Blog Enjoy the Silence

El lugar perfecto para poder escuchar nuestra voz interior

Ángeles y huellitas

Hablar de una separación física de las personas que amamos, siempre será algo que nos conmueva hasta lo más profundo de nuestro ser. No soy la persona más indicada para hablar del tema. Tampoco podría describir con total propiedad, qué significa enfrentar ese momento, cuando se trata de las personas más especiales en nuestras vidas. Mi experiencia es muy limitada hasta este momento, y lo que voy a describir, solo lo hago desde una perspectiva personal con el mayor respeto y amor, para quienes si han tenido que pasar por ese momento. Quiero hablar de ángeles y huellitas.

Hace un año me despedí de un ángel con el que pude convivir en varios momentos de mi vida. Traté de explicar cómo me gusta imaginar a este ángel, en una publicación que llamé precisamente de esa forma, «Dos ángeles». Es mi forma de recordar a dos personas importantes en nuestras vidas, que dejaron esas huellitas en el corazón, que son imposibles de olvidar. Me refiero a dos tías muy especiales. Curiosamente es una tía por cada una de las ramas del árbol genealógico. Una tía, que es hermana de mi mamá. Y una tía que es hermana de mi papá.

Ellas eran tan diferentes en cuanto a sus personalidades, pero tan similares en la bondad que siempre nos brindaron a mi hermana y a mí. Hablar de ellas es recordar cada una de sus diferencias de una forma simpática y amorosa. Pero sin importar el momento que lo hagamos, siempre llegamos a la misma conclusión. Fueron unos ángeles en nuestras vidas. Ángeles que dejan huellitas en el corazón.

El momento en el que partió una de ellas fue en medio de la pandemia. Por supuesto, las condiciones para tener una despedida razonablemente normal, no fueron las mejores. Las personas que tuvieron que despedirse de sus seres queridos debido a esta pandemia, se enfrentaron a momentos bastante traumáticos. No solo el hecho de convivir con el duelo ya de por sí triste, sino también con todas las condiciones adversas que se dieron simultáneamente.

Así que en el caso de una de mis tías, no pudimos tener un momento para despedirnos como lo hubiéramos deseado. Ella era «el ángel fuerte», como lo describí en aquella publicación. Siempre creí que ella ya estaba preparada para ese momento. Sabía que llegaría, y había tratado de dejar muchas cosas personales en orden, para que mi mamá estuviera bien al momento de su partida.

En cambio la otra tía era totalmente diferente. Ella era «el ángel despistado». Creo que nunca se preocupó por la muerte, ni por la vida. Así de inocente era su corazón. Siempre la recordamos por todas sus «travesuras» como si toda su vida hubiera sido una niña. En su caso si pudimos estar cerca en sus últimos días, y despedirnos hasta el último momento. Tuvimos la oportunidad de llevar todo ese proceso de una forma natural. Aunque no por eso signifique que sea menos triste o menos doloroso. De hecho, fue uno de los momentos más tristes que recuerdo. En todo caso si puedo decir, que ambos ángeles dejaron sus huellitas en nuestros corazones.

Y un día justo como hoy, hace un año, llegó ese momento. Es increíble como nuestra mente puede guardar detalles de la vida que vienen en forma de recuerdos. De esos recuerdos que se sienten como si hubieran sucedido unos días atrás. Recuerdo muy bien el momento en el que recibí la noticia, y aún siento como si fuera hoy, todo lo que pasó en ese instante. Creo que como una forma de auto protección, en ese momento decidí salir directamente del trabajo, no hablar prácticamente con nadie, y dirigirme hacia donde ella estaba. Realmente es un dolor y tristeza que no se desea sentir nunca. Pero que son inevitables, siempre llegarán, porque no podemos detener el tiempo.

Creo que una de las razones por las que su partida me golpeó tan fuerte emocionalmente, fue por la pureza de sus sentimientos. De nuestro «ángel fuerte» tenemos recuerdos lindos. Pero también tenemos recuerdos de muchas diferencias. Ya sea por su carácter y forma de ser, o por su amor hacia nosotros. No dudo ni por un segundo, que nos amaba como si fuéramos sus propios hijos. En cambio en el caso de nuestro «ángel despistado» todo era diferente. Simplemente no tenemos un recuerdo de una sola diferencia. Porque ella era así de especial. Nunca hubo un momento en el que haya actuado de forma impulsiva o desmedida.

