La noción era sin dudas, a la de estar en un viaje en un túnel en el tiempo. No sabía qué pasaba exactamente en ese momento, pero sí podía sentirlo. Me sentía perdido en este viaje en el tiempo.
Esa tarde el destino nos puso a personas sin rostro que jamás conocimos realmente. Ángeles reales en esta tierra. Recuerdo que de pronto la cara de mis padres parecía tener una pequeña diferencia, como si hubieran respirado profundo y hubieran recobrado un poco el aliento y el ánimo para continuar. No recuerdo qué comimos esa tarde, pero sí recuerdo que no tenía hambre. Me sentía saciado, y ya en ese momento del viaje, sentirme de esa forma era una verdadera alegría. Esa tarde los ángeles que habían ayudado a mis padres a recobrar un poco los fondos para continuar el viaje, nos llevaron a un lugar hermoso.
¡Era una playa! No recuerdo haber estado en una playa antes. Ese es mi primer recuerdo del mar, de la arena, y de lo bien que se siente el aire marino atravesando nuestra cara. Recuerdo que esa tarde fuimos felices. ¡Muy felices! Nos bañamos a la orilla de ese precioso lago de agua salada que parecía un océano completo. Esa noche sí pudimos dormir. Nos sentíamos con fuerzas para el día siguiente. Solo faltaba un último autobús, y una frontera por cruzar.
El último día había llegado, se podía sentir que estábamos cerca. Aunque en realidad solo era una sensación. Fue el último autobús que tomamos, pero el de mayor recorrido. Era el último hasta llegar al destino final (o temporal), donde nos esperaba otro ángel. A ese otro ángel, sí tuve la oportunidad de conocer durante mi niñez y parte de mi vida adulta. Era una tía. No, no era una tía. ¡Era la Tía! La única figura familiar aparte de mis padres y mi hermana, de la que tengo recuerdos y a quien debemos agradecerle tanto.
Casi ocho horas después de haber iniciado el último trayecto, y luego de haber cruzado la tercera frontera, llegamos a la última parada de ese viaje. Definitivamente todo era diferente a lo que había visto los días anteriores. El espantoso calor había desaparecido. A eso de las cuatro de la tarde, al bajarnos del autobús, solo recuerdo una leve lluvia que caía sobre la ciudad, y el frío que sentí por primera vez. Nunca antes había sentido tanto frío hasta entonces. Estaba muy claro que era otro lugar. Estaba claro que nada iba a ser igual desde ese momento.
A partir de entonces quedé atrapado temporalmente, y quizás también mentalmente, en otro lugar. Habíamos llegado a otro país donde empezábamos una nueva vida, y donde aprendimos a crecer y convivir con nuevas costumbres, pero siempre con esa sensación interna de estar en dos lugares a la vez. Con solo seis años de edad era imposible entenderlo en ese momento. No podía imaginar el impacto real de ese viaje en mi vida y la de mi familia. Lo que yo creía que era el destino final de un turbulento viaje y cambio de país, terminó siendo solo una parada temporal de varios años. El viaje en el tiempo apenas empezaba.
A diferencia de los dos científicos de la serie de televisión, nosotros sí pudimos regresar varios años después a nuestro hogar, o lo que quedaba de él. El viaje que había iniciado varios años antes terminó siendo de ida y vuelta a nuestro país de origen. Pero ya habíamos quedado marcados por esa experiencia para siempre. Cada uno de diferente forma. En mi caso, no tenía ni idea de la magnitud de esas marcas. Fue un viaje en un túnel de tiempo increíblemente envolvente y hasta avasallador.
Pero como les dije al principio, he tenido varias actualizaciones mentales en mi procesador interno, y ahora me siento afortunado de poder relatar ese viaje en el tiempo de una forma muy diferente a como lo viví en ese momento. Creo que el único viaje de nuestra vida que es en un solo sentido es hacia la eternidad. La vida siempre nos da la oportunidad de completar los viajes de diferente forma. Cómo lograrlo, depende de cada uno. Cada uno puede tener su propio viaje en un túnel del tiempo.