Ella siempre trató de protegernos de la forma que creía que era la mejor. Con su forma de ser callada, siempre nos veía fijamente, muchas veces sin decir nada. Pero con su mirada nos decía que nos amaba con todo su corazón. Curiosamente tampoco tuvo hijos. Así que tampoco dudo que nos llegó a querer como si hubiéramos sido esos hijos que nunca tuvo. En ambos casos, son dos vínculos hermosos con nuestras dos tías especiales. Como repito, ángeles en nuestras vidas, que nos marcaron con sus huellitas de amor.

Definitivamente la vida tiene esos episodios que aunque deseamos evitar siempre, nos permiten crecer como personas. Simplemente no podemos evitarlos, y aunque pensamos que nos hemos preparado lo mejor posible para cuando lleguen, no es así. Es mentira que estaremos preparados para cuando la vida y la muerte se cruzan y nos presentan esas encrucijadas emocionales.

En el caso de la ausencia física de las personas que amamos es completamente comprensible imaginar el dolor que deja ese vacío. Como dije al principio, aún no he pasado por un momento así en la vida, hablando específicamente del caso de mis papás, quienes aún nos acompañan cada día. Pero si he visto el dolor reflejado en la personas que sí han enfrentado este momento. Todos con diferentes reacciones o formas de sobrellevar la tristeza, el vacío y el dolor. Yo aún no puedo más que imaginarlo, y aún así me quedaría sumamente corto de pensamientos, para comprenderlo totalmente.

Pero eso no significa que no tenga una idea al respecto. Cada día me queda más claro, que en la vida es muy sabia y que de alguna forma nos va preparando para momentos que vendrán más adelante. Ya sea momentos que nosotros vamos a enfrentar, o momentos que tendrán que enfrentar las personas que están a nuestro lado. Y hace un par de meses, de forma inesperada, volví a sentir ese vacío, aunque de una forma muy diferente. Otro «ángel» (mi amigo «huellitas») nos dejó para ir a su descanso para siempre.

Es un sentimiento muy extraño y quizás para muchas personas parezca incomprensible, o incomparable. Seguramente habrá quienes estén en total desacuerdo al hecho de comparar la pérdida de una persona que amamos, con la de una mascota que nos acompaña durante muchos años en nuestra vida. Solamente podría decir que realmente «huellitas», no era una mascota. Realmente era «Mi amigo el Cocker». Un amigo muy especial al que extraño mucho.

Hay días en los que imagino escuchar sus pasos como cuando corría por toda la casa. O al escuchar algún ruido por el viento, creo verlo como cuando corría hacia mí para que jugáramos a darle comida (era insaciable, podía pasar comiendo todo el día). Supongo que son reflejos involuntarios de nuestra memoria tratando de mantener viva la imagen de los ángeles y sus huellitas para que nunca mueran.

Durante muchos días su ausencia me hacía sentir sumamente triste. Creo que cada uno crea un vínculo especial y diferente con estos amiguitos. Y seguramente que así de diferente es la forma que los recordamos o los extrañamos. En el caso de «Odie» («mi amigo huellitas»), logramos crear un vínculo muy particular. Imaginábamos que podíamos comunicarnos y hablar de nuestras cosas con solo vernos fijamente. Él me acompañaba a mi cuando presentía que había tenido un mal día, y yo le escuchaba todas las quejas que me ponía a diario, contándome lo que había sucedido durante el día. Todos los días, durante muchos años.

En estos días donde la tecnología nos envuelve con más y más sorpresas, el álbum digital de fotos me ha invadido de recuerdos. Como si hiciera falta que me estuviera recordando alguien más, la falta que me hace mi amiguito. No sé si habré sido un buen amo. Pero al ver fotos de su vida al lado nuestro, me siento muy feliz de haberlo tenido como compañero durante tanto tiempo. Obviamente no pude evitar que los años pasaran y que su tiempo a nuestro lado terminara. Pero mientras nos acompañó, estoy seguro de que fue feliz. En especial tengo un lindo recuerdo de él corriendo por la playa. No sabía que eran sus últimos recuerdos. Y los míos con él.

Estos ángeles dejan sus huellitas sin darnos cuenta. Van grabando en nuestra memoria instantes que siempre vamos a recordar. Aunque nos hagan sentir tristes en algunas ocasiones. En el caso de mi tía (el «ángel despistado»), sucedió algo similar. Los años habían pasado y su edad era muy avanzada ya. No fueron los recuerdos más lindos precisamente, verla en su camita, esperando el momento de la partida. Pero hubo algo que me llegó directo al corazón y que creo que nunca voy a olvidar. En uno de esos días mientras estaba a su lado, me dijo con una voz muy suave (ya casi no podía hablar): «me hace falta mi mamá». !Me corté! No pude decirle absolutamente nada. Solo imaginé que su deseo era poder verla nuevamente y reunirse con ella.

Casi ochenta años, y en el ocaso de sus días, aún anhelaba un instante más al lado de su mamá. A eso me refiero cuando trato de explicar que soy muy limitado al escribir esto. Porque aún no puedo imaginar lo doloroso que llegará a ser ese vacío en su momento. Y por más que trate de prepararme para ese día, tengo muy claro que ningún plan será suficiente para enfrentarlo. Al ver a mi amiguito cansado y sin ganas de jugar, sabía que el momento estaba cerca. Y ni siquiera en su caso pude prepararme lo suficiente.

Quizás a veces perdemos demasiado tiempo tratando de llevar una vida perfecta. No solo a nivel material, lo cual es muy lógico de suponer. Sino también a nivel emocional. Muchas veces fijamos estándares muy altos sobre las características que «deben tener» las personas con las que convivimos. Y no nos damos cuenta todo lo que nos hace falta a nosotros, para dejar huella en la vida de los demás.

Sin embargo he llegado a pensar que la mejor huella que podemos dejar, es la que construimos juntos con cada una de las personas especiales en nuestra vida. Esos recuerdos que siempre quedarán en la memoria y que nadie podrá borrar. Así como los ángeles dejan sus huellitas, así podríamos imaginar que nuestra vida tiene un propósito en la vida de los demás. Definitivamente no estamos hechos para estar solos en la vida. Así que no entiendo por qué a veces nos empeñamos tanto en evitar crear esos vínculos especiales que nos alimentan cada día.

No se trata de esperar vínculos perfectos a prueba de «diferencias emocionales». Se trata de saber comprender que esas diferencias emocionales son precisamente parte del sello personal de cada uno de nosotros en la formación de esos vínculos. Me gustaría que me recordaran por la «esencia» de mi personalidad, en lugar de algún instante en el que mi carácter se volvió demasiado tóxico. Pero eso solo puede ser posible, si realmente dentro de mí, existe el deseo genuino por ser una mejor persona para mí y para los demás.

Ya estoy muy lejos de llegar al nivel de bondad e inocencia que llegó mi tía. Y tampoco puedo aspirar a un nivel de nobleza como el que tenía mi amigo «huellitas». Pero en los días y en los años que vengan por delante, espero consolidar esos lazos y vínculos con las personas que amo. Estoy convencido y tengo pruebas suficientes, de que la vida cambia en un instante. Así que no tengo más tiempo qué perder para seguir cargando con pesos emocionales que solo me hagan detenerme. O cargas que solo hagan lento mi caminar. Especialmente las cargas que nos auto imponemos nosotros mismos. He tenido un sueño muy lindo: «quiero ser como esos ángeles que dejan huellitas en el corazón de las personas que amo». Y espero verlo hecho realidad.

«Llegué a mi interior y no encontré nada ahí para aliviar la presión. Mi mente siempre está preocupada, todos mis poderes se han consumido. Temo las miradas locas y solitarias, el espejo está enviándome aquellos días. Por favor no me preguntes para defenderme de las vergonzosas bajas tierras, del camino que estoy llevando en la oscuridad a través del tiempo. Alcanzé mi interior hoy pensando que se puede conseguir de alguna forma, mantener los problemas a distancia. Tócame! Cómo puede ser esto? Creéme! el sol siempre brilla en la televisión. Abrázame! Cierra tu corazón! Tócame! Y dame todo tu amor, a mí!

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«Llegué a mi interior y no encontré nada ahí para aliviar la presión. Mi mente siempre está preocupada, todos mis poderes se han consumido. Temo las miradas locas y solitarias, el espejo está enviándome aquellos días. Por favor no me preguntes para defenderme de las vergonzosas bajas tierras, del camino que estoy llevando en la oscuridad a través del tiempo. Alcanzé mi interior hoy pensando que se puede conseguir de alguna forma, mantener los problemas a distancia. Tócame! Cómo puede ser esto? Creéme! el sol siempre brilla en la televisión. Abrázame! Cierra tu corazón! Tócame! Y dame todo tu amor, a mí!

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Conoceme

Mi nombre es Luis Rodríguez.
Este pequeño espacio al que he llamado Enjoy the Silence, o Disfrutar del Silencio, ha nacido de una forma espontánea. Llegó casi sin pensarlo, como una idea que vino de pronto. Y de inmediato se convirtió en una forma de expresión muy personal en muchos sentidos de mi vida. Surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿qué es lo que realmente te gustaría hacer, aunque no recibieras ningún pago por hacerlo?